OBITUARIO

Fallece Josep Lluís Vilaseca, hombre clave en los Juegos del 92 y en el Barça

El dirigente barcelonés fue miembro del COE, de la UEFA, directivo azulgrana y diputado en el Parlamento de Catalunya

Josep Lluís Vilaseca, durante una entrevista en 2007.
Josep Lluís Vilaseca, durante una entrevista en 2007.©Gianluca Battista

Josep Lluís Vilaseca (Barcelona, 1930) vivió muchos años, hasta 90, el tiempo necesario para una obra ingente que si no se alargó más fue porque sus problemas de visión le llevaron a mal traer, viudo desde hace poco por la muerte de su esposa Elena. No había acto institucional vinculado al deporte que se celebrara en la ciudad o en el país al que no fuera invitado porque su presencia dignificaba cualquier gala, palco o jurado, decisivo en la política de descentralización del deporte catalán después de posibilitar que el Barça se convirtiera en més que un club con la senyera de Johan Cruyff en los años setenta y Barcelona fuera capital mundial durante los Juegos Olímpicos de 1992.

Los proyectos más ambiciosos necesitan de personajes humildes e inteligentes como el de Vilaseca. Aspiró y consiguió el éxito colectivo a partir de una actitud individual irreprochable, como corresponde a uno de los mejores mediadores, hombre de consenso por excelencia, imprescindible en los proyectos cumbre del deporte, igual de estimado en Cataluña que en España y en Europa. Las peores negociaciones fluían cuando comparecía su sombra discreta, propia de los que saben estar y hacer, pendientes del objetivo común en un mundo de egos, dado a los galardones individuales, bien diseccionado por Vilaseca.

Apreciado como jurista, licenciado en derecho por la Universidad de Barcelona y miembro del Colegio de Abogados de Barcelona, fue secretario del consejo de administración de Banca Catalana, fundador de Convergència Democràtica de Catalunya y estuvo muy vinculado a Jordi Pujol. Tuvo trato directo con el que fue presidente de la Generalitat desde que fue nombrado Secretari General d’Esports en 1980 hasta 1995. Gerard Figueras, quien hoy ocupa el cargo al frente del deporte catalán, llegó a decir: “Si llegamos a la suela de sus zapatos nos podemos dar por bien pagados”, afirmación a la que este sábado, tras conocerse su fallecimiento, ha dado continuidad: “Es el padre del sistema deportivo de Cataluña”.

El traspaso de competencias a las comunidades autónomas favoreció que en el mandato de Vilaseca se construyeran más de mil equipamientos, mejoraran el INEF y la Blume y se creara el CAR de Sant Cugat. Modernizó las infraestructuras y entendió muy bien el funcionamiento de las sociedades mixtas, quizá por su tiempo de presidente de la Agrupació Mútua, decisivo también en la vertebración del deporte a través de las federaciones y los clubes, miembro del Comité Olímpico Español y vicepresidente además del Comité Organizador COOB-92. La intervención de Vilaseca en los distintos organismos españoles e internacionales fue decisiva para que Barcelona organizara los Juegos de 1992.

Árbitro por excelencia

Tenía muy buenos contactos e influencia y siempre era propuesto para cargos delicados que exigían una buena intermediación: fue presidente del Tribunal Español de Arbitraje Deportivo y miembro y presidente de la Comisión Jurídica y de Disciplina de la UEFA. Huía en cambio del protagonismo, incluso a veces se inscribía en los hoteles con su segundo apellido —Guasch— para no ser localizado y descartó optar a la presidencia del Barça. Vilaseca prefirió ser directivo azulgrana en tiempos de Agustí Montal y Raimon Carrasco (1969-1977), momentos de divulgación de la causa catalana durante los actos del 75 aniversario de la entidad, del informe de los falsos oriundos y del fichaje de Johan Cruyff.

El talante de Vilaseca fue capital incluso ante la Secretaria de Estado para el Deporte para impedir que el Barcelona se convirtiera en Sociedad Anómima Deportiva. Y si no logró que se eliminaran los avales para cubrir posibles pérdidas fue porque su intento se frenó desde la directiva del Barça. Tenía mano de santo y también una ironía fina que le permitía tutear a Alfonso de Borbón cuando era presidente del COE. Hombre recto, riguroso, honesto y de fuertes convicciones, recibió distinciones como La Creu de Sant Jordi, la Orden del Mérito de la UEFA y la medalla de oro de Barcelona, y fue diputado al Parlament de Catalunya por CiU en 1995.

A su vocación de servidor público y referente cívico, alejado del sectarismo, unió la voluntad de fer país sin disimulo y también sin moralejas, respetado en distintos foros ideológicos, feliz desde que Genís Sinca escribió sus memorias en un libro titulado Que consti en acta (2014). “Pasaba inadvertido, camuflado entre personalidades (...) Aquella elegancia sobria y atenta (...) que remataba la imagen de eficacia y control (...) de omnipresencia, absolutamente discreto, hasta cierto punto distante, casi nórdica, pero jamás altiva y totalmente modesta”, son palabras del prólogo firmado por Pep Guardiola.

Muy cordial y dialogante, Vilaseca dominaba el tempo y las formas, como los mejores diplomáticos, todo un señor, pal de paller del deporte en Cataluña.

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