Champions League

Vinicius, la noche del testarudo

El brasileño explotó en Europa con su partido contra el Liverpool tras meses de dudas por su puntería, su lesión y la desconfianza de Zidane y Benzema

Vinicius celebra con Casemiro su segundo gol al Liverpool.
Vinicius celebra con Casemiro su segundo gol al Liverpool.Carlos Gil-Roig

Después de su segundo gol al Liverpool, Vinicius Jr. se señaló el escudo en la camiseta y luego apuntó al suelo: “¡Yo aquí, yo aquí!”, gritó. En el momento más intenso de su gran noche con el Real Madrid, centro máximo de atención de los cuartos de final de la Champions, escogió subrayar de nuevo su plan de vida: no quiere ir a ninguna parte. Se ha negado a escuchar los detalles del interés que le ha hecho llegar varias veces el PSG. Y el del Arsenal, y el del Niza, y las ganas de recibirle como cedido de más de una decena de clubes de la Liga. “Trabajo mucho. Siempre soñé con jugar en el Real Madrid y por eso me beso el escudo”, dijo después del partido en el que la UEFA lo escogió mejor jugador y que lo lanzó a las portadas del mundo.

Las personas que trabajan con Vinicius (Brasil; 20 años) coinciden en el enamoramiento del jugador con el club, que resume Fred Pena, su agente y director general de TFM, la empresa que le representa: “Lo quiere muchísimo. En su primera temporada, ya se compró una casa en Madrid. Eso no es lo normal, pero él piensa: ‘Aquí es donde voy a estar toda mi vida”, dice. Nada más llegar, en el verano de 2018, empezó alquilando la vivienda, pero pocos meses después, cuando comenzó a aparecer en las alineaciones de Solari, después de aterrizar en el Castilla, se lanzó a adquirirla. El salto —no solo en lo deportivo— había sido casi interplanetario: entre los 14 y los 18 pasó del barrio de São Gonçalo, cerca de una de las peores favelas de Río de Janeiro, a la antigua casa de Dimas Gimeno, expresidente de El Corte Inglés, en La Moraleja.

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Allí vive rodeado de una pequeña colonia de familiares, amigos y empleados, una decena de personas que tratan de crear un pequeño mundo propio a medio camino entre São Gonçalo y un centro de alto rendimiento. El martes, después del partido, le esperaba el área profesional: el fisio, Thiago Lobo, y su camilla, para completar las rutinas de un día feliz. Aunque en realidad, según apuntan fuentes de su círculo, después de meses de críticas por su falta de puntería, resultó más un alivio que una alegría.

Lobo, importado del Santos a Madrid cuando Vinicius se lesionó el tobillo en 2019, fue una incorporación demasiado tardía, según Pena, que recuerda que la primera vez que pensó en ello fue unos meses antes de que el futbolista llegara a España. “Coincidí con Kaká en Harvard, en un curso de unos días en el que había ejecutivos del entretenimiento y exdeportistas como Chris Bosh [ex NBA]. Al final, preguntaron cuál había sido el peor error de sus carreras, y cuando le llegó el turno a Kaká dijo: ‘No haber tenido mi propio staff clínico, por las lesiones”. Pena estudió añadirlo a la expedición de Vinicius, pero como iba a empezar jugando en el Castilla, en Segunda B, dice que quiso protegerlo de las críticas: “Para que no dijeran ‘quién se cree este niño”.

Quiere muchísimo al Madrid. En su primera temporada, ya se compró una casa en Madrid. Eso no es lo normal, pero él piensa: “Aquí es donde voy a estar toda mi vida”, dice su agente, Fred Pena

Entonces llegó la fatídica eliminatoria contra el Ajax. Después de la ida, Pena se reunió con Edwin van der Sar, ejecutivo del club holandés, a quien también había conocido en Harvard: “Me advirtió de que creía que estaban usando demasiado a Vini, y que podía resultar peligroso, porque era muy joven”, dice. Regresó a Brasil para el carnaval y vio desde allí, en su casa de la playa, el partido de vuelta en el que se lesionó el futbolista: “En ese momento sentí un impulso de vómito, algo muy raro en el estómago”, recuerda. Entonces contrataron a Lobo, que también es preparador físico.

Después de la lesión, nada era lo mismo: el Madrid se había quedado fuera de todas las competiciones y Solari ya no estaba en el banquillo. Había regresado Zidane, que ha contemplado la evolución de Vinicius con recelo intermitente, sin terminar de verlo listo para instalarse de manera estable en el once.

El futbolista, que antes de romperse los ligamentos del tobillo derecho contra el Ajax se había imaginado con Brasil en la Copa América de ese verano después de su primera convocatoria, vio cómo se desvanecía ese sueño y lo mucho que le costaba entender lo que esperaban Zidane desde la banda y Benzema en el campo. Empezó a dudar cuándo encarar y cuándo parar, y siguió desafinando cuando pisaba el área y miraba al portero. De lo que no dudaba era de su intención de aferrarse al Madrid, pese a que en las épocas en que menos jugaba seguían llegándole propuestas para salir cedido. La gente que vive y trabaja con él admite que fueron momentos duros, pero aseguran que Vinicius ni se hundió ni perdió la sonrisa.

Fred Pena sostiene que, pese al frenazo provocado por la lesión, en realidad estaban cumpliendo los plazos programados: “El plan era empezar a jugar después de dos años, no de seis meses. Esta era la temporada en la que iba a empezar a ir al banquillo”, dice. “Yo lo veo donde creía que iba a estar con 20 años. Juega muchísimos minutos, pero no es titular del Madrid ni una superestrella. Tiene que ser capaz de hacer las grandes jugadas de manera más constante. En ese punto se convertiría en superestrella”.

Pese a las cautelas de su entorno y a lo incierto del desenlace de la temporada del Madrid, con el clásico el sábado, la explosión de la noche del martes contra el Liverpool elevó al instante su consideración general. También sus opciones de permanecer donde quiere.

Después del partido, un fotógrafo retrató a Florentino Pérez cogiéndole con cariño la mano a Vinicius mientras hablan con Fabinho, ex del Castilla. “Le quiere mucho”, dicen desde Valdebebas.

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