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Curtis Jones se destapa con un golazo en Anfield

Sustituto de Sadio Mané, el canterano de 18 años se postula como heredero de los grandes extremos del Liverpool con el tanto decisivo al Everton en la Copa

Curtis Jones conduce el balón ante Mina. Ampliar foto
Curtis Jones conduce el balón ante Mina. Getty Images

No hay domingo de Reyes en Inglaterra. Hay domingo de Copa. Él torneo más viejo del fútbol reservó un duelo especialmente trascendental en su tercera ronda. Nada menos que un Liverpool-Everton en Anfield. Ocasión de regocijo y devoción para los scousers agrupados en torno a las dos confesiones paganas de la ciudad, en un derbi con aire ritual que presidieron los notables Jürgen Klopp y Carlo Ancelotti. Se impuso el alemán gracias a los cambios inertes del italiano y, sobre todo, gracias a la aparición deslumbrante del flaco Curtis Jones. Sustituto de Sadio Mané, en su cuarto partido oficial con el primer equipo, el extremo de 18 años hizo el 1-0. No cualquier gol sino el gol definitivo. El punto final que a lo largo de la noche recorrería todos los recovecos de Twitter, los highlights de YouTube y los telediarios del Reino Unido.

El partido estaba bloqueado. El Everton había gozado de las mejores ocasiones, irrumpiendo con Walcott desde la derecha. La lesión de Milner —lateral izquierdo ocasional— a los diez minutos había ahondado en el vacío. Primero, porque el capitán se sumó a una lista de bajas que lastra especialmente al reparto defensivo, y que incluye a Keita, Matip, Fabinho y Lovren. Segundo, porque su reemplazante, Yasser Larouci, tardó en situarse. La parroquia local contemplaba el espectáculo con inquietud ante la falta de sintonía que revelaba la alineación, totalmente compuesta por canteranos y suplentes. Hasta que Ancelotti resolvió introducir a Delph para quitar a Sigurdsson en la segunda parte y los visitantes rindieron el mediocampo. Cuando se imponía la presión del Liverpool y Pickford solo atinaba a sacar en largo a ninguna parte, Origi le dio la pelota a Curtis Jones.

Internacional inglés en todas las categorías inferiores, el muchacho se perfiló rodeado de defensas rivales al borde del área, tiró una pared con su colega, y como si la marca apretada de Yerry Mina no le molestase en lo más mínimo, se acomodó la pelota en un paso de baile y la envió con un swing a la escuadra lejana. Pickford la rozó con los dedos antes de que golpeara la red. El Everton no gana en Anfield desde 1999. La racha tampoco se rompió esta vez.

Transcurría el minuto 71. Consciente del significado de su proeza, Jones corrió hacia la banda a celebrar su primer gol con los profesionales frente a la hinchada. Mientras cogía el escudo estampado en su camiseta gritaba como un enajenado: “¡Sííí...!”. Como se supone que debe gritar un chaval de Croxteth. Un barrio mítico del sur de la ciudad. Legendario para los reds porque en él nacieron tipos como Robbie Fowler o Ian Callaghan, el jugador de vida deportiva más prolongada del club, el récord absoluto del Liverpool: 857 partidos oficiales.

“Crecer en Croxteth me ha convertido en el jugador que soy”, dijo Jones al Independent, hace unos meses. “Seguro de mí mismo, valiente, consciente de dónde voy”.

El tiempo dirá si Curtis Jones será otro eslabón en la brillante cadena que une a Billy Liddell, Ian Callaghan, Peter Thompson, Steve Heighway, Ray Kennedy, Steve McManaman y Sadio Mané. La lista de los grandes extremos que visitó el Liverpool es larga y gloriosa. La Copa pudo alumbrar al último.

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