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El talento de Curry

Rafael Cerrato plantea un recorrido por la vida del jugador estadounidense que abarca desde la infancia hasta la llegada de los títulos

El talento de Curry

Faltaba apenas un minuto para que terminara el partido. Se trataba de la final de un torneo organizado por un colegio privado canadiense. El entrenador del equipo que iba seis puntos por debajo solicitó un tiempo muerto e hizo algo peculiar: preguntó a los jugadores por su opinión sobre cómo podían remontar el resultado. Tras un silencio inicial, emergió una voz: “Míster, deme el balón y ganaremos el partido”. En el tiempo que restaba de encuentro, el equipo anotó 12 puntos —los rivales, ninguno— y el dueño de aquella voz consiguió nueve de ellos, robó balones y dio asistencias. Su nombre era Stephen Curry.

17 años después, a aquel chico de aspecto frágil, que medía 1,67m y que de vez en cuando encestaba más de 50 puntos en un partido, ha alcanzado los 1,91m, ha sido ya tres veces campeón de la NBA con los Golden State Warriors y ha sido elegido en dos ocasiones mejor jugador del torneo. En Stephen Curry, la fuerza del talento (JC), Rafael Cerrato plantea un recorrido por la vida del jugador estadounidense que abarca desde la infancia hasta la llegada de los títulos.

Curry juega con cierta ventaja genética: es hijo de deportistas. Su padre, Dell, fue jugador de la NBA. Su madre, Sonya, fue jugadora de voleibol. Además de la formación deportiva, recibió la correspondiente a las tareas del hogar: su debut en la liga de colegios se vio retrasado una semana, ya que lo castigaron por no fregar los platos la noche anterior. Educado en el cristianismo, al saltar a la cancha suele golpearse el pecho y señalar hacia el cielo. Según ha explicado, esos gestos significan que está jugando para Dios.

El libro incluye algunos fragmentos del diario personal de Curry, con las sensaciones ante su debut en la NBA, y también el informe del 15 de diciembre de 2008, firmado por Stevan Petrovic: “Crea muchas dificultades a los defensas con su habilidad anotadora y su rapidez... no parece tener miedo en la cancha y juega controlándose... puede realizar el lanzamiento que se le antoje y tiene una gran eficacia en el tiro... se mueve bien sin el balón... gran juego de pies cuando sale de una pantalla, siempre listo para lanzar”.

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