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El desencanto de San Paolo

El Barça volvió a mostrar en Nápoles una versión previsible mientras los pesos pesados de la plantilla y la directiva mantienen su fuego cruzado

Griezmann marca el empate del Barcelona ante el Nápoles. Ampliar foto
Griezmann marca el empate del Barcelona ante el Nápoles. EFE

Primero habló Messi. En una actitud más personalista que de capitán, el rosarino arremetió públicamente contra el secretario técnico, Eric Abidal, después que el francés acusara a la plantilla del Barça de holgazanería para entrenar. “Cuando se habla de jugadores habría que dar nombres porque si no nos está ensuciando a todos”, se quejó el 10. Y pidió que cada uno “se haga cargo de su responsabilidad”. En la previa del duelo ante el Nápoles, Piqué reivindicó a la plantilla: “Durante años los resultados del equipo han sostenido al club”. Y, una vez consumado el empate (1-1) en San Paolo, Busquets se sumó al escarnio: “No tenemos una plantilla muy amplia, desgraciadamente la planificación ha sido así”. Tres de los cuatro capitanes del Barcelona apuntan a la dirección deportiva y por extensión a la directiva, también señalada por la afición en el Camp Nou tras destaparse el Barçagate.

El vestuario advierte sobre la mala gestión de los dirigentes del Barcelona, mientras que estos insisten en que el poder lo tienen los jugadores. La plantilla que más dinero cuesta mantener en Europa —la masa salarial del Barça es de 633 millones, cifra que supone el 66% de los ingresos—, se ha quedado con 19 jugadores, solo 15 disponibles del primer equipo para visitar al Madrid en el Bernabéu el domingo. Además, para la vuelta de los octavos ante el Nápoles no podrá contar con los sancionados Busquets y Arturo Vidal. En los despachos de la ciudad deportiva aseguran que no siempre han podido traer refuerzos como ellos hubiesen querido. “Ahora se quejan, pero han boicoteado fichajes”, subrayan. “Mandan menos de lo que deberían”, defienden fuentes del entorno de los pesos pesados.

El Barça ha sufrido 20 lesiones en la temporada y Setién tiene a cuatro jugadores en la enfermería: Jordi Alba, Sergi Roberto, Dembélé y Luis Suárez. Al francés ya lo perdió para lo que queda del curso, Suárez regresará en mayo, mientras que se espera que los dos laterales vuelvan a trabajar con el grupo en marzo. “Muchas de las lesiones se producen porque los entrenamientos tienen una intensidad muy baja respecto a los partidos”, se quejaba un empleado del área deportiva en la etapa de Valverde. Setién intentó, de entrada, recuperar el ímpetu en el trabajo diario y hasta apostó por la doble sesión de entrenamiento en sus primeros días. El cántabro insistía en regresar a las esencias.

Valverde había apostado por una idea similar. “El estilo también pasa por tener un juego de medios”, anunció el Txingurri el día de su presentación como entrenador azulgrana. Y el técnico cántabro, cuando hizo su estreno en el Camp Nou, advirtió: “Solo puedo garantizar una cosa: mi equipo va a jugar bien”. El promedio de posesión del balón en los 10 partidos de Setién en el Barça es del 72,43%, superior a la que tenía el equipo de Guardiola (69,7%). El exentrenador del Betis había ilusionado con su proyecto, un nuevo sistema (3-5-2) y la vieja idea de elevar la presión en campo contrario, sumado a su voluntad de mirar a La Masia. “La cantera es extraordinaria, irán entrenando con nosotros”, dijo Setién.

Volvió la línea de cuatro, el Barça recupera menos balones por partido (55,8; el equipo de Guardiola robaba 58,1, por los 56,2 del de Luis Enrique y los 59,2 del de Valverde) y los canteranos perdieron protagonismo. Cuando parecía que se reconocía en su espejo, ante el Nápoles el Barça de Setién perdió encanto. Compensar la falta de compromiso defensivo de los delanteros termina por condenar la alineación. Le pasó a Valverde y también a Setién, que apostó por cuatro volantes en San Paolo. Y el Barça perdió sorpresa. Aunque el equipo de Setién tiene una media de pases en campo contrario de 87,36, la cifra más alta de la última década, su equipo es el que más goles encaja (0,9) y el que menos remata a portería (seis). En Nápoles, Griezmann le dio vida al Barça en la Champions. Justo el fichaje que las vacas sagradas no querían.

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