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Jesús del Moral y el éxito del kárate español: 20 medallas en tres años

"El kata perfecto tiene que tener corazón", dice el seleccionador de kata, que cierra el europeo con cuatro oros de cuatro

Jesús del Moral, la semana pasada en el CAR de Madrid durante un entreanamiento del equipo de kata.
Jesús del Moral, la semana pasada en el CAR de Madrid durante un entreanamiento del equipo de kata.

¿Puedo respirar ahora, no?, pregunta todavía con la tensión de la competición Jesús del Moral, 47 años, seleccionador español de katas. El equipo femenino (Lidia Rodríguez, Raquel Roy y Marta García) acaba de ganar el oro en el Europeo de kárate de Guadalajara; cinco minutos antes lo hizo también el masculino (José Manuel Carbonell, Sergio Galán y Francisco Salazar). Ha sido menos de 24 horas después de que Sandra Sánchez y Damián Quintero se subieran al escalón más alto del podio en el kata individual. En individual la competición dura tres minutos; en la de equipos, cinco. Los tres karatecas que lo forman trabajan con una sincronización que requiere horas y horas de ensayo. La expedición española ha cerrado el Europeo con seis metales; dos en kumite (oro de Laura Palacio en la categoría de +68kg y bronce el equipo masculino), que tiene su propio técnico, y cuatro de cuatro en kata. Es la primera vez en la historia de España. En esta disciplina, de la que se encarga desde 2016 Jesús del Moral, se ha hecho pleno de oro. Son 20 las medallas que ha cosechado el kata desde que Del Moral se puso al frente de la selección. Atiende a EL PAÍS mientras suena el himno de España.

Pregunta. La frase más escuchada estos días en los pasillos del pabellón es: ‘El mérito de todo esto es de Jesús’…

Respuesta. No creo que el mérito sea mío. Somos un equipo, somos un montón de gente los que estamos alrededor de estos chavales que son los que dan el cien por cien en los entrenamientos. El trabajo viene hecho desde las categorías inferiores y cuando tienes una base muy buena es fácil trabajar con ella. Si se le pone un poco de orden, ilusión y estructura, pues al final las cosas tienen que salir.

P. Son 20 medallas bajo su gestión.

R. Sí, pero porque he tenido la suerte de que me ha tocado así. Agradezco la confianza que depositaron en mí, yo sigo con mucha ilusión.

P. Contaban Sandra Sánchez y Damián Quintero que detrás de esto no hay más secretos que el trabajo y la ilusión.

R. Sobre todo el mantener esa ilusión en la gente que lleva compitiendo durante muchos años. Es difícil, eh. Lo hablábamos, que lo complicado casi no es llegar sino mantenerse en la élite. No es fácil gestionar eso.

P. Y quedan los Juegos de Tokio.

R. Eso nos da el extra de motivación necesario.

P. Usted se quita méritos, pero antes de que el COI anunció que el kárate sería olímpico, contaba Quintero que no había ni entrenador, que cada uno entrenaba un par de horas por su cuenta y luego afinaba con su maestro.

R. Cuando llegué a la Federación no había un método de trabajo ni había nada, es cierto. Simplemente se hacían las concentraciones previas a Mundiales y Europeos. También es cierto que no existía la carga de trabajo de campeonatos que hay hoy día. Como no se le pusiera orden a eso, los chavales no iban a llegar al cien por cien a los campeonatos. Lo estructuramos todo con el calendario de competiciones para intentar llegar la mejor manera posible a cada campeonato. Había que preparar un ciclo olímpico de cero y eché mano de gente que sí los había hecho durante mucho tiempo como es el caso de la gimnasia y del taekwondo. Somos un equipo: está el preparador físico, la unidad de control de rendimiento del CAR, médicos, psicólogos. No estoy solamente yo, hay mucha gente por detrás. Con trabajo, ilusión y estructura se tardará más o menos, pero llegaremos.

P. En el CAR mandó a escribir esta frase: “hoy vencí a mí yo anterior”. ¿Por qué y qué significado tiene?

R. Para mí es lo más importante y se lo digo a ellos: si cuando al terminar el kata se os queda la sensación de que al cien por cien ha sido vuestro mejor yo, yo estoy contento, me da igual que pierdan o gane. Claro que estoy contento si ganan, pero si te vas a tu casa diciendo: lo he dado todo, vas a ser un poquito mejor cada día. Eso es lo que pretendo con ellos, que den un poquito más, ese extra que los hace diferente al resto de la gente. Si mando diez repeticiones, que a la quinta no se echen para atrás, sino que aguanten al cien por cien hasta la diez. Es lo que les pido.

P. ¿Cuánto de complicado es sacar ese poquito más?

R. Es muy difícil. Es lo que marca la diferencia entre una competición de nivel medio y la alta competición. Es el plus que te hace pasar de ser muy bueno a ser excelente. Eso es lo que cuesta un mundo.

P. ¿Lo más duro de su trabajo?

R. Cuando se ha trabajado mucho y llegas a un campeonato y las cosas no salen todo lo bien que uno quiere. La cabeza en este deporte es lo más importante: es lo que más nos cuesta controlar y al mismo tiempo la que marca las diferencias. Todos aquí son técnicamente y atléticamente buenos y la capacidad de su cabeza de mantener el nivel y aguantar la presión es lo que marca la diferencia.

P. ¿Qué trabajo se hace para eso?

R. Hacemos mucho control de la respiración, del estrés, de la tensión, muchos ejercicios de visualización. Durante los entrenamientos, por ejemplo, les pongo música de campeonato, para que se metan en situación, también los cinturones de campeonato. Les intento simular que vivan esa situación y que vaya expresando al mismo tiempo que es lo que les hace estar o sentirse mal. Y que intenten usar la razón para que vean que lo que tienen es simplemente miedo; el miedo está en tu cabeza y tú puedes hacer que sea grande o muy pequeño. Ese miedo lo vas a tener siempre, si eres capaz de controlarlo y que te ayude a ser más fuerte y más enérgico, estupendo; pero el miedo no te puede dominar sobre todo porque es algo que está en tu cabeza y nada más.

P. ¿Cómo se gestionan cabezas y personalidades tan diferentes?

R. Intento analizar mucho cómo es cada uno y lo que requiere cada uno: uno requiere más apoyo, otro que le dejes un poco a su rollo...

P. Contaba Sandra que en su peor época, lejos del equipo nacional, hizo todo para que usted fuera su entrenador, porque estaba convencida de que era el único que la podía hacer mejor. Consiguió convencerle, sus resultados son brutales, su cara transmite coraje, energía, fiabilidad, fortaleza. ¿Qué la diferencia de las demás?

R. Su confianza. Sandra siempre ha sido buena, pero tenía ese punto que no… la gente que tenía a su alrededor le hacía creer que no era capaz de llegar, que ya no podía más, que ya había dado su tope… Y llega un momento que si no paras de escuchar eso, te lo crees. Yo en ella vi algo que es muy difícil ver en los demás: hay algo que te transmite, algo de fuera de serie… Es como cuando sale un genio entre un millón, tiene algo, y Sandra tiene ese algo. Confié en ella y le hice ver que ella también podía confiar en sí misma porque tenía cualidades de sobra para estar ahí. No fue un trabajo de la noche a la mañana, nos costó mucho tiempo y muchas caídas. Íbamos a los campeonatos con el objetivo de que ella fuese un poco mejor, pero no mejor que las rivales, mejor en general. En ese día a día de mejorarse ella un poco más, ha conseguido ser lo que es ella hoy.

P. Dice ella que tiene mucha mala leche.

R. Uffff no sabes cuánta… porque luego se ríe, eh, pero tiene mucha. Ese genio que saca en los katas… pues lo saca fuera de vez en cuando. Al mismo tiempo, esa mala leche le dura cinco minutos; es un cacho pan.

P. Confesaba Sandra que cuando quiso que fuera su entrenador, usted estaba un poco desencantado porque había tenido experiencias de gente que lo dejaba de un día para otro.

R. Ser maestro de kárate es fácil si solamente te dedicas a dar tus clases a gente que no tiene intención de competir, pero es duro en el mundo de la alta competición. Lo das todo, incluido tu tiempo libre los fines de semana, das más de lo que da un entrenador normal, te implicas mucho con una persona que crees que va a estar contigo toda la vida… Es la tradición que tenemos en el kárate, pero no así en la competición, allí hay un punto de ego y me llevé muchos chascos con gente en la que había puesto mucha confianza. No tenía ganas de volver a revivir lo mismo. Me decía: qué voy a estar aquí siete horas entrenando con una persona que luego me va a mandar a la mierda… o se cambia de club o lo que sea. No tenía ganas.

P. ¿Qué le hizo cambiar idea?

R. Sandra, que era muy pesada… La quise poner a prueba, para ver si tenía ganas de verdad. La puteaba mucho. Pero tenía ganas de verdad.

P. ¿Qué tiene que tener un kata perfecto?

R. Corazón. El kata perfecto es el que la gente que no sabe de kárate lo ve y se le ponen los pelos de punta. En kárate decimos que hay tres cosas importantes para hacer un kata: el cuerpo, la mente y el espíritu. Cuando las tres cosas funcionan a la perfección el kata se convierte en algo mágico. Es arte, por esto es un arte marcial, la expresas con tu cuerpo. Si te emocionas, es que está transmitiendo y está llegando de verdad.

P. ¿En qué no transige?

R. En que la gente perree. Tienes que saber sacar tu cien por cien en la situación que sea, te duela el pie, el brazo o lo que sea. Tienes que dar tu cien por cien porque así serás diferente al resto que se rinde en cuanto le duele un poquito algo.

Jesús del Moral posa con los cuatro oros conseguidos en kata (individual femenino y masculino; equipo femenino y masculino)
Jesús del Moral posa con los cuatro oros conseguidos en kata (individual femenino y masculino; equipo femenino y masculino)

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