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El sinvivir de Dembélé

El extremo, operado en su día por una rotura muscular en el muslo izquierdo, encadena lesiones en la pierna desde que llegara al Barça

Dembélé, durante el duelo ante el Villarreal.

Con el semblante serio y ataviado con el chándal del Barça, Ousmane Dembélé se contentó con ver el partido y el triunfo ante el Getafe desde la grada, de nuevo castigado por la reiterada fragilidad de sus músculos. Nada extraño en un jugador que desde que llegó al Barça ha pasado por la rebotica en siete ocasiones y se ha perdido 46 de los 126 duelos del equipo (36%). Pero bien curioso si se aprecia que solo tiene 22 años y que antes de llegar al Camp Nou no contaba con lesión alguna en el Rennes y apenas una baja de diez días en el Dortmund por unas molestias en el flexor de la cadera.

Cuentan desde el club que a Dembélé le costó al inicio asimilar el precio de su traspaso al Barça -105 millones de euros fijos más otros 40 en variables- y la consiguiente presión por rendir a la altura. También se señala su conocida falta de profesionalidad, con variables como la impuntualidad, el ausentismo y malos hábitos alimenticios y de sueño, hasta el punto de que desde el Barça le llamaron al orden en varias ocasiones, desde el vestuario le echaron la bronca y desde el área deportiva, tras su último desplante –cuando no se presentó a hacerse las pruebas médicas tras una lesión por un viaje que tenía programado al inicio del curso-, le dieron un ultimátum. “Ha respondido muy bien y está muy motivado”, convienen ahora desde la entidad, todos con un mensaje muy similar. Pero eso no quita la penalidad de Dembélé, de nuevo en la trastienda por otro problema muscular. “Notaba alguna molestia. He hablado con él, estaba tranquilo, y ha sido más por precaución”, expuso Valverde para justificar su descarte en la convocatoria de Getafe. “Tiene una sobrecarga muscular en los isquiotibiales del muslo izquierdo”, descifró el área médica este sábado sin especificar el tiempo de baja.

Nada más llegar al club, Dembélé comenzó con una procesión de lesiones que con el paso del tiempo asemeja interminable. Fue en septiembre de 2017 en un choque ante, precisamente, el Getafe, cuando con un taconazo notó cómo se le rompía el bíceps femoral izquierdo. “Fue un gesto muy agresivo. Puede ocurrir, pero quizás un jugador más veterano no lo hubiera realizado”, le aleccionó Valverde. Pero no estaba para eso el jugador, que debió pasar por el doctor Sakari Ostrava en Finlandia para someterse a una operación y así tratar de corregir una rotura que le mantuvo tres meses y medio en el dique seco. Intervención, en cualquier caso, que no se sabe si fue apropiada porque de las siete lesiones de Dembélé dos fueron por esguince y de las otras cinco musculares, cuatro recaen en el muslo izquierdo. Como ahora.

Y es que algo ocurre con Dembélé porque las molestias parecen perennes desde hace un tiempo. A su regreso, frente al Villarreal, fue un ciclón, el futbolista que se reclama en el Camp Nou por su capacidad de desequilibrio. Pero ya se echó la mano al muslo al acabar el duelo. “No sé nada”, se extrañó Valverde. Aunque unos días más tarde, ya en la previa contra el Getafe, notó molestias en la zona y así lo advirtió al cuerpo técnico. “No ha tenido buenas sensaciones y hemos preferido que descansara pensando en los próximos partido”, indicó Ion Aspiazu, ayudante Valverde. Queda por ver si llega para el duelo europeo del miércoles ante el Inter. Entre otras cosas porque el como dicen en el club: “Necesitamos la mejor versión de Ousmane porque es un jugador distinto. Aquí se juega al toque y él es diferente porque puede sentar a dos en una misma jugada”. Pero para eso, le tienen que respetar las lesiones y sobre todo su muslo izquierdo.

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