FINAL LIGA ACB

Ivanovic: “El sufrimiento puede convertirse en placer”

Diez años después, el técnico montenegrino logra otro sorprendente título de Liga con el Baskonia sacando lustre a su filosofía espartana

Dusko Ivanovic y el banquillo del Baskonia celebran una canasta en la final
Dusko Ivanovic y el banquillo del Baskonia celebran una canasta en la final

La final más excepcional de la historia de la Liga ACB resultó un ejercicio de supervivencia, física y mental. En la cabeza y en las piernas de los jugadores se acumularon los tres meses de confinamiento, los siete partidos en 14 días de competición exprés y el peso de un recorrido reciente con más decepciones que alegrías. El palmarés les esperaba desde hacía demasiados años y los 40 minutos se hicieron un mundo. Vildoza se escapó a espaldas de Kuric y encontró finalmente la rendija hasta la gloria. Una puerta atrás a pase de Polonara que valía el título. 10 años después, Dusko Ivanovic lo volvió a hacer. El Baskonia era, por cuarta vez en su historia, campeón de Liga.

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¿Qué significa ganar otro título?, le preguntaron a Dusko nada más concluir la final. “Muchísimo”, acertó a decir mientras soltaba un suspiro. Acto seguido, esquivó el protagonismo y se refirió al capitán de su tropa, Shengelia. “Teníamos que ganar por Toko. Hasta ahora no había ganado nada. Tenía que ganar esta vez”, soltó. Era el séptimo trofeo de Ivanovic con el Baskonia y el primero de Toko Shengelia. “Han pasado muchas cosas en estos seis años. Derrotas en partidos importantes, lesiones graves... Pero ahora todo ha merecido la pena”, explicó el jugador georgiano, antes de resumir las claves de la conquista. “Nunca dejamos de creer ni de luchar. Gracias a Dios ganamos”, soltó. Pretendido por el CSKA, a la pregunta sobre su continuidad en Vitoria solo respondió con un “hoy toca celebrar”, tan críptico como concluyente.

En mitad de la fiesta con eco en La Fonteta, también tomó la palabra el presidente del Baskonia, Josean Querejeta. “Estoy muy feliz con el título, por todo lo que el equipo ha pasado este año. Nuestra afición lo tiene que celebrar como se merece”, comenzó su discurso, que pronto se detuvo en un nombre propio. “Dusko tiene nuestro adn, el carácter Baskonia. Recogió un equipo tocado anímicamente y castigado por las lesiones y lo ha hecho campeón. Lleva aquí muchos años y ojalá siga con nosotros muchos más”, completó Querejeta.

Barça y Baskonia se jugaban un título tan excepcional como perentorio para sus vitrinas agarrados al libreto de sus dos entrenadores fetiche, Pesic e Ivanovic. Dusko, con sus galones extraviados en el Besiktas, apareció las pasadas Navidades en Vitoria como solución nostálgica para restaurar un sueño de campeonato que se apagó en 2010. En Valencia cayó la cuarta Liga del Baskonia. “Los jugadores me decían: ‘hemos sufrido mucho’. No entienden que, si das sentido al sufrimiento, el sufrimiento se convierte en motivación, en placer. Lo aprenderán seguro. Son jóvenes y tienen tiempo”, expuso el técnico montenegrino, de 62 años. Un discurso, entre estoico y espartano, sobre el que ha cimentado toda su carrera. Otra revancha de Ivanovic con la historia y con el Barça.

El día de San Valentín de 2008 se rompió el amor entre el Barça e Ivanovic. El técnico montenegrino llegó al Palau en 2005 con el caché de haber ganado una Liga y dos Copas en su primera etapa con el Baskonia, pero el romance con el club azulgrana no terminó de fructificar: un título en dos temporadas y media (la Copa de 2007). Una frase le costó el puesto: “No puedo hacer más con los jugadores que tengo”. Xavi Pascual pasó de asistente a primer entrenador del Barça y Dusko regresó al Baskonia como si todo hubiera sido un mal sueño. A todos les fue mejor. Pascual permaneció en el banquillo del Palau ocho años y medio en los que conquistó 12 títulos. En su segunda etapa en Vitoria (2008-2012), Ivanovic ganó otra Copa y otra Liga. En 2010, el destino les reunió en una final liguera a priori desigual. El todopoderoso Barça campeón de Europa, con Navarro, Ricky, Basile, Lakovic, Pete Mickeal, Fran Vázquez, Lorbek, Ndong… se presentaba como claro favorito, pero el Baskonia de Dusko, agazapado pero hambriento, devoró a los azulgrana con un histórico 0-3 culminado por el célebre dos más uno de San Emeterio en el Buesa Arena. No intuía entonces la exultante afición vitoriana que su equipo iba a entrar en una década aciaga. La espera acabó en la fase final excepcional de Valencia a la que la tropa de Dusko llegó más fuerte que nadie, hercúleos en lo físico, rocosos en lo mental.

Desde aquella Liga de 2010 y hasta ayer en Valencia, el Baskonia no había sumado ni un solo título y tan solo había disputado tres finales (dos de la Supercopa en 2011 y 2018 y la de la Liga de la temporada 2017-2018). Tampoco a Ivanovic le fue bien fuera de casa, con una progresiva pérdida de caché resultado de un infructuoso viaje por Bosnia (seleccionador), Grecia (Panathinaikos), Montenegro (Buducnost), Rusia (Khimki) y Turquía (Besiktas). Seis años de maleta errante sin echar ningún trofeo al zurrón. Volvió a casa por Navidad y su fórmula volvió a adquirir vigencia. Sus soldados volvieron a ser los mejores. Dusko lo ha vuelto a hacer. El Sargento es leyenda en Vitoria.

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