Falcao es oro molido para el Rayo Vallecano

El delantero colombiano sentencia al Athletic con un gol en el descuento (1-2)

Radamel Falcao celebra el gol del triunfo del Rayo en San Mamés
Radamel Falcao celebra el gol del triunfo del Rayo en San MamésLALIGA (Europa Press)

Falcao lo volvió a hacer. Su fichaje por el Rayo ha sido oro molido para el equipo vallecano. Salió unos minutos al césped en San Mamés y volvió a amargarle la noche al Athletic, como en Bucarest, en la final de la Europa League hace ya una década, pero el instinto goleador, al margen de las lesiones que le han tenido apartado de las áreas, no se esfuma tan fácil. En un minuto, con el descuento del partido llegando ya a su final, provocó una falta de Iñigo Martínez, una tarjeta amarilla al central rojiblanco, y remató de cabeza, con su estilo inimitable, el centro de Bebe para darle la victoria a su equipo. En Bucarest le dio un disgusto a Iraola; esta vez, una alegría.

Unai Simón, Unai Núñez, De Marcos, Íñigo Martínez, Lekue, Nicholas Williams, Muniain (Berenguer, min. 68), Oier Zarraga (Unai Vencedor, min. 68), Vesga (Dani García, min. 74), Villalibre y Raúl García (Williams, min. 62)
Dimitrievski, Maras, Catena, Fran Garcia, Balliu, Álvaro García (Bebé, min. 78), Comesaña, Ismaila Ciss (Óscar Valentín, min. 58), Isi (Kévin Rodrigues, min. 78), Unai López (Falcao, min. 75) y Sergi Guardiola (Randy Ntekja, min. 58)
Goles
Tarjetas amarillas
Tarjetas rojas
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Volvía el técnico a San Mamés después de su retirada como futbolista, aunque había acudido varias veces a su localidad de socio del Athletic, y su salida al césped pasó desapercibida entre los cánticos y el homenaje a la trainera de Santurtzi, ganadora de la centenaria Bandera de San Sebastián 35 años después de la última, pero la manera de desenvolverse de su equipo sí llamó la atención.

El Rayo Vallecano de Iraola empieza a coger forma, pese a su modestia, el presupuesto ajustado y los cíclicos conflictos entre su presidente y la afición. Entró al campo con personalidad, sin arrugarse y tratando de dar donde más duele, y lo dio enseguida, cuando Guardiola le birló la pelota a Vesga, que se quedó dormido, y le metió un balón de gol a Álvaro, que batió a Unai Simón en su salida. Era el minuto 5, con todo por hacer, pero con muchas cosas ya hechas por el Rayo ante un Athletic que se desconcentró con el gol y no encontró el camino hacia la portería de Dimitrievski. Jugaban los madrileños con soltura y los bilbaínos —con muchos cambios en la alineación—, encorsetados, agarrotados, por mucho que Muniain tratara de imponer un orden lógico a las cosas. Al portero del Rayo sólo le llegaban cesiones y balones perdidos por el Athletic, que mediada la primera mitad, por fin consiguió encadenar un ratito de llegadas al área, apretando al Rayo.

A la media hora, sin noticias todavía de la vanguardia rojiblanca, una falta lateral sobre Muniain se convirtió en la salvación momentánea del Athletic. La lanzó cerrada el capitán y Pathe Ciss cabeceó hacia su propia portería para regocijo local. Apretó el equipo de Marcelino entonces. Había recuperado la fe, y aunque el Rayo cedió terreno, no pasó demasiados apuros hasta el descanso, salvo en una pared entre Nico Williams y Raúl García que el hermano pequeño de Iñaki remató a pocos centímetros del palo.

Con la segunda mitad llegó el diluvio y se descontroló el juego. El Rayo dio un paso atrás y cedió toda la iniciativa al Athletic, que intentó empujar por las bandas. Isi y Unai López no enredaban tanto como en la primera parte, y se notó en el juego rayista, aunque los bilbaínos tampoco llegaban con la claridad que requería el partido, así que Marcelino sacó a toda su artillería. El equipo se volvió reconocible, muy parecido al habitual durante las primeras jornadas, pero sin embargo, el fútbol se espesó. Las piezas de Iraola se recompusieron mediado el parcial y le hicieron la vida imposible al Athletic, que corría pero no encontraba demasiados resquicios por los que buscarles las cosquillas a los madrileños, que defendían bien su territorio, sin causarle penurias a Dimitrievski.

El interés que puso el Athletic fue encomiable, como casi siempre, pero no le llegó para ganar el partido, ni para empatarlo siquiera, porque apareció Falcao con su instinto que no caduca, y los puntos se los llevó el Rayo.

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