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Alineación indebida
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El misterio Bartomeu

Si de Messi se cuenta que agotó todos los adjetivos antes de cumplir los treinta, del expresidente blaugrana se dirá que dejó sin existencias a los proveedores de Aladdin

Josep Maria Bartomeu en el Palau Blaugrana.
Josep Maria Bartomeu en el Palau Blaugrana.Enric Fontcuberta / EFE
Rafa Cabeleira

Cualquiera puede hacer algo malo, no hay gran mérito en equivocarse una sola vez. Subir la apuesta y hacerlo casi todo mal ya sería territorio reservado para unos cuantos elegidos entre los cuales me incluyo, por razones obvias. Pero lo que resulta realmente meritorio, lo que eleva a cualquier mortal a la categoría de mito, es hacerlo todo mal, no dar ni una incluso queriendo, vaciar los pulmones y salir a flote cuando has hecho todo lo humanamente posible por ahogarte. A ese infame cadalso, pues hablar de podio en estas circunstancias podría resultar ofensivo para las almas delicadas, elevó ayer Ferran Reverter, nuevo CEO del Fútbol Club Barcelona, la figura de Josep Maria Bartomeu: el gestor más elogiado en la historia reciente del club, el hombre que se comía sílabas para mantenerse delgado, el responsable último de la mayor hecatombe financiera que se recuerda en un club profesional del deporte español.

No son características apiladas a la ligera estas últimas. Algún día, cuando el aficionado medio eche la vista atrás para recordar la figura del expresidente, aparecerán las tres como el recordatorio más fidedigno de lo que fue y supuso su mandato, una tras otra, poco importa el orden en que nuestros cerebros las compilen. Reviviremos, ya sin emoción alguna, aquel 22 de septiembre de 2015, día de San Emeramo de Ratisbona, en el que la página web del club nos contó que Bartomeu explicaría el modelo de éxito aplicado en el Barça a los cerebritos de Harvard, gente sin ninguna culpa y con altas expectativas, lo mismo en Massachusetts que en Aravaca, donde imparten esos masters de los que tanto gusta presumir a Pablo Casado. Hasta mi padre se enteró de aquello, un hombre que, a día de hoy, no sabría decir dónde cursé yo mis estudios.

Si de Messi se cuenta que agotó todos los adjetivos antes de cumplir los treinta, de Bartomeu se dirá que dejó sin existencias a los proveedores de Aladdin, ese algodón mágico que se utiliza para dar lustre a los metales. No había dote suya que no se ensalzara, también una supuesta transparencia que chocaba frontalmente con algunas informaciones aparecidas a cuentagotas y que los creyentes desechaban con alusiones a La Mano Negra -puro Little Italy- y los contubernios de PRISA. Ayer, interpelado por Adrià Soldevilla, uno de los periodistas que sacó a la luz el famoso Barçagate, Reverter confirmó que se habían encontrado facturas de pagos a periodistas… Y está muy bien que así fuera pues, ya se sabe, nada debilita más que el elogio gratuito.

Incluso su dudosa dicción recibía alabanzas por doquier. “Comerse unas cuantas sílabas, aquí y allá, lo humaniza”, se decía como si su aura de excelencia necesitara ser diluida para no incurrir en pecado de idolatría. Y así, entre loas al buen gestor y discursos mordisqueados, se fue levantando un altar de madera para honrar su figura que hoy, tras escuchar los resultados arrojados por la Due Dilligence, ha quedado reducido a una suma de carcoma, deudas y sospechas sobre la verdadera naturaleza de su mandato. La pregunta, por tanto, ya no es cómo fue capaz de arruinar la entidad hasta su práctica desaparición -recuerden lo dicho sobre el milagro de hacerlo todo mal- sino cómo se lo consintieron, en especial una Liga que no pestañeó a la hora de decretar el descenso administrativo del Elche al tiempo que avalaba, año tras año, las cuentas presentadas por el Barça: ese sí es un verdadero misterio y no el de las sílabas distraídas -supongo que también con factura- de Josep Maria Bartomeu.

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