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“Me inflaron la cabeza y sufrí una depresión”

La española Paula Badosa, campeona júnior en 2015, reflexiona sobre los jóvenes y las expectativas tras su primer triunfo en un grande. “Me decían que era la nueva Sharapova y eso me hundió...”, cuenta

Badosa, durante el partido contra Larsson en Melbourne.
Badosa, durante el partido contra Larsson en Melbourne. GETTY

Se acerca el mediodía en Melbourne, y pese a que tenga dolor –arrancó el año con una periostitis– y en los tres últimos días le haya visitado la fiebre, Paula Badosa (Nueva York, 22 años) luce una sonrisa de oreja a oreja y departe con gusto en la sala de entrevistas de Melbourne Park. Acaba de vencer por 6-1 y 6-0 (en 57 minutos) a Johanna Larsson, una combativa veterana que ocupa el puesto 39 del circuito, y de lograr así su primera victoria en un Grand Slam. “Es superespecial, porque llevaba mucho tiempo esperando este momento. El año pasado me pudieron las ganas y no pude pasar esta barrera, y en este me había mentalizado muy bien. Me ha salido un partido muy, muy bueno”, dice la tenista.

Atrás quedan mil fantasmas.

Uno de ellos, seguramente el peor. El miedo. “De repente, caí en picado. Se generaron unas expectativas demasiado elevadas en torno a mí. Se decía que era la próxima Garbiñe, la siguiente Sharapova… Y, al final, ellas son grandes jugadoras que han ganado Grand Slams, y yo tenía solo 17 años”, cuenta a este periódico, refiriéndose a su conquista del Roland Garros júnior y, en consecuencia, el teórico lanzamiento. Teórico, porque la realidad deportiva acostumbra a devorar promesas.

“Me decían que al año siguiente ya debía estar entre las top, y yo no estaba preparada para asumir todo eso. No tuve un entorno fácil, no me benefició. La gente me metió muchas cosas en la cabeza y la situación me vino muy grande, porque al final yo era muy joven”, prosigue; “hasta entonces no me conocían, y a partir de ahí parecía que tenía que ganar todos los partidos. Fue muy duro, me generó mucha ansiedad; me inflaron la cabeza y al final sufrí una depresión”.

Lo cuento porque  se sufre mucho en silencio. Quiero normalizarlo

Hija de modelos, Badosa nació en Nueva York –aunque decidió jugar por España– y empezó a empuñar la raqueta a los siete años en Platja d’Aro (Girona), cuando sus padres decidieron regresar a Cataluña. En 2015 se destapó en París, pero antes ya había emitido señales al alcanzar la tercera ronda de Miami. Sin embargo, nada más saborear ese éxito adolescente llegó el desplome que ahora relata. “Me metí en un hoyo. No estaba preparada ni mental ni físicamente; tenía buenos golpes, pero en lo demás estaba muy lejos. Entonces, caí en una crisis personal. Pensaba que nada de lo que estaba haciendo tenía sentido”, expresa.

Fue ahí cuando apareció una figura clave, su entrenador. Xavi Budó, tutor durante muchos años de la canaria Carla Suárez –una de las referencias españolas durante la última década–, desbloqueó una situación que parecía irreversible. “En septiembre de 2018, ella me llamó y me contó que estaba rota, totalmente destrozada y que no sabía si quería seguir jugando. Era muy autodestructiva, muy emocional y muy extremista”, describe el preparador en Melbourne; “era un juguete roto, así que hablamos durante muchas horas y le comenté mi opinión. Le dije que el alto rendimiento no consiste simplemente en entrenar, sino en un estilo de vida”.

El primer paso consistió en recuperar la autoestima. A la persona. “Paula tenía unas crisis de ansiedad muy altas y las expectativas se la habían comido. Trabajamos mucho más fuera de la pista que dentro para que empezara a ver la luz, y luego ya picamos mucha piedra porque venía de una falta de cultura del esfuerzo”, continúa el técnico, que posteriormente rehabilitó a la jugadora poniendo unas bases. “Decidimos competir 30 semanas porque el circuito está durísimo y entrar en el top-100 es muy complicado. Llevaba tres o cuatro años estancada, entre las 150 y las 250 del mundo, y ascendió hasta el puesto 86 [hoy es la 97]. Fue un primer año muy positivo”, explica Budó.

Estaba totalmente rota... Venía de una falta de cultura del esfuerzo”

XAVI BUDÓ, ENTRENADOR

Emplea el barcelonés la metáfora del Everest para ilustrar el viraje. Habla de objetivos más elevados para este 2020 y de que las conversaciones giran en torno al tenis, y no tanto en los problemas psicológicos. También, de un desarrollo técnico –“ahora tiene una derecha mucho más limpia y está ampliando los patrones de juego”– y de equilibrio. “Yo siempre digo que esto es como subir una gran montaña: a veces avanzas 400 metros y otras 100, pero hay que ir instalando campamentos base. Ahora tenemos unos mínimos profesionales que antes no teníamos. De pequeña y de adolescente tenía un entorno muy complicado, que le decía que tenía que subirla en helicóptero, y al Everest se sube metro a metro…”.

Enderezada, Badosa ha dado el paso temido por tantos y tantos deportistas, el de transmitir su experiencia. “En ese sentido, creo que a los jóvenes no se nos prepara lo suficiente. Ganas unos pocos partidos buenos y prometes, pero ahí se infla una burbuja que muchos no somos capaces de soportar. Decido contarlo porque percibí que en este mundo mucha gente sufre en silencio y pasa por una situación similar a la mía. Quiero normalizarlo, porque es algo que le puede pasar a cualquiera. Ahora intento ir paso a paso, no pensar todo el rato en el futuro y no escuchar a demasiada gente”, concluye la tenista, citada con Petra Kvitova en la siguiente ronda y convencida de que el piedra a piedra y el día a día le darán frutos de aquí en adelante.

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