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Otra España para la saga

La selección, que inició una reconstrucción hace dos años con vistas a 2021, jugará ante Holanda su primera final de un Mundial tras fulminar a la gigante Noruega

Las jugadoras españolas celebran el pase a la final del Mundial.
Las jugadoras españolas celebran el pase a la final del Mundial. AFP

“No hay excusas, no hay excusas”, advertía la capitana Nerea Pena en los corrillos tres días antes de volar al Mundial de Japón. Quería decir, en realidad, que no había excusas para no terminar entre las siete primeras y atar así la clasificación para el preolímpico. Ese era el objetivo real de la selección femenina de balonmano en este campeonato, algo que tampoco se daba por hecho a la vista de los precedentes, en los que no había superado el undécimo puesto.

Dos semanas y media después, la pamplonesa, que este viernes cumplió 30 años, y el resto de la expedición lucharán por primera vez en su historia por el oro en una Copa del Mundo tras despachar en semifinales a la gigante Noruega (22-28). Su rival este domingo será Holanda (12.30, La 1), que hizo lo propio contra la gran favorita, Rusia (32-33). La vencedora irá directa a los Juegos de Tokio. Una gesta inesperada, incluso para sus propias protagonistas —“no llegamos en las mejores condiciones”, reconocía Pena antes de embarcar— y un nuevo hito para el deporte femenino en España, caladero fértil de éxitos.

La cumbre que no pudo coronar la mejor generación del balonmano, la que alumbró un equipo con marca propia (las Guerreras) con iconos como Marta Mangué (1.034 tantos en 301 encuentros) y Macarena Aguilar (638 dianas en 240 partidos), la alcanzó un grupo de jugadoras en las que apenas se había reparado hasta hace dos días. Y lo consiguió sin una de sus almas, Carmen Martín (221 internacionalidades y 751 goles), que se cayó de la convocatoria por lesión a una semana de viajar al país asiático.

Hasta la explosión nipona, la selección andaba de perfil bajo, en plena reconstrucción con el ojo puesto en el Mundial de 2021, que se celebrará en España. Tras la trágica eliminación en Río 2016 y un mal Europeo seis meses después, la Federación acometió una revolución integral. Prescindió de Jorge Dueñas, el director de aquel conjunto inolvidable que se colgó las cuatro únicas medallas de España (entre 2008 y 2014), y entregó el banquillo a Carlos Viver, de 46 años, para que abriera la ventana del vestuario. Integrantes de la vieja guardia como Mangué, Aguilar, Nely Carla Alberto (346 goles) o Eli Chávez (185 encuentros) ya no volvieron a una lista, y fueron relevadas por jugadoras jóvenes, alguna de las cuales solo acumulaban cuatro internacionalidades, como era el caso Jennifer Gutiérrez o Maitane Etxeberria, presentes ambas en el Mundial de Japón. Ellas, en unión con las veteranas que se mantuvieron (Silvia Navarro, Shandy Barbosa y Nerea Pena), eran la alternativa a la época dorada.

La obra perfecta

La apuesta hizo bingo este viernes en Kumamoto. La semifinal fue su obra perfecta, una metáfora de la mezcla entre veteranas y noveles, con el cemento de una clase media que ha resultado determinante en este renacer. Dos de la vieja guardia, como Shandy Barbosa y Nerea Pena, mostraron el camino en el arranque contra Noruega. Lo continuaron tres integrantes de esa clase media, Almudena Rodríguez (MVP del partido), Alicia Fernández y Marta López. Y lo coronó bajo palos Silvia Navarro con una actuación colosal (nueve intervenciones) a sus 40 años y tres metales en el pecho. “Llegar al podio es difícil, pero no imposible. La esperanza es lo último que se pierde”, decía la portera valenciana antes del torneo, agarrándose al tópico como el último recurso para creer.

Una vez el balón se echó al suelo, ya no hicieron falta frases hechas. Se impuso un conjunto gremial, expresado en una defensa de campeonato. Su pleno de triunfos en la primera fase puso en órbita a la selección y la preparó para empresas mayores. Aguantó como pudo la crisis tras dejar escapar la victoria frente a Suecia y cayeron contra Rusia (única derrota). Entonces se marcharon a cenar a un restaurante para celebrar el pase al preolímpico, hasta que llegó la victoria de Montenegro ante las suecas que les metió en semifinales. Agotadas, pero sacudidas todas las ansiedades, se destaparon con una actuación para el recuerdo contra una Noruega confusa y gripada. Siempre superada por una España que se coló en la historia cuando nadie la esperaba. Casi, ni ellas mismas.

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