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Griezmann, el Principito que necesita ganarse al Rey

El delantero francés aspira a marcar diferencias en San Mamés en ausencia de Messi

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Griezmann, en el duelo ante el Arsenal. REUTERS

Hay futbolistas que le vienen como anillo al dedo a un equipo, caen de pie nada más llegar al campo, sin necesidad de que empiece el partido; en el caso del Barça hablaríamos por ejemplo de Frenkie de Jong, elegido ya como el mejor en el trofeo Joan Gamper y elogiado después en la pretemporada desarrollada en América. Y por el contrario, hay jugadores que despiertan dudas y necesitan ganarse a la afición y también a la plantilla por más recomendados que estén por el entrenador: sería el caso de Antoine Griezmann.

La manera de ser de Griezmann, un delantero coqueto, muy pendiente de su peinado, admirador de David Beckham, no encaja mucho aparentemente en el universo del serio Messi, acaso preocupado solo por el corte de su barba pelirroja, líder por la manera que administra sus silencios, capitán en el vestuario y en la cancha, rey del Camp Nou. Messi y Griezmann, en cualquier caso, no han coincidido todavía en la cancha, porque el argentino se lesionó el mismo día en que el equipo viajaba de gira a Estados Unidos.

El 10 no ha hecho pretemporada y no jugará hoy tampoco en San Mamés. Así que se continuará especulando con o sin razón sobre el calibre de sus relaciones con Griezmann. No hay preocupación en el club porque sostienen que la única obsesión de Messi es ganar —y necesita ayuda— y confían en que Griezmann desmienta cualquier prejuicio como ya hizo en la Real Sociedad y en el Atlético. El Principito, el apodo con el que se le conoce, triunfó en San Sebastián y en el equipo de Simeone cuando se dudaba de su capacidad de adaptación, rechazado también de joven por liviano en Francia.

A Griezmann le avalan sus goles y también su sentido del juego, futbolista de equipo por excelencia, capaz de jugar en distintas posiciones de ataque por más que su sitio ideal ha sido el de media punta, el puesto más discutido en el ortodoxo 4-3-3 del Barça y sobre el que ahora no se polemiza porque lo ocupa Messi. Ausente el argentino, Griezmann empezó por jugar de 9 para desplazarse al extremo izquierdo después de la incorporación de Luis Suárez, un ariete con el que compartió el mate camino de Estados Unidos.

La clásica zamarra del 11 es la que parece reservada a Griezmann con o sin Messi, mientras la directiva discute con el Paris Saint Germain por el regreso de Neymar Junior. Griezmann, de todas maneras, tiene asumido desde el día de su presentación que se hará perdonar en el campo con sus “asistencias”, señal de que oficialmente piensa más en confraternizar con Suárez y Messi que en competir por el Pichichi. El delantero sabe que deberá ayudar a presionar y defender en un equipo en el que a menudo se descuelgan el 9 y el 10, los dos puntas de Valverde.

Dinámico y versátil

El entrenador quería un tercer delantero de verdad, después de constatar la irregularidad de Ousmane Dembélé y la nula aportación de Kevin Prince Boateng. Y al Txingurri le gusta aquel delantero que descubrió en la Real, dinámico y versátil, capaz de contragolpear y también de llegar al área por sorpresa, buen rematador y pasador, decisivo también en el Atlético. Griezmann deberá recuperar su mejor versión en el Barça después de una actuación intermitente en el Mundial. No se trata de administrar esfuerzos ni de jugar al pie, como se advirtió últimamente en algunos encuentros, sino de correr, desmarcarse e ir a por la portería contraria en el complejo Camp Nou.

No es casualidad que haya sido el jugador más utilizado por el técnico en la pretemporada. Valverde necesita de su aportación ya mismo en Bilbao. El partido llega que ni pintado para Griezmann, autor de ocho goles en 18 partidos contra el Athletic, un rival al que también se le da bien Luis Suárez, autor de cinco dianas, decisivo en el partido que abrió LaLiga 2015-2016: 0-1 La estadística asegura también, por otra parte, que el Athletic no pierde en San Mamés desde que le entrena Gaizka Garitano: 12 partidos, ocho victorias, cuatro empates, uno del Barça.

Ya campeón del mundo en la pasada Copa del Mundo con Francia, Griezmann aspira a ganar LaLiga con el Barcelona y a sentarse en la misma mesa que Messi y Cristiano Ronaldo, como advirtió en 2016 y creyó haber conseguido en 2018, afirmación que no se sabe como se tomó el 10. La afición azulgrana parece esperar precisamente un gesto del capitán hacia Griezmann, para olvidar el rechazo de la temporada pasada cuando descartó el fichaje por el Barça y renovó por el Atlético.

Aquella decisión, anunciada por televisión, todavía no ha sido digerida por la hinchada y escuece en el vestuario; hay un cierto recelo sobre la forma de ser de Griezmann, la manera de expresarse y su imagen. Al delantero le conviene por tanto marcar diferencias en el césped, para saber de su valía y compromiso con el juego y con un equipo que aspira a ganar su tercera Liga consecutiva con Valverde. El reto empieza hoy en La Catedral sin Messi —no ha sido ni convocado; tampoco fueron citados Arthur, Arturo Vidal, Wagué y Todibo— razón de más para que los focos se posen en Griezmann; es su gran oportunidad nada más llegar al Barça.

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