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El Real Madrid arrolla a un Estudiantes sin defensa

Los de Laso abruman al conjunto del Ramiro con 109 puntos y lo colocan con el agua al cuello a falta de tres jornadas para el final de la liga regular

Rudy lanza ante Clavell
Rudy lanza ante Clavell acb photo
Liga Endesa ACB Jornada 31

Finalizado

En Madrid descuenta los días y los partidos para defender la corona continental en la Final Four. El Estudiantes asiste a una angustiosa cuenta atrás para escapar de la quema del descenso. Los blancos se ventilaron el derbi como un trámite, los colegiales suspendieron otro parcial de filosofía y coquetean con el drama. Aplicados y afilados, a los de Laso les bastó con un primer cuarto de intensidad para llegar a la meta ajustándose el maillot y superando los 100 puntos ante un rival sin defensa.

Llegaba a trasmano el derbi madrileño, entre semana y en horario de late night, con el Estudiantes inmerso en la pelea por evitar el descenso y el Madrid mirando ya más que de reojo a la Final Four de Vitoria. A cuatro jornadas del final de la liga regular y a ocho días de la cita continental, los colegiales buscaban romper con la calamitosa secuencia de siete derrotas en los últimos ocho encuentros (ya son ocho de nueve) que les ha puesto con el agua al cuello y los blancos apuraban el reenganche en la pugna con el Barça por el liderato antes del playoff. Laso compareció con su quinteto habitual (Campazzo, Rudy, Taylor, Randolph y Tavares) y Berrocal apenas tardó seis minutos en recurrir al recuperado Gentile. Tras un mes de baja por una lesión en el hombro, el italiano esquivó en la víspera el papel de “salvador” y, lo cierto, es que no tuvo tiempo si quiera de replantearse su rol cuando el Madrid ya había lanzado el demarraje. Apenas hubo historia, ni rastro de tensión en un episodio plano de la rivalidad capitalina.

Los blancos descosieron la enclenque defensa de sus vecinos con un chaparrón de ocho triples en el primer cuarto (dos por barba para Taylor, Randolph y Rudy y un par más de Campazzo y Carroll) que dejó tiritando el derbi (30-16, m. 9). Para entonces, Caner-Medley era el único argumento del conjunto estudiantil (10 puntos y ocho rebotes en los primeros 20 minutos) mientras Laso lanzaba sus renovaba sus quintetos como vueltas de tuerca para agilizar trámites. Con Llull, Carroll, Deck, Thompkins y Ayón en pista la renta madridista siguió creciendo a buen ritmo (42-22, m. 14, tras el primer bingo de Llull desde el 6,75). Tirando más de tres que de dos como marca la tendencia, el Madrid llegó a los 10 triples con solo 16 intentos mientras su rival apenas había embocado dos (11 de 18 para el campeón en la primera mitad). No cambió el aire de la noche.

Los tiempos muertos del Estudiantes eran una mezcla de velatorio y gabinete de crisis mientras el Madrid cumplía su hoja de ruta. Tras otro triple, ahora de Thompkins, la diferencia superó la barrera de la competitividad (51-30, m. 18), a imagen y semejanza del choque de los cuartos de final de la Copa. Aquel día, la artillería madridista derritió en un santiamén la pasión del Estudiantes y el derbi madrileño se convirtió en un paseo militar del conjunto de Laso hasta semifinales. A estas alturas, los del Ramiro habían sumado la angustia clasificatoria a su crisis de juego, identidad y carácter. El lenguaje corporal de los colegiales y su defensa disoluta hablaban de una rendición anticipada, dejando los deberes en el aire peligrosamente. El calendario marca una visita a Valencia el domingo, un último duelo en el WiZink ante Obradoiro, y un cierre de liga en la pista del Joventut. Todos enfrentamientos peliagudos, tanto por la entidad o necesidad de los contendientes como por la hipotensión de los del Ramiro.

En la reanudación, Gentille sacó lustre algo de lustre a su hoja de servicios pero Taylor mantuvo la pujanza de su versión anotadora y conservó la renta local siempre en la frontera o por encima de los 20. Una bandeja del sueco, con la que sumaba 15 puntos, despejó cualquier dilema (76-54, m. 27) y le valió la ovación de la parroquia madridista en su viaje al banquillo para medir fuerzas. Un mal apoyo de Tavares, aparentemente sin consecuencias, fue el único sobresalto para Laso.

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