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Sterling, un pequeño gran tornado

El extremo del City, instruido por Guardiola, se revela como uno de los más desequilibrantes de Europa

Sterling habla con Guardiola durante el City-Brighton de Copa.
Sterling habla con Guardiola durante el City-Brighton de Copa. Reuters

Supera rivales con la potencia de una bala, los recursos minimalistas de un artesano y la determinación de un poseído. Desde la grada parece una figura diminuta frente a los talludos defensas que operan en el fútbol británico. Pero su hipermusculado tren inferior, coronado por el trasero de velocista jamaicano que regula su bajo centro de gravedad es capaz de hacer descarrilar un tren de mercancías. Raheem Sterling (24 años, Kingston, Jamaica) es el jugador inglés que más ha evolucionado hacia cotas de excelencia en los últimos dos cursos. La instructiva labor de Guardiola y su cuerpo técnico en el Manchester City han convertido a un extremo al que le costaba ordenar sus virtudes de serie en una amenaza nuclear cuando aparece en el último tercio del campo. Su productividad se ha multiplicado. Es el segundo goleador del equipo tras Agüero en esta temporada, con 19 tantos en total, y también suma 11 asistencias.

Guardiola se encontró en 2016 un extremo anárquico de 21 años que explotaba permanentemente su devastadora arrancada con la pelota. El City había pagado por su fichaje casi 69 millones de euros al Liverpool un año antes. Una apuesta personal de Txiki Beguiristain que muchos calificaron como operación de alto riesgo. Sterling pasó ese curso con Manuel Pellegrini, del que decía que entrenaba permanentemente ejercicios de posición en los que todo el mundo tenía la obligación de jugar a dos toques. Una celda para un vicioso del regate. Con Guardiola se sintió liberado.

El técnico catalán lo instruyó para dar sentido a su enorme potencial. Primero le convenció como al resto de sus delanteros de la capital importancia de la paciencia para abrir el campo y buscar siempre un pase extra para desordenar la defensa rival antes de la aceleración final en busca del gol. Si en las primeras campañas en Manchester sus números fueron discretos, ahora la evolución de Sterling le ha acabado convirtiendo en un delantero tan afilado como selectivo que hoy ofrece una versión integral por todo el frente de ataque y muy enfocada al gol.

Guardiola suele recordar su época de jugador cuando adiestra a sus delanteros en el arte de perfilarse para recibir la pelota con ventaja. Les habla de cómo Romario jamás se colocaba ni de frente ni de espaldas al balón para aceptar sus pases tensos o los más profundos de Laudrup. Lo hacía de perfil, una maniobra que también el Kun Agüero ejercita con maestría. Guardiola y su segundo, Mikel Arteta, consideraban que Sterling miraba demasiado la pelota antes de recibirla.

Ahora, con mucho entrenamiento, ha desarrollado automatismos muy específicos. Se aleja lo que puede del defensa más cercano y cuando la pelota llega Sterling ya está orientado hacia la portería. Es ahí donde aparecen la aceleración, la técnica de su pierna derecha, una cintura cimbreante, la imponente fuerza en carrera y las diagonales venenosas. También la genética de velocista que heredó de su madre, atleta jamaicana. Y su mejorada capacidad rematadora, acentuada por la exigencia de atacar re el segundo palo cuando el equipo encuentra profundidad por el costado opuesto. “Cuando Sterling no tiene tiempo de pensar ante la portería, suele ser gol”, afirma Guardiola. En un país que venera a los extremos de toda la vida, en Manchester están puliendo al ejemplar más heterodoxo.

Sterling se encara con la grada en Macedonia.
Sterling se encara con la grada en Macedonia. Reuters

Las últimas actuaciones de Sterling con la selección inglesa en marzo le han encumbrado como una referencia imprescindible en el equipo de Gareth Southgate. Ante la República Checa y Macedonia, por la fase de clasificación a la Eurocopa, Sterling provocó un penalti, regaló dos pases de gol y marcó cuatro tantos. El último, en tierras balcánicas, lo celebró abriéndose de orejas ante los abucheos e insultos racistas que le dedicaban los ultras macedonios. Después reclamó con un discurso inteligente ante los micrófonos un castigo real contra los abusos racistas que sufren él y varios jugadores negros en la Premier y con la selección. Días después también cargó veladamente contra Bonucci, el capitán de la Juventus que no defendió lo suficiente a su joven compañero Kean tras ser objeto de otro bochornoso coro racista tras marcar en Cagliari.

Nacido en Jamaica y criado en el conflictivo y multirracial barrio londinense de Brent, Sterling no olvida sus orígenes. El sábado pasado se gastó 24.000 euros para comprar 550 entradas para la semifinal de la FA Cup que el Manchester City ganó al Brighton en Wembley. Los destinatarios de los boletos eran cientos de críos que estudian en su antiguo colegio de Londres. Hasta hace poco los tabloides ingleses trataban a Sterling casi como un descerebrado millonario, poco responsable y caprichoso. En tiempos del Brexit y de debates sobre inmigración e identidad, muchos ingleses comienzan a pensar que Sterling es un ejemplo para una nación preocupada y una bandera de dignidad.

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