LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Revivir el España-Malta y la última Davis

Los medios deportivos combaten la ausencia de competición con reposiciones históricas que sacian a los aficionados. Emisiones como el partido de 1983 y otros éxitos recomponen las programaciones

Rincón marca durante el partido entre España y Malta de 1983, en el Benito Villamarín de Sevilla.
Rincón marca durante el partido entre España y Malta de 1983, en el Benito Villamarín de Sevilla.

Ante la carestía de competición, los medios se han convertido en el mejor alivio para el déficit deportivo de los aficionados. Eso sí, los medios especializados se han visto obligados a rediseñar la programación y en bastantes casos, como en el de la radio y la televisión, a reducir de forma considerable algunos espacios e incluso a retirarlos de parrillas y escaletas. “A nosotros también nos ha cambiado el paso, también somos víctimas”, introduce Juan Andres García Ropero, Jefe de Deportes de Movistar+, que a su vez explica que por ahora la suspensión de los campeonatos no están repercutiendo de forma negativa en su canal.

“Seguimos emitiendo un informativo diario en directo, con mucho mérito, y vamos reinventándonos sobre la marcha. Por ejemplo, estamos ofreciendo algunas noches temáticas, como una de Maradona y Messi o la del primer anillo de Pau Gasol con los Lakers (2009), y hemos recuperado algunos documentales que ligan con la actualidad, como el de Ronaldinho [encarcelado recientemente]. Las hazañas de los deportistas o sus crisis han tenido siempre una acogida muy buena”, amplía García Ropero, incidiendo en la amplitud de la nevera y el catálogo, así como en el adelanto de estrenos.

Mientras los ejemplares de la prensa deportiva van adelgazando, los formatos comprimidos se imponen en la radio y las webs van rizando el rizo, la televisión ha descubierto un filón en las reposiciones vintage. Si los primeros días se abusaba de vídeos virales de los deportistas y sus entrenamientos caseros, los canales sacian ahora a los telespectadores a base de nostalgia. En Eurosport, los aficionados han podido revivir durante la última semana algunos éxitos de Rafael Nadal y Teledeporte ha rememorado el triunfo de España en último Eurobasket femenino, el Mundial de ciclismo que ganó Abraham Olano (1995) o la primera Ensaladera en la Copa Davis (2000).

Sin embargo, ha sido el fútbol el mejor colchón para suavizar el golpe. La goleada a Dinamarca en la clasificación para el Mundial de 1994 concentró a 172.000 personas (0,9%) y el pasado miércoles, la emisión del 12-1 de España a Malta, en 1983, congregó a 336.000 espectadores (un 1,8% de share) frente al televisor. Le sigue la proyección de la final de la Recopa de 1995, con el golazo del zaragocista Nayim al Arsenal: 243.000 espectadores (1,5%).

Ansiedad y refugios

La televisión, el elemento que condujo al deporte hacia otra dimensión, exhibe su transversalidad en medio del territorio adictivo. “Una privación como esta puede incrementar los niveles de ansiedad de la persona. Por una parte, puede mantener la esperanza de que no se alargue esta situación en exceso, dada la incertidumbre respecto a las fechas de regreso de las competiciones, pero por otra, puede ponerse en el peor de los escenarios y pensar que no disfrutará de espectáculos deportivos por un largo período de tiempo”, observa Carlos Rey García, psicólogo deportivo y cofundador de UPAD Psicología y Coaching.

“Todo depende de la persona, pero si utiliza este tipo de espectáculos para relajarse, evadirse o canalizar sus emociones, probablemente sí, puede aumentar esa ansiedad. Pero ocurriría lo mismo si utilizase cualquier otro tipo de refugio externo”, matiza el especialista.

“Hay una identificación entre el espectador y lo que ocurre en este tipo de eventos. Cuando se gana una competición, cuando se pierde, cuando hay determinados gestos”, sostiene el sociólogo David Moscoso en referencia a ese apetito constante de los hinchas. “Hay una necesidad de dar respuesta a demandas de sensaciones, la necesidad de experimentar sentimientos que no se viven en la realidad”, prosigue. “Hay personas que nunca tendrán la posibilidad de estar una final olímpica o de Champions, pero que pueden formar parte de ese momento a través de su participación como espectadores. Así se llena de contenidos de emociones a nuestras vidas”, concluye Moscoso.

Frente al vacío y la ausencia de la adrenalina cotidiana que activan las competiciones, ya sea en forma de goles, canastas, sprints o aces, los amantes del deporte rebobinan y se aferran a los tiempos pasados, haciéndose poco a poco a la idea de que el show permanecerá congelado bastante más de lo deseado. “A la población normal o no patológica que pueda manifestar pequeños episodios de ansiedad, y que no sufran un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) relacionado con el contexto deportivo, les recomendaría pequeñas lecturas sobre la materia, podcasts, que realicen técnicas de relajación o algún tipo de actividad física”, recomienda Rey García.

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