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La eterna juventud de Uruguay

La Celeste acostumbra a tener jugadores de experiencia que representan el estilo de juego de la selección charrúa

Luis Suárez, en el partido de Uruguay ante Ecuador en Belo Horizonte. Ampliar foto
Luis Suárez, en el partido de Uruguay ante Ecuador en Belo Horizonte. REUTERS

“Viejo es el viento y todavía sigue soplando”, subraya Roberto Carmona. Tiene 57 años. De profesión, futbolista. En el año 2010, cuando tenía 48 y jugaba en Albión de la Tercera uruguaya, estaba de paseo en un centro comercial con su hija. Esta cogió el libro de los récords Guinness y, sorprendida, le preguntó: “¿Papi, por qué no estás acá?”. “No lo sé”, respondió Carmona; y eso que le había batido la marca de longevidad al portero italiano Marco Ballota. Anónimo, Carmona se puso manos a la obra: la burocracia le durmió el premio hasta 2014. “Es un trámite muy costoso, con pasajes, estadía y demás para los enviados de Guinness, cuesta como 8.000 dólares [7.200 euros] que te lo den”. Ahora ya espera a colgar las botas para quedarse con el premio definitivo. “Está en nuestro ADN, mira Luis Suárez y Cavani, tienen más de 30 años. ¿Y? Ni se nota. El atleta uruguayo es sacrificado, luchamos, la remamos… Hacemos cualquier cosa por jugar a la pelota”.

Luis Suárez tiene 32, cumplirá 33 en enero. Para llegar fino a esta Copa América y tras superar una operación de rodilla, se puso bajó la tutela de María Antonia Lizárraga Dallo, nutricionista del Barça, responsable de la iniciativa Eat Like a Pro. “Bajé tres kilos”, dice el 9. Marcó un gol en el estreno de Uruguay en la Copa América ante Ecuador. Edinson Cavani también tiene 32 años, su cumpleaños cae en febrero. Firmó un golazo de tijera frente a la selección de Bolillo Gómez. El promedio de edad de Uruguay en Brasil es de 27,4 años, la tercera más longeva de la Copa, después de Paraguay (31,4) y Chile (28,5).

Hace un año, en Rusia 2018, ocupaba la cuarta posición en la lista con una edad promedio de sus jugadores de 28,4. Cuatro años antes, en Brasil 2014, tercera: 28,6. “Cuando se encuentra un grupo de futbolistas que da resultado, al cuerpo técnico se le hace complicado cambiar”, asegura Gustavo Poyet, exjugador del Zaragoza y del Chelsea entre otros, internacional en 26 oportunidades con la Celeste. La selección charrúa llegó a los cuartos de final en Sudáfrica y Rusia, campeón de América en 2011. El Maestro Tabárez, de 72 años, lidera a la selección desde 2006. “Antes se iban los entrenadores, pero seguían los jugadores. Ahora se quedan los mismos futbolistas y el mismo entrenador. El Maestro tiene claro qué es lo que quiere. Y todos los saben”, vuelve Poyet, que entrenó en la Premier desde 2007 a 2015 y pasó por el banquillo del Betis en 2016.

En un país de 3,5 millones de habitantes, las generaciones se exprimen al máximo. En el Mundial 90, en el primer Mundial de Tabárez en el banquillo, la generación de Francescoli llegó a Italia con una media de edad de 27,2. En 1995, levantaron la Copa América. Entonces, Uruguay entró en un vacío de títulos hasta que volvió a liderar América en 2011, ya con la camada de Suárez y compañía al frente. “Con el Maestro las renovaciones se han ido haciendo muy paulatinamente. La gente quería que se cambie todo. Pero no es así. Un día se fue Forlán, otro día se fue Abreu, se fueron el ruso Pérez y Arévalo Ríos. Todo pausado. Los buenos resultados llegaron de una forma y esa forma está ligada a los futbolistas, pero también a la idea de Tabárez. Y ha sido exitosa, ¿por qué cambiarla? Ahora asoma una nueva generación con Valverde, Bentancur, Vecino y Nández y ellos ya están mamando la esencia del fútbol uruguayo con este grupo”, opina Martín Lasarte, exentrenador de la Real Sociedad.

“Tengo 57 años, juego de 10 y en la cancha tiro caños, cosas ricas. Soy uruguayo, que el Guinness espere, hay Carmona para rato”, remata Carmona, símbolo de la eterna juventud del fútbol uruguayo.

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