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El Deportivo incendia Riazor con un primer paso hacia Primera División

El equipo coruñés remonta el marcador y el buen juego del Málaga para ganarse una ventaja de dos goles en el primer partido del play-off de ascenso a la máxima categoría

Carlos Fernández y Borja Valle celebran un gol del Dépor. En vídeo, declaraciones de José Luis Martí, entrenador del equipo coruñés.

En un partido con todos los ingredientes que hacen grande el fútbol, que expuso dos estilos y los mostró en lo bueno y en lo mejorable, con goles, remontadas y polémicas, el Deportivo dio un paso más que el Málaga en una eliminatoria que exigirá al equipo andaluz una remontada en su estadio si quiere seguir en la pelea por ascender a Primera División. Ganaron los coruñeses (4-2) en una liza vibrante, con momentos mágicos en un estadio que llevaba tiempo desenganchado del equipo y que ahora cree que una temporada con momentos de pesadilla puede acabar en un dulce despertar.

Deportivo
DEP
4
-
2
MGA
Málaga
Deportivo
Dani Giménez, M. Somma, Saúl García, Domingos Duarte, David Simón, Pedro (Nahuel, min. 68), Fede Cartabia (Caballo, min. 80), Edu Expósito, Bergantiños, Borja Valle (Vicente Gómez, min. 85) y Carlos Fernández.
Málaga
Munir, Federico Ricca, Iván Rodríguez, Luis Hernández, Pau Francisco Torres (Diego González, min. 79), Badr Boulahroud (Morán, min. 65), Adrián (Pacheco, min. 65), Keidi, Javi Ontiveros, Renato Santos y Gustavo Blanco.
Goles
0-1 min. 17: Luis Hernández . 1-1 min. 20: Carlos Fernández (p). 1-2 min. 36: Javi Ontiveros . 2-2 min. 55: Pedro . 3-2 min. 62: Carlos Fernández . 4-2 min. 77: Borja Valle .
Árbitro
César Soto Grado
Pedro (min. 12), Iván Rodríguez (min. 24), Keidi (min. 29) y Javi Ontiveros (min. 90).
Estadio:ABANCA-Riazor

Quien deba jugar una eliminatoria teñida con tanta tensión y exigencia debería tomar el molde con el que partió el Málaga en Riazor, con autocontrol y paciencia para mover la pelota y al rival, con jerarquía para imponer su idea con balón y un plan claro para convertir el partido en un calvario para el Deportivo cuando lo recuperaba. Partió incómodo el equipo local, sin recursos para salir de la presión y afianzarse con el esférico en los pies. Ahí, en esa puesta de largo, el Málaga se sintió más. Y lo fue.

Pero los partidos transitan y mudan y el dominador Málaga pasó por periodos delicados y acabó con un color muy diferente al del inicio. Estuvo al filo del desastre cuando a la media hora, en una contra tras una acción a balón parado, Fede Cartabia le quitó las pegatinas a Keide Bare y se disparó hacia la portería de Munir. El centrocampista albanés le agarró para frenar su escapada y el árbitro resolvió la situación con una tarjeta amarilla que, en realidad, pareció como poco anaranjada. Para entonces el partido estaba empatado, pero los dos equipos ya habían marcado. Lo hicieron en un partido con más sustancia en la pizarra que en las áreas. Costaba entrar en ese castillo, pero no siempre funcionó la vigilancia. La despistó Carlos Fernández, un delantero, en la marca de Luis Hernández, que remató a la red ante las barbas de Dani Giménez un centro combado de Ontiveros.

Ocurrió que no hubo tiempo a percibir virajes en el partido porque nada más ponerse el balón en juego Ricca cometió un penalti evitable sobre el laterak David Simón. Y Carlos Fernández se enmendó desde los once metros. Fue ahí, mediado el primer tiempo, cuando todo se igualó, y no sólo en el marcador. En la refriega se activó el Deportivo, que encontró el hilo del partido en el cuerpo a cuerpo. No le sobra manejo al equipo de José Luis Martí, más cómodo en las transiciones que en la generación. Y el planteamiento paciente del Málaga le dañaba. Por eso en cuanto prendió la mínima chispa semejó más voraz. Pero cuando se barruntaba el fuego, ese lume que desde el club se fomentó como santo, seña y contraseña para este final de temporada, el Deportivo se sintió a sus anchas.

Hasta que Ontiveros tomó el extintor y lo descargó sobre las brasas. Ya no es la primera vez que castiga al Deportivo. Cuando era un adolescente se puso de largo con un golazo desde fuera del área que le derrotó en el último minuto en un duelo en La Rosaleda. Tras vaivenes de juventud (tiene apenas 21 años) y algún parón ha vuelto a crecer desde la llegada de Víctor Sánches del Amo al Málaga. El técnico le pide abrirse y el chico es un extremo a la antigua usanza, de los que se acomodan a pierna cambiada. Tiene regate y disparo. Fue llamativo que nadie del Deportivo se lo tapase para negarle la opción que valió el segundo tanto del equipo andaluz. Estaba lejos, pero la pelota salió de su bota derecha con veneno, imparable para Dani Giménez, atónito ante la parábola que describió. En la segunda parte, con el partido ya empatado, otro intento de Ontiveros se estrelló en el palo.

Dos goles en contra como local cuando el empate final en la eliminatoria supone una derrota no es un buen camino. Pero el Deportivo se revolvió contra su fortuna. Tuvo casta para hacerlo, encontró la manera de imprimirle al partido dos marchas más y seguía con el mechero en la mano. Salió tras el descanso con esa convicción que había exhibido el Málaga una hora atrás. Y llegó Fede Cartabia, al que se esperaba desde hace meses. Otro Ontiveros, por velocidad, regate y capacidad para demoler zagas. El extremo argentino cocinó dos goles que le dieron la vuelta al partido, que lo pusieron patas arriba, también a Riazor. Se los dio a Pedro Sánchez y Carlos Fernández para convertir un duelo que nació visitante en una fiesta local.

El Málaga había perdido el control, pero no dejó de acechar entre esfuerzos y agonías. El Deportivo supo sufrir. Y golpear. Desatado como estaba encontró aliento para castigar al rival con su pegada, la de Borja Valle, que colocó un disparo ceñido al palo, lejos de Munir, para llevar la ventaja coruñesa dos goles arriba y con un cuarto de hora por cumplir. Ahí, con las piernas cargadas, empezaron a pesar los diez meses de competición. Pero nada se para. Todo sigue y el sábado habrá más.

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