CHAMPIONS LEAGUE

La fe de Messi

El argentino confía en su inspiración y en un Barça ordenado, aunque sin buen juego, para tener opciones en Lisboa

Lionel Messi controla el balón ante el Nápoles.
Lionel Messi controla el balón ante el Nápoles.Enric Fontcuberta / EFE

Vacío o repleto, en silencio o bullicioso, hace ya tiempo que el Camp Nou ha comenzado a transitar en el amargo descubrimiento de que solo cuenta con la inspiración de Messi. Por supuesto, también lo sabe el argentino. Líder del Barcelona con y sin la pelota, en el campo y en el vestuario, ahora ha evolucionado para realizar efusivas arengas a sus compañeros como este sábado antes del duelo frente al Nápoles. No termina de confiar en el equipo. Pero confía en él. Y en una eliminatoria a partido único, como será el excepcional formato de la Champions en Lisboa, Messi se aferra más a la ilusión que al juego. Eso sí, necesita a su amigo Suárez y a un equipo fiable en defensa.

Intentó Quique Setién imponer su estilo. Lo hizo nada más llegar al Camp Nou, cuando aseguró que solo podía prometer una cosa y era que su equipo jugaría bien. En su presentación ante el Granada en LaLiga, el Barça contó 1.002 pases. Una declaración de intenciones que se celebró en un parte de la directiva, que señalaba a Ernesto Valverde como responsable de las duras caídas del cuadro azulgrana en las últimas dos ediciones de la Champions (Roma y Liverpool), además de haber alejado al equipo de las esencias en el juego. Josep Maria Bartomeu se apoyó en una conversación con Busquets, Piqué y Sergi Roberto en Arabia Saudí para despedir a Valverde tras caer en la Supercopa de España, con el equipo líder en LaLiga. Una decisión que dividió al vestuario y molestó a Messi.

La misma fórmula que con Valverde

El presidente del Barcelona buscó utilizar la misma fórmula cuando dudaba sobre la continuidad de Setién tras el fiasco de LaLiga, pero entonces los pesos pesados no cayeron en la trampa. No querían problemas en el grupo ni que Bartomeu se excuse en una conversación con el vestuario para despedir a un nuevo entrenador. El grupo entendía que debía permanecer unido. “Al final, no ha cambiado casi nada en el juego”, entienden desde el camerino azulgrana. El Barça de Valverde registró su récord de pases en 2018 ante el Valencia: 993, nueve menos que el del equipo de Setién ante el Granada. La media de pases buenos es un 15% superior con el cántabro y la efectividad solo un 2% mejor. “Depende de cómo está Messi”, subraya un empleado del club. El 10 tenía una media de oportunidades creadas de 2,52 con Valverde por las 2,83 que cuenta con Setién.

Pero el cántabro, hasta el último momento, quiso imponer su estilo. En la semana previa al duelo ante el Nápoles, después de haber limado asperezas con Messi en una conversación mano a mano en la Ciudad Deportiva, Setién volvió a probar con su sistema preferido, 3-5-2, el mismo que había utilizado en el Betis. Solo le duró un tiempo en el entrenamiento. Semedo, Piqué y Lenglet fueron los centrales y los carrileros Sergi Roberto y Alba. En el medio, De Jong y Rakitic y Riqui Puig. Arriba, Messi y Luis Suárez. “Tranquilos, que vamos a terminar jugando con cuatro atrás”, dijo tras la práctica uno de los pesos pesados. “Los jugadores no estaban cómodos y la presión no era coordinada. No era lo ideal para jugártela todo a un partido”, explican fuentes del club azulgrana.

Ante el Nápoles, defensa de cuatro y Griezmann junto a Messi y Luis Suárez. Más seguridad en la zaga y todos los referentes en el campo. El duelo lo volvía a ganar la plantilla, como ya había pasado con Valverde y hasta con Luis Enrique. El actual seleccionador reculó tras un enfrentamiento con Messi en su primera temporada en el banquillo azulgrana y al expreparador del Athletic le achacaban estar demasiado pendiente de los deseos del 10. En cualquier caso, Sergio Busquets, que no jugaba ante el Nápoles pero que habló en la previa, se encargó de remarcar lo mucho que había trabajado el equipo tras las vacaciones.

Frente al conjunto de Gattuso, el Barça contó 537 pases buenos, prácticamente la mitad que en el estreno de Setién y menos de los que promediaba el equipo con Valverde (577). Y la posesión del balón estuvo dividida. Lo que no se discute en el Barça es a Messi. El 10 marcó un golazo, le hicieron un penalti y estuvo activo tanto para levantar la moral de sus compañeros como para hacerse respetar con los árbitros (le negó el saludo al colegiado turco). Sin noticias de su nuevo contrato (paralizó en julio su renovación), al rosarino lo moviliza la fe. Y desea su quinta orejona. Sabe, sin embargo, que lo tendrá difícil en Lisboa.


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