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PISTA LIBRE OPINIÓN i

Kobe, una marca indeleble

Además de competente sucesor de Jordan, fue el perfecto representante de un nuevo tiempo

Kobe Bryant
Kobe con su hija Gianna en 2016. Getty

El impacto de la muerte de Kobe Bryant resalta su magnitud como deportista, uno de los más aclamados del planeta. Ha merecido titulares hasta en las portadas de los diarios británicos, donde persiste el desdén por cualquier juego que se ejecute exclusivamente con las manos. Kobe ha muerto joven (41 años) y en trágicas circunstancias, dos aspectos que acentúan la relevancia de los ídolos.

Se retiró en 2016, después de 20 años en los Lakers. Parecía, sin embargo, que seguía en activo. Había trasladado fuera de las pistas la misma habilidad que desarrolló para encestar tiros. Kobe era noticia constante por su constante presencia social, por sus opiniones sobre el baloncesto, por una ubicuidad que rara vez se observa en las estrellas que clausuran sus trayectorias deportivas. Se van y el rastro se desvanece.

Kobe Bryant el día de su retirada de las canchas como jugador en el Staples Center, el 13 de abril de 2016 en Los Ángeles. En vídeo, las claves que convirtieron al jugador en leyenda.

Kobe había conseguido un imposible: marcharse y permanecer a la vez. Mantenía un altísimo grado de influencia a su alrededor. Decididamente era un hombre de su tiempo, de una época que ayudó a perfilar como nadie en la NBA. Ingresó en los Lakers en 1996, con 18 años, un chaval de elevadas expectativas, uno de los muchos aspirantes a la sucesión de Michael Jordan. En el caso de Kobe no se trataba de humo publicitario. No descansó hasta completar unos números asimilables a los de Jordan. Cerró su carrera con cinco anillos de campeón, dos títulos de campeón olímpico y 33.643 puntos (4º en el ranking histórico).

No fue Jordan, pero sí el que más se le pareció. Llegó cuando comenzaba a asomar el final del maestro, momento crítico para la NBA. Kobe resolvió el problema con nota. Además de competente sucesor de Jordan, fue el perfecto representante de un nuevo tiempo. Si Jordan fue el gran referente en el salto de la NBA al mundo, Kobe irrumpió acompañado por un nuevo artefacto: internet.

Las nuevas tecnologías han llevado la NBA hasta el último poro de la sociedad. Ningún jugador la ha acompañado mejor y desde más pronto en su proceso expansionista. Lebron James puede discutirle a Kobe el liderazgo representativo, pero Kobe llegó antes para jugar y para constituirse en una marca mundial. Tanto o más que grandes atletas, las estrellas son marcas de negocio, hasta el punto de alterar la percepción que se tiene de ellos.

El caso de Kobe Bryant es significativo. Su muerte ha obligado a un ejercicio habitual: clasificarle y situarle en el escalafón histórico del baloncesto. No hay duda de que su popularidad —la marca Kobe, en definitiva— y el shock de la tragedia condicionan muchos de los análisis. Fue un excepcional jugador y un brillante icono mediático, favorecido por sus 20 años en el equipo de la capital del espectáculo, pero muy probablemente no ha sido el mejor jugador de su generación.

Lo que Kobe ha representado se verifica en la comparación con un coetáneo: Tim Duncan, ala pívot de los Spurs de San Antonio, ganador de cinco campeonatos, perenne All Star y representante de lo que podría denominarse vieja escuela. Se retiró el mismo año que Kobe Bryant, pero parece que se marchó hace un siglo. En términos estrictamente baloncestísticos, a Duncan, un manual andante, le elegirían los entrenadores y los aficionados más puristas. Los propietarios, los medios de comunicación, los dirigentes de la NBA y los espectadores se inclinarían por Bryant. Uno era feliz representando al admirable y pequeño núcleo de los Spurs. En cambio, el factor Kobe tenía un alcance planetario, y eso cuenta decisivamente en la percepción general.

Es muy posible que algún día pocos recuerden al fabuloso Tim Duncan, como casi nadie se acuerda de Bob Pettit, pero es seguro que Kobe Bryant quedará fijado para siempre en la memoria del deporte.

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