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El United frena la racha de victorias del Liverpool

La falta de imaginación oprime el duelo de Old Trafford, saldado con un reparto de errores que impide al líder de la Premier igualar el récord de 18 victorias sucesivas del City

Adam Lallana anota el 1-1 ante De Gea. Ampliar foto
Adam Lallana anota el 1-1 ante De Gea. REUTERS

Un error de Robertson permitió a Daniel James meter un centro desde la derecha. Un error de Bissaka permitió a Robertson meter un centro desde la izquierda. El primer descuido supuso el 1-0. El segundo el 1-1. Entre medias, un trámite farragoso. Inglaterra se recuperaba de la resaca de la extraordinaria sesión sabática del Parlamento para decidir las condiciones del Brexit cuando este domingo el calendario reservó a la afición un clásico en forma de peñazo. Ni una tragedia para el United, que salvó el honor, ni un récord para el Liverpool, que de haber ganado habría sumado su 18 victoria consecutiva, igualando la marca absoluta del City de Guardiola en la Premier. Nada de gloria, poca belleza. Apenas un sudoroso reparto de desajustes.

You are going down!", cantaban los hinchas del Liverpool trasladados a Old Trafford, antes del pitido inicial. "¡Bajaréis a Segunda!". La derrota del United, sumada a una carambola de resultados en la parte baja de la tabla, amenazaba con sumergirle en puestos de descenso. Desde el curso 1989-90, cuando ganó el campeonato por última vez, el Liverpool no acudía a casa de su vecino del norte con tan buenos números y augurios a su favor.

M. United
MNU
1
-
1
LIV
Liverpool
M. United
De Gea, Harry Maguire, Nilsson-Lindelöf, Marcos Rojo, Scott McTominay, Ashley Young, Wan-Bissaka, Fred, Andreas Pereira (Brandon Williams, min. 93), Daniel James y Rashford (Anthony Martial, min. 83).
Liverpool
Alisson, Matip, A. Robertson, Trent Alexander-Arnold, Virgil Van Dijk, Wijnaldum (Naby Keita, min. 81), Henderson (Lallana, min. 70), Fabinho, Roberto Firmino, Mane y Divock Origi (Oxlade-Chamberlain, min. 59).
Goles
1-0 min. 35: Rashford . 1-1 min. 84: Lallana .
Árbitro
Martin Atkinson
Fabinho (min. 69).
Estadio:Old Trafford

Diecisiete victorias consecutivas eran una prueba irrefutable de la regularidad del Liverpool en la obtención de buenos resultados. Respecto a la mentalidad de los jugadores y su comportamiento en el campo, las estadísticas suponían un indicio y un equívoco. Porque, más allá de la magnífica serie, el juego exhibido por el equipo de Klopp en las últimas semanas daba muestras de distensión. El pressing coordinado sobre el balón, seña de identidad del campeón de Europa, ya no resultaba tan asfixiante. Después de un año de sacrificios maratonianos, los jugadores tienden a regular esfuerzos. Por ese resquicio se oxigenó el United, repentinamente vivificado ante la angustiada mirada de su entrenador, Ole Gunnar Solskjaer, que se juega el puesto en cada jornada.

La intensidad presidió el partido pero esto no se tradujo ni en orden, ni en precisión, ni mucho menos en buen juego. Prevalecieron las consignas tácticas, los automatismos sordos, los gestos preestablecidos. El Liverpool insistió en las prospecciones con pases largos a las bandas, a ver si en una de esas Origi o Mané sorprendían por los flancos al trío Lindelöf-Maguire-Rojo. El United replicó con pelotazos de sus centrales a Rashford. A falta de imaginación, los jugadores se refugiaron en el libreto dictado por sus entrenadores. Todo era una trabazón, un bloqueo, una condena al aburrimiento, cuando pasada la media hora un accidente precipitó los acontecimientos.

Lindelöf pateó a Origi cerca del área local. Sintiéndose tocado, el atacante sobreactuó la caída. Mientras los jugadores del Liverpool gesticulaban pidiendo falta McTominay lanzó a James a la contra. Para que hiciera aquello que en situaciones estables no había podido consumar. Por fin James ganó la espalda a Robertson y metió el centro. En el área, Rashford puso lo más hermoso de la jugada: un desmarque. El vilipendiado atacante inglés amagó al primer palo, dejó que Matip entrara al engaño, se frenó y se fue al segundo para conectar solo el envío. Golpeó con el exterior, a un toque, de volea. Fue un buen gol. Solo manchado por la posibilidad de que fuera ilegítimo. Los jugadores del Liverpool pidieron el juicio del VAR para inhabilitar toda la acción debido a la presunta falta de Lindelöf sobre Origi.

El árbitro, el viejo Martin Atkinson, convalidó el gol. La sentencia coincidió con la disolución definitiva de Origi. El belga, sustituto del lesionado Salah, pasó inadvertido por un partido que le presentó un problema insuperable. El hombre solo sabe expresarse con grandes espacios, el United se concentró en su área con su línea de cinco defensas bien guardada por los otros seis jugadores, y el Liverpool no concibió más fórmula de penetración que el balón largo, el cambio de orientación, y los centros laterales de Robertson y Arnold. Apagado Firmino, en el magnífico equipo de Klopp no apareció ni un solo voluntario para dar un pase interior.

Un balón de 60 metros de Arnold a Mané acabó en el fondo de la red previo error de Lindelöf y previa mano de Mané para controlar la pelota. Era el 1-1 y subió al marcador. Lo anuló el VAR a pedido de De Gea y de Lindelöf.

El Liverpool presionó y se adueñó del campo y el balón abandonados por el equipo local durante la hora que le restó al duelo. Con la misma falta de sutileza demostrada en la primera parte, el líder de la Premier movió el balón de banda a banda en busca del lateral que colgara el centro a la olla. El United se tapó como pudo. Con eso le bastó para resistir hasta el minuto 85. Entonces Bissaka llegó tarde al cierre por primera vez permitiendo a Robertson redimirse de su error. Error por error. El envío de Robertson fue limpiamente interceptado por Lallana, que sorprendió de Rojo y empujó la pelota solo en el segundo palo para poner fin a un clásico sin gran repercusión. El Liverpool sigue siendo líder con 25 puntos; el City es segundo con 19; y el United, 13º con 10 puntos, no conjura la amenaza de ruina.

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