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Hijo predilecto de Roma

'Un capitán', del periodista Paolo Condò, reconstruye la vida de Francesco Totti, un futbolista que trasciende a lo deportivo

Hijo predilecto de Roma

Había algo en aquel niño que llamó la atención del Papa Juan Pablo II. Durante una audiencia celebrada en la sala Nervi del Vaticano, la madre del infante ha logrado hacerse un hueco en primera fila. Lo coge en brazos y lo aúpa al paso del pontífice, que roza suavemente la cabeza del pequeño. El Papa camina unos metros más y, de repente, se detiene. Vuelve sobre sus pasos, se inclina sobre el pequeño y le da un beso en la frente. Francesco Totti tenía por aquel entonces seis años, vestía aquel día un mono de un amarillo intenso y era rubio “como un angelito”, según el mismo recuerda. Hay foto del encuentro. E interpretaciones para todos los gustos. “El Señor tiene asuntos más importantes de los que preocuparse que difundir el talento futbolístico”, dice Totti. Que a su madre le robaran la cartera en aquel momento quedó, claro está, en un segundo plano.

Totti es uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol. Hombre de un solo club, vistió durante 25 años la camiseta de la AS Roma. Jugó 785 partidos, anotó 307 goles y dio 198 asistencias. Fue campeón del Mundo en 2006. Su figura trasciende a lo deportivo. Para entender la fuerza y el alcance de Totti, hay que conocerlo en profundidad. El libro Un capitán (Córner) brinda una gran oportunidad para hacerlo, en lo personal y en lo profesional. Recoge conversaciones con el periodista Paolo Condò, a través de las cuales se reconstruye la vida de uno de los hijos predilectos de Roma. Está narrado en primera persona y construido sobre un intenso trabajo de documentación y memoria en el que también ha participado el entorno más cercano del jugador. De alguna forma, Totti quería que en este libro estuviera recogida su esencia y también la de la Ciudad Eterna, en cuyas calles creció y dio sus primeras patadas al balón.

Una anécdota para ilustrar lo que significa para muchas personas: la de aquel preso que, habiendo cumplido ya su condena, pidió alargarla una semana más. Totti iba a visitar la cárcel y quería hacerse una foto con él.

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