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Nakamura aprovecha el ímpetu excesivo de Dúbov

El estadounidense domina la final (2,5-1,5) tras la primera manga por su mayor temple y mejor técnica

Hikaru Nakamura, durante el torneo de Gibraltar de 2018 Ampliar foto
Hikaru Nakamura, durante el torneo de Gibraltar de 2018

El samurái Hikaru Nakamura aplicó muy bien uno de los principios de las artes marciales -aprovechar la fuerza del rival en tu favor- para imponerse al ruso Danil Dúbov en la primera manga de la final del torneo rápido por internet Lindores Abbey. El estadounidense, emigrado desde Japón cuando tenía dos años, eliminó el sábado al campeón del mundo, el noruego Magnus Carlsen, en la muerte súbita de las semifinales y se considera favorito en la final, que continúa este martes.

“Creo que Danil estaba hoy demasiado punzante. Y como le he planteado posiciones más bien aburridas, eso le incomodaba todavía más. En ese contexto, perder la primera partida por empujar demasiado resulta especialmente molesto, y puede provocar que también juegues mal la segunda”, explicó Nakamura al club virtual que organiza el torneo, Chess 24, un minuto después de su victoria.

Ciertamente, el primer asalto de la final dejó la impresión de que Dúbov estaba demasiado acelerado, tal vez crecido en exceso por su gran éxito en este torneo, lo que además encaja bien con su estilo innovador y propicio al riesgo. Pero la valentía debe ser modulada por la sensatez, y esta vez se pasó de rosca: hizo todo muy bien hasta la vigésima jugada, cuando desechó la más lógica, que le daba una pequeña ventaja, para optar por otra que dejaba la lucha equilibrada; y solo dos jugadas después, cuando lo razonable era jugar para empatar, entregó un peón sin necesidad y con un optimismo desmedido, brutalmente castigado por Nakamura.

Danil Dubov, durante el torneo de Gibraltar de 2019 ampliar foto
Danil Dubov, durante el torneo de Gibraltar de 2019

Y en el segundo ocurrió algo en la misma línea. Nakamura, con blancas, tenía una ventaja duradera -un peón débil de su rival- pero pequeña. Dúbov debía resignarse a una defensa pasiva, pero con grandes probabilidades de tablas. En lugar de ello, sacrificó el peón a cambio de una actividad que el americano neutralizó como quien se quita una mosca del brazo, y la segunda derrota consecutiva del ruso fue una mera cuestión de técnica refinada.

Pero el cosaco que Dúbov lleva dentro no se rindió, y presionó en el tercer asalto al samurái, quien de pronto se vio obligado a tomar su propia medicina: en el lado pasivo de la presión, Nakamura entregó un peón con excesiva alegría y el ruso se aferró a él para ganar impecablemente un final de torres. De pronto, el muerto amenazaba con salir de ataúd.

Para evitarlo, Nakamura adoptó con blancas en el cuarto asalto un esquema poco ambicioso y más bien aburrido, a la espera de que el cosaco tirase la casa por la ventana en su porfía para ganar como fuese. Pero Dúbov no perdió esta vez la cordura, y la pelea se convirtió en un partido de tenis con ambos peloteando desde el fondo de la pista, sin subir apenas a la red. Nakamura fue cambiando piezas en una faena de aliño muy profesional; tanto, que Dúbov careció de la más mínima oportunidad de embrollar a su adversario. Y el empate no tardó mucho en firmarse.

Dúbov necesita ganar la segunda manga este martes; solo entonces habrá una tercera el miércoles. Para que eso ocurra, el cosaco deberá asumir que, además de agresividad, valentía y espíritu innovador, necesita mucha paciencia para doblegar a un samurái muy bregado en el combate rápido.

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