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El duro trago de Setién

El entrenador cántabro sufrió los silbidos y solo algunos aplausos de una afición con la que no supo empatizar y que se mostró más cariñosa con Junior

Rubi y Setién se saludan antes del partido. Ampliar foto
Rubi y Setién se saludan antes del partido. AP

Sevilla es dual y, a veces, carece de termino medio. Dividida futbolísticamente y en otros muchos más conceptos, la afición del Betis, como parte de la afición, también se dividió a la hora de recibir a uno que fue de los suyos, pero al que casi nunca consideraron de verdad como uno de los suyos. Todo lo que Enrique Setién sembró de puertas adentro se derramaba de puertas hacia fuera ante la presión mediática local y sus desencuentros con la afición en su segundo año en el banquillo del Betis. “Me faltó empatía con la afición bética”, reconoció el propio entrenador poco después de su adiós.

De manera mayoritaria, a Setién se le pitó en su regreso al Benito Villamarín. También hubo algunos aplausos. Pero el abucheo se impuso desde que a eso de las siete y cuarto se bajara del autobús que llegó al Benito Villamarín. Quince minutos más tarde, con las gradas del estadio todavía vacías, Setién departía de forma amigable con el cuerpo técnico del Betis en el centro del campo. Solo se metió en el vestuario cuando recibió la hojilla con las alineaciones. “Setién hizo un buen trabajo en el Betis y espero que no haya ninguna animadversión hacia él”, proclamaba Ángel Haro, el presidente del Betis, poco antes del inicio del choque. En las tripas del que fue su estadio, Setién saludó a algunos de su exjugadores, especialmente emotivo con Joaquín.

Cuando su nombre sonó en la megafonía arreciaron los silbidos hacia el cántabro, quien decidió que Junior, otro de los que regresaba, jugara de titular ante el Betis. Al lateral criado en la cantera del equipo andaluz sí se le recibió con gran cariño. Quizás no se tuvo en cuenta la valentía que tuvo Setién en enero de 2018, cuando no dudó en darle la titularidad a Junior, un carrilero zurdo que en el filial bético no acababa de romper. Setién lo hizo futbolista de élite y el Betis lo vendió al Barcelona en una operación muy rentable para sus intereses.

Las iras, con el árbitro

El Villamarín era una caldera cuando los dos equipos saltaron al campo. Había sonado Stereo Love, canción de guerra de una hinchada que reventaba el Villamarín. Setién, entonces, saltó al campo y se fue al que fue su banquillo durante dos años. Entonces, al primero que saludó fue a Andrés. Se trata del utillero más veterano de la primera plantilla, quien incluso llegó a vivir durante muchos años en la ciudad deportiva, pared con pared con el vestuario del primer equipo.

Setién fue muy cariñoso con el veterano empleado antes de saludar de forma efusiva a Rubi. Curiosamente, muchas de las cosas que hace el actual Betis son herencia del equipo que diseñó el ahora preparador del conjunto catalán. El futbolista que no tuvo Setién fue Fekir. El campeón del mundo francés dibujó jugadas imposibles, regates y disparos que fueron un quebradero de cabeza para el Barcelona. El partido era un continuo ida y vuelta mientras Setién gesticulaba en la banda. Cuando Lenglet hizo el tercer gol pidió a sus jugadores cabeza y toque con el balón. El Barcelona, ante un Betis desastroso en defensa, había hecho lo más difícil mientras Fekir era expulsado. La grada la dejó de tomar con Setién. El árbitro Sánchez Martínez era el foco de toda la ira de una afición que se sintió perjudicada. "Me fui dando abrazos y he vuelto dando abrazos. Ha sido muy emotivo. Dejo muchos amigos aquí y le deso lo mejor al Betis. No escuché los silbidos", dijo luego Setién en rueda de prensa.

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