Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

“A Hazard le gusta más dar el último pase que marcar goles”

El técnico francés Claude Puel, exentrenador de Van Dijk, Lloris, Lacazette y Hazard, finalistas de Champions y Europa League, reflexiona sobre la formación de jugadores

Claude Puel bromea con Van Dijk tras un partido de Premier. Ampliar foto
Claude Puel bromea con Van Dijk tras un partido de Premier. GETTY

Eden Hazard, Alexandre Lacazette, Virgil van Dijk y Hugo Lloris tienen dos cosas en común. Esta semana disputan las finales de las competiciones de la UEFA y en edad formativa pasaron por las manos de Claude Puel (Castres, Francia, 1961). Volante del Mónaco de Arsène Wenger, George Weah y Ramón Díaz; y luego ayudante de campo del propio Wenger, luce un currículum único en la Ligue 1. Es el hombre con más partidos en la primera categoría de Francia entre futbolista y técnico: 1.222. El récord no le convierte en un adepto de la escuela de su federación, promotora del fútbol defensivo que caracterizó a la selección campeona del mundo en 1998 y 2018. Como Wenger, Puel es contracultural en su país. Habla en perfecto español.

Pregunta. ¿Cómo descubrió a Eden Hazard?

Respuesta. Lo hice debutar con 16 años. Él jugaba en la reserva del Lille justo detrás de mi hijo Grégoire. En aquella época Grégoireera un delantero rápido de buen golpeo que marcaba muchos goles porque tenía a Hazar detrás que le daba muchos balones. Yo lo conocí así. Un día le subí al primer equipo y le hice jugar un partido amistoso contra el Brujas. Hizo un truco, cogió el balón y dribló a cinco en fila. Y cuando todos a su alrededor dudaban, él se paró y pisó el balón. Miró, dio un toquecito, un pase, un balón de gol, para que su compañero lo empujara. Desde el banquillo yo no vi la solución que él encontró conduciendo la pelota. Entonces era parecido a lo que es ahora. No tenía nada que aprender. Poseía una sangre fría extraordinaria. Era capaz de driblar observando todo lo que ocurría a su alrededor y adivinando lo que harán los demás. Pensando en todo momento en líneas de pase. Creo que podría mejorar. Porque le gusta pasar y no le gusta finalizar. Y podría convertirse en un goleador porque tiene toda la calidad para ello. Ahora él encuentra placer en dar la pelota.

P. ¿Cuál su posición ideal?

R. Puede jugar en el medio, en la izquierda y en la derecha. En todas partes. Lo que ocurre es que en la izquierda se encuentra cómodo porque a él le gusta entrar al área y desde allí tira la diagonal.

P. ¿Qué recuerda de su primer encuentro con Lacazette?

R. Fui a verle jugar con el equipo reserva del Lyón. No corría nunca, jamás pedía la pelota, no se movía al espacio, no defendía. Nada, nada nada… No hizo nada en 90 minutos. Pero metió un gol y se quedó contento. Para él,aquello equivalía a un buen partido. Tenía un gran carácter. Era difícil hacerle comprender que necesitaba trabajar, correr, pedir el balón a los espacios. Primero lo hice jugar como lateral porque tenía muchos delanteros. Después lo puse de extremo para que ganara tiempo aguantando el balón hasta que los demás subieran. Después lo pasamos al medio del ataque. Ahí tiene todo lo que necesita un goleador. Es pequeño pero esto no es un problema para él. Ha progresado mucho sin el balón. Corre, trabaja para el equipo. Se ha vuelto un jugador completo.

Van Dijk no quería defender fuera de su área. Le mostré un vídeo de Piqué para enseñarle cómo se hacía y no le gustó

P. Destaca a Lacazette por su progreso sin el balón. ¿Eso es cada vez más decisivo en el fútbol moderno?

R. Lacazette puede ser un jugador como Luis Suárez. Puede bajar al mediocampo para jugar un poco y pedir el balón al espacio. Para mí él podría hacerlo muy, muy bien en el Barcelona. El problema de Suárez es que ha perdido condiciones físicas. Era más pujante, arrancaba más. Ahora no. En un equipo que no le sirva muchos balones estaría en dificultades porque ha perdido velocidad para hacer la diferencia solo. Sabe desmarcarse, ir en profundidad y pedir la pelota, porque es goleador. Pero necesita algo más. Con Guardiola el Barça jugaba el 80% del partido en campo contrario. Ahora aceptan jugar en bloque bajo. Cuando estás tan atrás necesitas un delantero que te aguante la pelota cuando sales para permitir que el equipo avance. Suárez pierde la pelota continuamente. El problema está ahí. El Barça no tiene jugadores con atributos para replegarse, ceder el balón y defender en su campo. Futbolistas como Alba o Busquets son eficaces para defender en campo contrario, pero no pueden recuperar el balón si el equipo se mete atrás. Si quieres jugar un fútbol técnico necesitas jugadores técnicos, si quieres jugar al contragolpe la técnica ya no es tan importante.   

P. Usted insiste en la idea de resistencia, de constancia en los movimientos. Esta temporada vemos el auge de atacantes como Van de Beek, Bernardo Silva,Son, Mané… Ninguno basa su juego en el dribling. Hace décadas hubo jugadores que hicieron carreradriblando. ¿Hoy el dribling está devaluado?

R. Driblar es una buena cosa. Es una solución para dar posibilidades inesperadas. Si un jugador dribla pero detrás no hay nada, el dribling es nada. Si dribla hace la diferencia porque abre líneas pero detrás debe haber algo. Es importante tener jugadores que puedan driblar pero a condición de que sean inteligentes para comprender su entorno en sintonía con sus compañeros. Hazard es un ejemplo. Puede jugar a un toque, puede recibir y devolver, retrasar el balón y volver a pedirlo…y en un momento dado driblará a tres jugadores, pasará la pelota y servirá un gol. Si él no tuviera el dribling nos quedamos pasando el balón sin avanzar…

P. Considerando los resultados de esta Liga Europa y esta Champions, ¿hacia dónde se encamina el fútbol? 

R. Lo que hemos visto con el Ajax, el Liverpool, el City… es la prevalencia de un cierto componente físico. Todos los que se imponen son equipos técnicamente de calidad, pero entre los equipos técnicos ganan aquellos capaces de hacer una presión constante, de repetir las carreras, de jugar rápido, de hacer transiciones a toda velocidad. Esto no significa que necesites atletas, gente corpulenta o alta en tus plantillas. Lo que ha cambiado es el modo de entrenar. Con más intensidad, más velocidad, más enfocado en las transiciones y en la defensa en campo rival. Lo vemos en el City: David Silva, Bernardo Silva, De Bruyne… Hace unos años no eran jugadores que trabajaran físicamente. Ahora son futbolistas que driblan, que pasan, que no dejan de moverse. Repiten los esfuerzos de un modo desconocido. La técnica hace la diferencia pero lo que ha aumentado es el volumen de juego. El problema del Barça en los grandes partidos es que vemos dos o tres futbolistas que no defienden. Con Guardiola hacían los esfuerzos para recuperar el balón arriba, como hace ahora el City. Ahora se repliegan y defienden con ocho o nueve y Messi y Suárez no regresan. No pueden hacer 70 metros a tope para bajar a hacer coberturas. Eso se traduce en dificultades. Han perdido la agresividad para recuperar la pelota arriba y eso implica que se abren, dejan espacios y se exprimen físicamente sin cualidades para ello. Sin continuidad posicional en campo contrario, debes ir y volver haciendo recorridos largos y Messi pierde conexión con el juego. El Barça necesita que Messi intervenga con más frecuencia. Porque cuando te repliegas para defender en bloque bajo debes defender con once jugadores. Con ocho no puedes. Hay que elegir cómo quieren jugar y el Barcelona no se ha decidido. Esta forma de abordar los partidos es suficiente para LaLiga pero contra equipos que juegan a una alto ritmo es problemático. El Liverpool fue superior al Barça en la ida y en la vuelta. Fue Messi el que hizo la diferencia en el Camp Nou. Nada más. En Anfield no han conseguido tener la pelota en la segunda parte y físicamente han explotado. El derrumbe fue, básicamente, físico.

P. ¿No cree que los espacios se han reducido tanto que ya lo esencial para desequilibrar no es el regate sino el desmarque?

R. Ese es el cambio que ha generado Guardiola en el fútbol. Lo importante es hacer las dos cosas: el regate y el movimiento sin balón. Hazard puede imponerse como driblador. Puede driblar en espacios reducidos porque siempre tiene el control del balón y el control del entorno. Porque juega con la cabeza levantada y cuando baja al mediocampo es lúcido. Es perfecto. Extraordinario. Cuando no hay espacios se imponen los jugadores inteligentes, los clarividentes, los analíticos, y los perfectos técnicamente. Aquí si haces un control defectuoso se acabó. La pelota va al adversario. El control bueno es el que prepara el cuerpo y el balón para hacer el segundo toque inmediatamente. Si haces un control entre líneas y debes acomodar la pelota otra vez antes de devolverla, te hacen la presión y se acabó. Para mí el nivel supremo es el Barcelona. Ahí vemos que Dembelé está en proceso de aprendizaje. Todavía le falta un poco de técnica en los espacios reducidos. Pero ataca los espacios y dribla. Debe haber un equilibrio entre los jugadores buenos con la pelota, los dribladores y los pasadores. En este sentido Hazard y Lacazette son complementarios. Los dos tienen un gran manejo de balón en espacios reducidos, los dos se asocian bien, los dos se mueven bien sin balón para recibir la pelota, y los dos saben jugarla al compañero. Pero a Hazard le encanta dar el último pase y a Lacazette le encanta marcar goles. Hazard es feliz cuando hace la diferencia con un pase decisivo. Lacazette es feliz cuando mete gol. Esto le empuja a desmarcarse con mucha energía para recibir el balón en posiciones de tiro.

En el Ajax, el Liverpool, el City… vemos la prevalencia de un componente físico. Son equipos técnicamente de calidad, pero capaces de hacer una presión constante, de repetir las carreras, de hacer transiciones a toda velocidad. El derrumbe del Barça fue, básicamente, físico

P. ¿Dónde está el secreto de Klopp?

R. El Liverpool tiene buenos jugadores pero técnicamente no son los mejores. Mané, Firmino y Salah han evolucionado muchísimo. Los mediocampistas son buenos jugadores de trabajo. Su excelencia está en la sincronización, en la presión, en la repetición de esfuerzos y en el poderío de los tres atacantes para desequilibrar. En esto se parecen al Tottenham: han hecho la diferencia con la intensidad física que han sido capaces de imponer en sus partidos contra rivales técnicamente superiores. Ahí han inclinado la balanza. El ritmo sin pausa es un signo inglés. Los ingleses no tienen una segunda marcha: van siempre al máximo. En España se juega con el cambio de ritmo: se acelera para sorprender al adversario. En Inglaterra se percute más. Por eso los entrenamientos son distintos, más cortos, nunca de más de una hora, y tremendamente intensos.

P. Usted que coincidió con Van Dijk en el Southampton, hace tres temporadas, ¿por qué cree que ha transformado tanto a este Liverpool?

R. Para hacer la presión es importante tener dos cosas: un delantero que indique la dirección del movimiento y un central que mantenga las líneas compactas empujando desde atrás. El central debe imprimir una cierta mentalidad a sus compañeros para cerrar las líneas, acortar los espacios y trabajar con concentración. Sin Van Dijk esto no sucedía. Pero el Van Dijk que llegó a Southampton en 2015 tampoco habría hecho esto. Se limitaba a defender su área. No jugaba.

P. ¿Por qué?  

R. Porque no utilizaba todas sus cualidades. Quería quedarse atrás. Quería defender en su área para no tener que jugar con grandes espacios. Se hacía difícil reprogramarlo para defender con 50 metros a su espalda. Era una pena. Era complicado hablar con él y convencerle de cambiar su juego. Sucede con los jugadores que tienen un carácter muy fuerte. Él tiene una personalidad difícil. Así que le preparé un vídeo con ejemplos de grandes equipos, de grandes defensores, en selecciones y en clubes. Para explicarle el rol de los grandes defensores centrales que empujan, que avanzan posiciones, que cierran líneas, que juegan con 50 metros a sus espaldas como hace Piqué. Él buscaba la seguridad del área. Quería estar tranquilo, en la zona de confort, y cuando le mostré los vídeos no le gustó. Pasaron los días. Lo convocó Holanda para un partido internacional. Miré el partido. Vi que comenzaba a hacer las coberturas más arriba, que elevaba el bloque y que no se despegaba de los atacantes para esperarlos atrás sino que los encimaba. ¡Lo que yo quería! Cuando regresó le dije: “Todo lo que has hecho con Holanda me ha parecido muy bien”. Me respondió apenas con una media sonrisa: movió levemente la comisura de los labios A partir de ese momento hizo seis meses extraordinarios. El Liverpool pagó el traspaso de 70 millones por lo que hizo en ese tiempo. Es un jugador de una calidad enorme. Es técnico, con un pie muy hábil para iniciar las jugadas, y agresivo.No es fácil encontrar un central tan alto con tanta sensibilidad en los pies y con flexibilidad para girarse. Los centrales de esta estatura suelen tener problemas en los movimientos de retorno. Esto se soluciona con anticipación. Él no es el más rápido ni el más intenso, pero es malicioso e inteligente y aprendió a anticiparse. 

P. Todos los centrales tienden a retroceder… ¿Esto no se puede considerar normal?

R. Es normal que los centrales se sientan más seguros en su área. Es instintivo. Van Dijk venía de jugar dos años en Escocia. Es otra cultura. Incluso los entrenadores ingleses de la Premier todavía predican que los centrales permanezcan en el eje, que nunca caigan a los costados, que nunca avancen demasiado. La cultura antigua inglesa es defender con todo el equipo en bloque bajo. Hasta hace poco no se progresaba más que por los costados y con balones largos. Esto generaba un duelo aéreo que definía el rol de los centrales. Ahora se ha producido un gran progreso. Han cambiado los técnicos y los futbolistas. Antes los delanteros centros eran todos altos y fuertes, iban al choque, se activaban con el balón largo y se especializaban en el duelo con el central. Todavía hay jugadores así, pero han aparecido Agüero, Firmino, Jesús... Son puntas que juegan la pelota. Eso obliga a los centrales a un progreso. Todavía tienen que manejarse bien en el juego directo pero también deben saber leer el partido, presionar arriba, ser rápidos en el giro y en la salida de pelota. Hoy los seis primeros equipos de la Premier juegan lejos de su portería y presionan arriba con 50 metros a la espalda. Para eso hacen falta centrales completos que afronten a todos los rivales de la misma manera. 

P. ¿Cómo se entrena el sentido de la anticipación? 

R. Depende de la cabeza. El jugador que se anticipa es el jugador inteligente. Pero se puede hacer un progreso para calcular, anticipar, ver la situación. Recuerdo que un día fui a Barcelona a visitar a Abidal, a quien hice debutar como profesional. Me quedé en la Masía viendo los entrenamientos de los equipos inferiores y observé cosas muy interesantes. Había chicos de 10-11 años que jugaban un partidillo en media cancha de nueve contra nueve. En el centro de la defensa solo había un jugador. Y en los costados un solo jugador para toda la banda: tenía que atacar y defender. Más tarde, según su calidad, se convertirían en extremos o laterales. Pero en la etapa formativa debían cumplir las dos funciones. Así el futbolista se hacía completo. Si de mayor se establecía como extremo, tendría piernas para defender; y si jugaba como defensor sabía atacar. Lo mismo sucede con los centrales. Se quedaba un central y un mediocentro en el medio, y como las alas subían era normal que se vieran defendiendo uno contra uno contra los atacantes y los mediocampistas contrarios. Cada vez que el equipo perdía el balón ellos iban rápido al contacto con el atacante para impedirle desarrollar velocidad. No tenían miedo de hacerlo. Aunque no eran rápidos. Así cogían confianza. Piqué y Puyol aprendieron desde muy jóvenes. No son veloces, pero han aprendido a jugar con mucho espacio a sus espaldas, a defender uno contra uno, a hacer muchas coberturas. Cuando llegaron a profesionales y Guardiola los utilizó así, no tuvieron problemas porque estaban acostumbrados.  

Ha cambiado el modo de entrenar. Con más intensidad, más velocidad, más enfocado en las transiciones y en la defensa en campo rival. Lo vemos en el City: David Silva, Bernardo Silva, De Bruyne… Hace unos años no eran jugadores que trabajaran físicamente. Ahora repiten esfuerzos de un modo desconocido

P. ¿Cómo se modifica una conducta adquirida en un futbolista ya maduro? 

R. He tenido defensas que en sus canteras jamás habían aprendido a defender alto con espacios. En Francia no se trabaja así y, cuando les pedías que defendieran arriba tenían miedo. En el momento en que estos jugadores sienten que van a sufrir un contragolpe, reculan. Y así dejan el espacio al atacante que se puede girar para atacarlos; el espacio necesario para acelerar y ponerlos en dificultades. Cuando lo que hay que hacer es exactamente lo contrario: ¡inmediatamente ir al contacto para impedirles girarse! Cuando los defensas maduran y llegan a profesionales es muy difícil que aprendan esto. Esto es lo que trabajamos con Van Dijk en el Southampton y con Maguire en Leicester. Cuando llegué a Leicester, Maguire tenía problemas para volver. Era técnicamente muy capaz y una vez que se lanzaba era rápido. Pero en los primeros instantes de la transición, cuando debía girarse sufría. Le dije: “Si tienes dificultad para retornar debes aprender a leer el juego para anticiparte”.

P. ¿No cree que el sentido de la anticipación implica un conocimiento profundo del juego que es muy difícil de inculcar?

R. Es importante desarrollar el jugador para un juego determinado. Es mejor que los centrales sean rápidos. Pero la falta de velocidad no es un impedimento si tú eres inteligente para evitar que el delantero acelere, ganándole la posición, interponiéndote en su trayectoria... Los vídeos con buenos ejemplos siempre son una ayuda para el entrenador. Les muestras a los futbolistas sus aciertos y sus errores, les planteas problemas: “¿Qué harías tú en esa situación?”. Los convences mediante un ejercicio intelectual. Es preciso que los centrales analicen todo lo que ocurre alrededor. Hay que dotarlos de buenos principios y después animarlos a que sean valientes. Basta con que sean receptivos. El capitán del Leicester, Wes Morgan, que tenía 33 años y no había iniciado jamás el juego haciendo otra cosa que pases largos, progresó muchísimo. 

P. ¿Qué jugadores condicionan más la construcción de un equipo? ¿Los centrales o el punta? 

R. Necesitas una columna vertebral. Portero, central, mediocentro y delantero centro. Es lo que da estatura al equipo. Cuando Guardiola llegó a Inglaterra no fue campeón en su primera temporada. Tenía un problema: el portero [Claudio Bravo] no era suficientemente bueno técnicamente y cuando sus defensas le buscaban para salir jugando él se agobiaba. Los adversarios comenzaron a presionar altoal City y generaron muchísimo peligro. Si el portero no les ofrece un apoyo confiable los defensas se ponen nerviosos. El City perdió balones así. Cuando en esos sistemas tienes dos o tres jugadores que no se encuentran cómodos, que no tienen sangre fría cuando los presionan, pones en peligro al equipo porque si pierdes la pelota estás desplegado, abierto, y tus rivales se encuentran con muchos espacios para hacerte daño.Por eso el City compróun portero que tiene manos en lugar de pies [Ederson]. Ahora cuando retrasan la pelota él sale jugando sin perder la posesión. En cada puesto tienen un jugador técnico. Si quieres elaborar así todos tus futbolistas, en todos los puestos, tienen que saber manejar el balón. Incluso el portero. Guardiola persigue conseguir una conexión. Como en una partitura musical. 

P. ¿Cuando el delantero centro no sintoniza con el juego elaborado se producen las mismas distorsiones? ¿Qué le parece la inclusión de Costa en la selección española?

R. A Costa hay que utilizarlo de manera diferente. A la contra. Yo en Leicester tuve un problema con Vardy. Porque Vardy con el balón no era bueno. El profundiza, juega a uno o dos toques, se desmarca y remata. Para eso es muy hábil. Pero para desengancharse y bajar a construir no es suficientemente técnico y cortaba la circulación.

P. Vardy tiene uno de los mejores desmarques de la Premier. ¿Por qué es tan necesario para un jugador así bajar a elaborar?

R. Él fue campeón con el Leicester jugando al contragolpe, a ganar el segundo balón. Pero cuando los equipos aprendieron y le negaron los espacios comenzaron los problemas. Vardy es un jugador que siempre va al espacio, pero cuando las defensas se cierran atrás no encuentras espacios tan fácilmente a la espalda de los centrales. Hay que combinar. Y con él no era posible. Desarrollamos una idea diferente para evolucionar. Promovimos jugadores jóvenes con talento en cada posición. Ahora el Leicester es uno de los equipos con media de edad más baja de la Premier y con mejores perspectivas de mejora. Pero trabajé desde la incomprensión. En un entorno tradicional de vieja escuela. Tuve que enfrentarme a los veteranos quequerían insistir en el modo de jugar que les había hecho ganar el título. Yo quería pasar a otra cosa porque repetir ese patrón de éxito ya no era posible. Había que reprogramar al equipo con jugadores de Inglaterra Sub-19 y Sub-21. 

Lloris fue siempre muy bueno aunque nadie preguntó por él cuando comenzó en el Lyón. En Inglaterra lo miraban con suspicacia porque ahí, en el juego aéreo, los porteros están desprotegidos por los árbitros y los golpean. Hay otra escuela. Los porteros británicos no se tiran. Se retrasan, se colocan, se afirman sobre las piernas y esperan

P. Si tiene que escoger una cualidad imprescindible en el delantero centro y en el portero, ¿por cuál se decanta?

R. Con el portero sucede lo mismo que con el nueve. Deben ser muy fuertes mentalmente porque están solos. Si el portero comete un error y recibe un gol está expuesto; si el delantero falla un gol tampoco puede esconderse. Los otros jugadores pueden apoyarse en el colectivo. La primera cualidad de los porteros debe ser gestionar la presión. Hugo Lloris de joven fue muy fuerte mentalmente. Cuando llegó a Lyón tenía muchos pequeños progresos que hacer. Yo quería que mejorara con el balón porque era un desastre sacando el balón jugado. Se lo dije: “Quiero que tú mejores esto”. Había otro aspecto llamativo: cuando se estiraba lateralmente su cuerpo no iba directo a la pelota sino que describía una curva en el aire. Este movimiento ascendente le restaba eficacia porque perdía tiempo. Tuvo un excelente preparador de porteros: Jöel Bats. Bats le enseñó pequeños trucos que le mejoraron y también le mejoró su salida de pelota. Trabajó muchísimo haciendo ejercicios de salida en corto, en largo, controles. No hay secretos. Repeticiones, repeticiones, repeticiones… Como un juvenil. Hasta que las cosas surgieran naturalmente. Él no había jugado al fútbol de esa manera. Comenzó en Lyón. Y ahora en el Tottenham saca el balón jugado con tranquilidad, se le ve seguro. Con Francia es parecido. 

P. Lloris acabó ganando un Mundial. ¿Esa capacidad fue evidente desde el principio?

R. Lloris fue siempre muy bueno. Era evidenteque tenía ese potencial, aunque los clubes no lo vieran. Porque nadie preguntó por él entonces. Los ojeadores buscaban porteros más grandes. Pero yo estaba seguro de que podía. No olvidemos que llegó al Tottenham como segundo portero. En Inglaterra lo miraban con suspicacia porque ahí hay muchos golpes francos, jugadas a balón parado, centros a la olla y balones largos frontales que exigen al portero una salida en la que se expone a que lo golpeen los delanteros. Allí los árbitros no protegen a los porteros. Para ellos es difícil. Hay otra escuela. Los porteros británicos no se tiran. Se retrasan, se colocan, se afirman sobre las piernas y esperan. En Francia van al suelo y cogen la pelota. Y si pueden salir, salen. En Inglaterra no salen casi nunca. Ante la duda permanecen sobre la línea. El patrón es diferente. Quieren porteros voluminosos para cubrir espacio bajo palos. No atacan los balones, no son buenos en la salida, pero ocupan el espacio atrás. En ese ámbito Lloris se queda más sobre su línea. Cuando sale no avanza tanto. Se cuida porque los delanteros hacen muchas faltas que no pitan. No es corpulento pero es muy despierto, tiene una gran reactividad, es enormemente sereno, y cuando salta se eleva mucho. Así lo compensa.

P. El triunfo de Francia en el Mundial de Rusia, con ese juego directo y esos contragolpes, generó un debate en España. ¿La era del fútbol que elevó a España al título mundial en 2010 ha concluido y estamos ante otra cosa?

R. Es muy fácil organizar una selección como la francesa para situar a todos en bloque bajo y contragolpear. Son problemas diferentes. En Francia tenemos muchos jugadores genéticamente muy poderosos en el plano atlético. Son la mayoría. Tienen pujanza, velocidad, y marcan la diferencia físicamente, pero de vez en cuandotécnicamente se ven limitados. Yo encuentro que en el campeonato de Francia hay demasiado jugadores que no son suficientemente buenos con la pelota. Hemos privilegiado el físico sobre la técnica. Para mí la técnica seguirá siendo siempre lo más importante, pero el fútbol también necesita un componente físico. Ese es el problema español: les falta un poco de fuerza, de talla, pero al mismo tiempo no pueden imitar el juego de esta Francia porque no tienen jugadores para eso. Deben buscar una alternativa aferrándose a lo que han hecho. La calidad técnica y la inteligencia para jugar deben ser la base española. Solo deben añadir un cambio en la transición, ser un poco más agresivos, más rápidos. Hacer hincapié en los intervalos ataque-defensa-ataque. Pienso que Guardiola ha hecho un gran progreso en este sentido.

Lacazette puede ser como Luis Suárez. Puede bajar al mediocampo para jugar un poco y pedir el balón al espacio. Podría hacerlo muy bien en el Barça. Ahora el Barça acepta jugar en bloque bajo y así necesitas un delantero que te aguante la pelota para permitir que el equipo avance. Suárez ha perdido condiciones físicas para eso

P. ¿A qué se refiere exactamente?

R. Cuando dirigía al Lyón jugué contra el Barça de Guardiola. Me deslumbró la calidad técnica de Messi, Henry, Iniesta, Xavi, Eto’o... Pero lo que más me sorprendió no fueron los pases milimétricos sino lo que hacían cuando perdían la pelota. Inmediatamente hacían una presión muy fuerte. Guardiola fue el primero en hacerlo. Ahora lo hacen todos los grandes equipos. Pero en el Barça de Guardiola eso también cambió: en su último año el juego se volvió demasiado lánguido. Los jugadores ya no hacían los mismos esfuerzos para pedir la pelota al espacio, para generar más transiciones veloces. Eso es lo que ha reencontrado Guardiola en Inglaterra. Este City tiene jugadores que no dudan en desplegarse rápido a la contra, que no dudan en encarar y driblar, en percutir, en atacar los espacios. Son muy intensos. En España también hay jugadores así. Hace falta combinar el toque con el ataque de los espacios. Hay que conservar la posesión y buscar más los desmarques al espacio con un mínimo de pases. A lo que ha hecho España hasta ahora hay que añadir una evolución en las transiciones. España tiene que conservar la calidad técnica, los jugadores inteligentes, la combinación. Si han conseguido ganar una Copa del Mundo de ese modo es porque no tienen el físico de los otros. Pero lo que tienen a nivel de juego es extraordinario. 

P. ¿Pogba es el arquetipo del jugador que promueve la federación francesa?

R. Si tienes la oportunidad de tener jugadores técnicos y físicos como Pogba, eso es lo ideal. Pero la técnica es la primera cosa.El problema en Francia es que todos los entrenadores buscan jugadores físicos. Que abarquen mucho campo, que corran, que choquen, que sean rápidos y potentes. Yo encuentro que esto es una vergüenza. En ataque buscanun tipo de jugador fuerte que empuje la pelota y haga la diferencia. Aunque no sea bueno con el balón, dentro del área carezca de condiciones porque no se perfile correctamente ni tenga sangre fría… Pero lo escogen porque es rápido, fuerte, y gana en el choque. ¡No estoy de acuerdo! Un jugador menos rápido y más inteligente siempre te aporta más.

P. Francia posee la cantera más productiva de Europa ¿Cómo se explica el auge de grandes talentos en una cantera que privilegia el físico? ¿Esto es producto del azar o de un método?

R. Pienso en Mbappé, en Dembelé, en Coman, en Pogba… Antiguamente se jugaba en la calle. Los futbolistas aprendían en la calle. Ahora es menos posible. Creo que hay muchos jugadores que aprenden mirando a los profesionales hacer la diferencia, sobre todo el dribling. Trabajan mucho así. Mirando a los grandes jugadores en Internet y reproduciendo gestos y adaptándolos. En Francia dejamos driblar. Somos tácticamente peores porque dejamos a los jugadores hacer lo que quieren. Reservamos la formación táctica para más tarde y a veces es demasiado tarde. Perdemos el tiempo. En España aprenden a jugar pero no tanto a driblar. Es el juego el que hace avanzar al equipo. En Francia la diferencia la hace el individuo. Los entrenadores no trabajan colectivamente y esto es un problema. Pero esto produce jugadores que individualmente aportan algo distinto en Europa.

P. ¿Qué convirtió a Mbappé en un grande del fútbol con 19 años? 

R. Que puso su calidad técnica al servicio de su inteligencia. Él no es un regateador fantástico. Es capaz de hacer cosas con el balón, pero no es excepcional. Neymar es mejor futbolista para combinar mientras que Mbappé se desmarca mejor. Juega mejor sin balón que Neymar y es más rápido. Lo que le define es saber cuándo demarrar, cuándo moverse. Si lo asisten bien es imposible de atrapar. Tiene una velocidad de locos y aprovecha esta cualidad en espacios reducidos. Esto es dificilísimo. Hoy vemos muchas defensas prácticamente impenetrables por la falta de espacios y Mbappé consigue desmarcarse ahí: no necesita 10-15 metros. Le basta con 3-4 para encontrar el hueco y abrir una buena línea de pase. Además, este año ha progresado mucho en su sentido de la definición. Es más frío. Antes desperdiciaba algunas ocasiones por precipitarse. Ahora cuando se queda delante del portero marca siempre. No sabemos cuál es su límite. 

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >