OPINION / TONI NADAL
Columna
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Somos dueños de nuestros miedos

Tan comprensible me parece la participación en el US Open de Djokovic como la renuncia de Rafael

Rafa Nadal celebra una victoria en el torneo de Acapulco, en febrero.
Rafa Nadal celebra una victoria en el torneo de Acapulco, en febrero.HENRY ROMERO (Reuters)

El mundo entero sigue sumido en la pesadilla de una pandemia que nos está dando poca tregua y muchas dificultades a la hora de reanudar ciertas actividades. Casi nadie se ha escapado de las consecuencias y el mundo del tenis, por supuesto, no ha sido menos.

Este martes pasado conocíamos la decisión de los organizadores del Mutua Madrid Open de cancelar la edición de este año. Como explicó su director, Feliciano López, “la inestabilidad sigue siendo demasiado alta” y llevarlo a cabo hubiera sido, con toda seguridad, poco prudente. Los rebrotes siguen más incontrolados en España que en cualquier otro país europeo y se han tenido que volver a imponer ciertas restricciones que, sumadas a las crecientes advertencias de no viajar a nuestro país, han hecho muy poco recomendable la celebración del torneo.

En Estados Unidos, sin embargo, se sigue adelante con el US Open y el torneo previo de Cincinnati, y se asume el enorme reto de celebrarlos sin espectadores y aplicando unos protocolos de seguridad que comprometen, a buen seguro, la viabilidad económica.

La decisión de los tenistas de acudir, o no, no debería sacarse, creo yo, del indiscutible parecer personal. Tan comprensible me parece la participación de Novak Djokovic, Dominic Thiem, Stefanos Tsitsipas o Daniil Medvedev como la renuncia de Rafael, Roger Federer o Stanislas Wawrinka. Cada cual es dueño de sus miedos y se ha de entender la aprensión a tener que tomar varios aviones y alejarse de casa cuando las cosas siguen siendo tan inciertas. Solo espero que, en el caso de mi sobrino, la inactividad de tantos meses no le perjudique para sus resultados en Roland Garros.

Aumento de premios en el US Open

En cualquier caso, el esfuerzo que se está llevando a cabo para garantizar la salud de todos los que participarán en las citas, así como para asumir la incertidumbre del éxito de ambos torneos, me merecen una buena valoración. La reactivación de la competición es una necesidad para muchos tenistas y sus equipos, y para muchas empresas satélite que viven del funcionamiento regular del circuito tenístico. El US Open, además, ha decidido para este año el aumento del dinero en premios hasta la celebración de los octavos de final, beneficiando así a los tenistas peor posicionados en el ránking.

Me alegra mucho, pues, ver que hay determinación para no seguir cancelando torneos aunque me cuesta imaginar y, sobre todo, aceptar la ausencia del público en las gradas. Son muchas las veces que he escuchado a mi sobrino, y a otros tenistas, dirigirse a los espectadores al levantar un trofeo para agradecerles su presencia, su apoyo y su importante papel para lograr la victoria. Y puedo asegurar que no son frases hechas ni palabras vacías. Los gritos y aplausos del público que se enfervoriza ante una buena jugada, que se emociona ante una victoria o que se decepciona ante una derrota son, en gran medida, lo que da sentido al deporte y lo que alimenta la adrenalina del jugador.

Últimamente se ha ensalzado mucho el papel que han jugado las nuevas tecnologías para sobrellevar el reto al que se enfrenta la humanidad. Hemos teletrabajado y hemos estado más conectados que nunca a través de nuestros dispositivos, pero seguro que, a poco que hayamos querido prestar atención, nos hemos dado cuenta de que nos resulta muy perjudicial olvidar el factor humano, nuestra necesidad de emocionarnos y de sentirnos unidos aunque sea haciendo algo, en principio, tan poco importante como estar sentados en una grada y sentir en directo que la victoria, en algunos casos, también es nuestra.


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