REMO

Una historia de espías en el remo

Los responsables de la trainera de Urdaibai detectan la intrusión nocturna en sus instalaciones de un entrenador rival

La trainera de Cabo cruza la línea de meta por delante de tripulación de la Zierbana en una de las citas de la Liga Eusko Label en el mes de julio.
La trainera de Cabo cruza la línea de meta por delante de tripulación de la Zierbana en una de las citas de la Liga Eusko Label en el mes de julio.Javier Zorrilla / EFE

La Liga Eusko Label de traineras está en pleno fragor veraniego. Compiten 12 clubes: ocho vascos y dos gallegos; los cántabros, en la categoría inferior, tratan de ascender para competir la próxima temporada con los mejores. Pero aunque el clima está propiciando que la mayoría de las regatas se hayan desarrollado con las aguas en calma, hay mar de fondo después de que los responsables de la trainera de Urdaibai-Bermeo, que son líderes de la clasificación por delante de Santurtzi, hayan detectado un caso de espionaje deportivo.

No es raro que los rivales se vigilen entre sí; que traten de escudriñar cualquier detalle técnico que mejora el rendimiento de las demás cuadrillas. Con las traineras en el muelle, antes de una regata o un entrenamiento, hay muchas miradas puestas en las embarcaciones, buscando cualquier innovación dentro del reglamento. Se sacan fotografías de manera disimulada o no tanto. Es más complicado, en una trainera, ocultar los detalles que, por ejemplo, en un coche de Fórmula 1, pero todo cuenta a la hora de mejorar las prestaciones de unas embarcaciones que se han ido afinando en las últimas décadas, descartados hace tiempo ya los botes de madera de haya, pesados y descompensados. Ahora se fabrican de kevlar y fibra de carbono, con las mismas técnicas que se utilizan en los fuselajes de los aviones. Una embarcación nueva, construida en los astilleros de Amilibia, en Orio, cuesta alrededor de 35.000 euros.

El espionaje legal, lo que se puede observar sin incurrir en delito, es habitual, pero el pasado martes los responsables de Urdaibai descubrieron que algunos de sus adversarios han ido más allá. Al abrir el pabellón donde guardan sus embarcaciones, descubrieron que alguien había penetrado en el recinto durante la noche. Encontraron una cartera en el suelo. En principio, podía ser de algún remero, técnico o de algún directivo del club, pero al abrirla, se dieron cuenta de que no era así: los documentos pertenecían al entrenador de uno de los rivales directos de la Bou Bizkaia de Bermeo. La alarma saltó de inmediato en el club. La junta gestora que lo dirige hasta las próximas elecciones se reunió para analizar la situación. Llegaron a la conclusión de que, además de la intrusión, alguien del club había facilitado la entrada al técnico rival, es decir, además de un espía había un topo. El objetivo, posiblemente, era tomar las medidas exactas de la trainera que mejor está funcionando esta temporada, tanto por dentro como por fuera. Los entrenadores, como en el caso de Jon Elortegi, responsable de Urdaibai, suelen modificar las mediciones en relación con las características de los remeros que vayan a tomar parte en las regatas. Todos los detalles cuentan.

El club perjudicado se tomó la cuestión con sangre fría. Primero apuntaron que se habían producido “visitas nocturnas” al pabellón; después comprobaron que no se había producido ningún robo ni deterioro del material almacenado. Luego decidieron no denunciar, aunque lo pusieron en conocimiento de la entidad a la que pertenece el espía. Ambos clubes se reunieron el miércoles, lo discutieron, y desde Urdaibai apuntan: “Ya hemos hablado con quien teníamos que hacerlo y el asunto por nuestra parte está zanjado”, así lo señala El Correo. No han trascendido más datos, si los clubes implicados depurarán responsabilidades internas, o si el entrenador pillado con las manos en la masa decidirá acabar su carrera como agente secreto. Dejarse olvidada la cartera en el lugar del crimen no es el mejor aval para ser espía.

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