Racismo en el deporte

El árbitro negro que ha vencido al racismo

El mexicano Adalid Maganda fue readmitido tras denunciar discriminación

El árbitro Adalid Maganda, en un partido de la Liga mexicana en febrero de 2020.
El árbitro Adalid Maganda, en un partido de la Liga mexicana en febrero de 2020.César Gómez / GETTY

La protesta pudiese parecer efímera, pero no lo es. Es indeleble. El árbitro mexicano Adalid Maganda (Acapulco, 1984) hincó la rodilla antes de silbar el inicio de un partido en México la semana pasada. Ese segundo rebelde, captado por la cámara, ha sido un poderoso mensaje en contra del racismo en su país, del cual él ha sido víctima. Hace dos años denunció que le despidieron de la Comisión de Árbitros por ser negro, un “pinche negro”, según contó en una entrevista con EL PAÍS en 2018. El desprecio por sus orígenes le acompaña desde sus primeros partidos donde atraía insultos en las tribunas y entre los futbolistas.

La carrera de Maganda era trepidante. Transitó por todas las divisiones en México y aguantó estoicamente los vituperios. Uno de ellos quedó grabado en un vídeo en YouTube: “¡Negro, hijo de la chingada, te voy a lavar la boca con gasolina!”. En 2015, cuando ya había alcanzado la Primera División, en un partido entre Atlante y Pachuca fue a revisar los uniformes a los vestidores y entre el murmullo empezó a escuchar sonidos de simios. En abril de 2018, el colegiado se cansó.

Maganda sacudió al fútbol de su país al denunciar a Arturo Brizio, máxima autoridad del arbitraje mexicano, por tratarlo con desprecio por el color de su piel. El árbitro aseguró que lo habían relegado de los partidos sin ninguna justificación. Cuando iba a preguntar qué ocurría, solo recibía como respuesta: “¿qué quieres pinche negro?”, “¿por qué no te regresas a Acapulco, a las lanchas?”. Brizio rechazó las acusaciones y aseguró que el despido tenía que ver con cuestiones de rendimiento.  El árbitro afrodescendiente llevó su caso a los tribunales y puso a México, de nuevo, de frente al racismo.

La presión sofocaba a la Federación Mexicana de Fútbol (FMF), de la cual depende la Comisión de arbitraje, la cual mostraba en campañas publicitarias su rechazo a la discriminación con el grito de “¡Eh, puto”. Adalid Maganda permaneció un año sin actividad hasta que su caso doblegó a la FMF y le permitió su regreso en el verano de 2019. “Fue una victoria enorme para la comunidad afrodescendiente. Es un símbolo para nosotros”, dice a EL PAÍS Wilner Metelus, director del Comité Ciudadano en Defensa de los Naturalizados y Afromexicanos.

La protesta de Adalid Maganda del pasado martes durante un partido entre los clubes Cruz Azul y Toluca ha sido la única en el fútbol mexicano con respecto a la muerte de George Floyd. Decenas de futbolistas cubrieron sus perfiles de Instagram con una imagen en negro en protesta, pero ninguno hincó la rodilla ni alzó el puño frente a las cámaras. Solo Maganda. Este diario intentó hablar con el árbitro, sin embargo, la FMF no lo permitió por “una cuestión de reglamento”. 

“Adalid lo hizo por dignidad, en solidaridad de todos nuestros hermanos que son discriminados. Es un símbolo para nuestra comunidad y no tuvo miedo de hacerlo, aunque en nuestro país es normal que haya represalias. Espero que desde la Federación no lo tomen personal”, agrega Metelus, cercano al acapulqueño.

En México uno de cada 100 mexicanos es afrodescendiente, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), es decir suman 1,4 millones de personas. Adalid Maganda creció en una de las grandes comunidades del Estado de Guerrero. Y es la apariencia física la principal causa de discriminación en el país, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación.

Maganda también ha afrontado la brutalidad en las calles. En septiembre de 2018 tomó un taxi cerca de su casa en Ecatepec, una de las zonas más inseguras de la periferia de Ciudad de México. Otro vehículo le cortó el paso y dos hombres armados hicieron bajar al colegiado. No estaba seguro de que fueran policías.  Le pidieron su identificación y se las enseñó. A gritos y forcejeos le dijeron que era falsa. “Aquí te llevó la chingada por falsificar documentos, maldito colombiano de mierda”, contó a este periódico. Tuvo que cantar el himno mexicano para que pudieran liberarlo. A Maganda le sobraban motivos para hincar la rodilla.

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