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Los campeones agotan su energía en las celebraciones

Los jugadores de la selección de baloncesto regresan a sus equipos sin apenas margen de recuperación

En vídeo, la selección española, con el presidente Pedro Sánchez. En vídeo, el presidente del Gobierno recibe en La Moncloa a la selección española de baloncesto. GTRES | Vídeo: Atlas

Después de 31 días de concentración y 23 de expedición en China, la aventura mundialista de la selección española de baloncesto desembocó en el oro de Pekín. El triunfo de un equipo en comunión que tuvo el compromiso de estar, el mérito de competir y el premio de volver a la cima. Llegó extenuada, como se comprobó en las celebraciones, intensas pero medidas. Uno de los salones de boda del hotel Shangri La de la capital china fue el escenario de la fiesta de los campeones en la que sonó música pachanguera y de culto a partes iguales, con los grandes éxitos de los Hombres G como disco destacado. Una banda sonora ochentera para el primer baile sin los Júniors de Oro del 80. Al frente de los festejos estuvo la generación del desquite, con Ricky Rubio, Sergio Llull y Víctor Claver (el ambicioso motor de los que llevaban dentro las decepciones de 2010 y 2014 y el anhelo de 2006 que les cogió demasiado jóvenes). Ellos fueron los que arroparon al capitán, Rudy Fernández, y los que tiraron de un exhausto Marc Gasol para integrarle en un guateque que, a esas alturas del maratón, se le hacía inabarcable. De nuevo, el quinteto de seguridad de Scariolo reunido en la pista.

Con 119 partidos en las piernas y en la cabeza y sin apenas margen de desconexión, el campeón de la NBA ya cavilaba sus próximos planes antes de tomar el vuelo de vuelta a Madrid. A finales de semana viajará a Memphis para terminar una mudanza que dejó a medias allá por el mes de febrero para embarcarse en otra gran misión junto a Sergio Scariolo, la de ganar el anillo. Y después de cerrar la casa en la que pasó su primera década en la meca estadounidense, comenzará una preparación física específica de tres semanas para llegar en condiciones a su volver a empezar particular sin haber casi acabado. Una tortura china que ha padecido durante todo el campeonato.

Más apretado será aún el calendario de muchos de los jugadores de la ACB, fundamentalmente el de los cinco finalistas del Real Madrid: Rudy y Llull por España, y Campazzo, Laprovittola y Deck por Argentina. Entre la ambición, la prudencia, las necesidades y el sentido común, Laso tendrá que calibrar su participación en la Supercopa que se disputa este mismo fin de semana y a la que llegarían con un exiguo margen de recuperación y preparación de apenas cuatro días. Habiendo dado varios meridianos de vuelta a su jet lag y viniendo del campeonato más duro, por viajes y cambios de sede, de los últimos tiempos, todos podrían perderse el pulso con el Barça que anuncian los pronósticos (si los azulgrana superan al Valencia y los blancos al Fuenlabrada). La terna Pau Ribas, Claver y Oriola comparte circunstancias con los madridistas pero sus cinco fichajes de relumbrón, Mirotic, Higgins, Abrines, Brandon Davies y Delaney llevan semanas trabajando con Pesic, amortizando la renuncia del propio Mirotic a disputar el Mundial.

De todo ello se hablaba en el vuelo IB2888 Pekín-Madrid, en el que se dedicaron muchas más horas al sueño y la recuperación que a prolongar la verbena. El animoso capitán de la aeronave intentó avivar una felicidad anestesiada por la gloria y el cansancio. Al aterrizar esperaba, además, el sobreesfuerzo que marca el protocolo del triunfo. La seguridad china, en sus últimas trabas en un Mundial claustrofóbico, retrasó la formalización de los billetes de parte de la expedición y generó un efecto dominó que obligó a mantener negociaciones diplomáticas a más de 20.000 pies de altura. Moncloa y Zarzuela rivalizaban por el orden de recibimiento a los campeones mientras se perfilaba el recorrido de la cabalgata con final en una reconfortante cena a la que ya se había apuntado Pau Gasol, siempre presente incluso en el primer oro de este siglo que llegó sin él en la convocatoria.

De oro a oro, de Saitama 2006 a Pekín 2019, España ha conquistado 11 medallas en 13 campeonatos. Una contabilidad que no resiste comparación con ninguno de sus competidores europeos y mundiales. En este mismo tiempo, la finalista Argentina suma ocho, los semifinalistas Francia y Australia, cinco cada una, y los grandes cocos de la Copa del Mundo: Estados Unidos (ocho), Serbia (cuatro) y Grecia (dos). Una colección que se amplía si se contabilizan las medallas en categorías de formación. No solo de Pau se hablaba en el vuelo del oro. Santi Aldama, Usman Garuba, Carlos Alocén y Juan Núñez son la ilusión de continuidad de una cadena que como sentenció Ricky tras conquistar el mundo “no se quedaba en los Júniors de Oro”. “En esos nombres está el futuro de un camino al que no se le ve el fin”, se felicitaba el presidente, Jorge Garbajosa.

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