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Diez copas de Europa y ningún gol en Anfield

El Liverpool ataca sin puntería y no logra romper la vocación defensiva de un Bayern tristón

Liverpool vs Bayern
Salah batalla con Alaba durante el partido en Anfield. AP

Tanta heráldica como se citaba en Anfield y ningún gol, cinco copas de Europa en las vitrinas de cada uno y un contemporáneo esfuerzo por anularse. Ganaron los diseños de los técnicos para evitar las fortalezas del rival, que no debe entenderse como un sinónimo de que nada ocurrió. Pasó que faltó pericia en los últimos metros, sobre todo al Liverpool, que hizo bastante más por ganar, que tiró mucho (quince veces) a gol y poco (apenas dos) entre palos. Ahora, en todo caso, sabe que un gol en Munich el día 13 le pondría en la ruta de los cuartos de final. Todo queda abierto porque el Bayern en su feudo será algo más que un pegapases.

LIVERPOOL, 0 - BAYERN, 0

Liverpool: Allison; Alexander-Arnold, Matip, Fabinho, Robertson; Wijnaldum, Henderson, Keita (Milner, m. 76); Mané, Firmino (Origi, m. 76) y Salah. No utilizados: Mignolet, Moreno, Lallana, Shaqiri y Sturridge.

Bayern: Neuer; Kimmich, Süle, Hummels, Alaba; Thiago, Javi Martínez; Gnabry (Rafinha, m. 89), James (Renato Sanches, m. 87), Coman (Ribéry, m. 81); y Lewandowski. No utilizados: Ulreich, Shabani, Davies y Mai.

Árbitro: Rocchi (Italia). Amonestó a Henderson y Kimmich

Anfield. 54.000 espectadores.

Nada que ver con aquellos viejos duelos entre ingleses y alemanes. Lo que se vio en Anfield fue un combate entre estilos. Lo fue desde que rodó la pelota, con el Liverpool empujando en la presión hasta la línea de gol del Bayern para encontrarse un rival empecinado en forzar el manejo desde ese fondo. Unos querían correr, otros marcar una sosegada cadencia. Klopp le pide a sus chicos que jueguen al fútbol como si acabasen de meter los dedos en un enchufe y a partir de ahí provocar descargas y cortocircuitos. Kovac trata de estirar el legado de Guardiola. En los diez primeros minutos de partido nadie había tenido tanto la pelota en los pies como el meta Neuer. No deja de ser un problema.

El Bayern pareció fuerte en ese inicio. Recibió un par de vaivenes, pero tuvo la casta y el acierto de lanzarse en busca de una respuesta que de tan inmediata pareció exuberante. Sin Müller, sancionado, ni Robben, lesionado, pero con dos jóvenes especialistas en los flancos, bien abiertos Gnabry y Coman para que se generasen espacios por dentro. Los tuvo el Bayern, pero no los vieron sus futbolistas, ninguna de sus estrellas apareció para que cuando se rompía la presión del Liverpool se engranase una marcha más que dañara a los reds donde semejaban más vulnerables. No pudo alinear Klopp a su dupla de centrales titular. Van Dijk cumplía sanción y siempre que faltó este año, una vez en Copa y otra en Copa de la Liga, el Liverpool perdió.

Pero con el paso de los minutos el Bayern perdió el mapa del ataque, más preocupado en que el tiempo transcurriese sin sobresaltos que en aprovecharlo para golpear. Que no le hablen de conformismo al Liverpool. Tras veinte minutos de trasteo llevó el partido a su terreno, el de la recuperación y la carrera, siempre con Firmino en el ajo si ocurría algo sugerente. Ya se había visto a Mané, que tuvo el gol en dos ocasiones en aquella fútil puesta de largo. Más tarde llegó Salah, pero sin concretar. Fabinho y Matip suplieron a los zagueros ausentes sin alardes, también sin tachones. Encontró la precisión el Liverpool y ahí tembló el Bayern, que llegó al descanso en precario. Cuando todos regresaron, el partido ya estaba de nuevo en la nevera.

El Bayern siguió a lo suyo y el Liverpool volvió a las andadas, a fallar en las últimas decisiones de cada jugada, sancionado por circular con el pedal a fondo. Bajó el ritmo sobre todo en la construcción desde atrás como si tratase de encontrar así el hilo que le negaban, pero esa pausa le frenó. Cayó el partido, lo trató de reactivar Klopp con la pujanza de Milner y Origi, que se fue más cerca de posiciones de remate que Firmino. Obvió el pegamento entre líneas el Liverpool para tratar de dar un último arreón. Neuer negó una vez más a Mané cuando ya estaba claro que el Bayern había negado el partido.

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