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La mutación de Darío Brizuela

El escolta de Estudiantes, segundo máximo anotador de la Liga, se preparó un mes este verano en el CAR de Granada

Brizuela celebra una canasta esta temporada
Brizuela celebra una canasta esta temporada acb photo

“Hay que dar la cara. Aquí no se viene a disfrutar”, lanza Darío Brizuela (San Sebastián, 24 años), entre la resistencia y la ambición, antes de medirse al Madrid por una plaza en las semifinales de la Copa. Dimensionar la progresión del canterano estudiantil, en determinación, producción y continuidad, en el escenario competitivo será uno de los grandes alicientes del derbi madrileño.

Donostiarra de nacimiento y canterano colegial desde 2011, con 16 años, Brizuela está completando su mejor temporada en la élite: es el segundo máximo anotador de la competición, con una media de 15,5 puntos por partido (solo por detrás de Laprovittola, 15,7), y el octavo clasificado en valoración, con 14,3 créditos de media. Su mutación, de prometedor jugador de complemento a líder de su equipo, se gestó el pasado verano en el Centro de Alto Rendimiento de Granada. “Tengo dos amigos entrenadores allí que son como mis hermanos, un preparador físico y un nutricionista. Desde que nos conocimos, hace ya dos años, voy todos los veranos a entrenar con ellos al CAR. Pero este año, en lugar de estar una o dos semanas, estuve un mes con sesiones intensivas, muy duras. Días de triple sesión que me han permitido subir el umbral de sufrimiento. Es lo que necesitaba para consolidarme en ACB y para estar a la altura después de haber debutado en la selección, que es algo que pensaba que no conseguiría en la vida”, cuenta Brizuela.

Brizuela, ante Llull y Ayón en el último derbi
Brizuela, ante Llull y Ayón en el último derbi acb photo

Un relato de autoexigencia y autoconfianza que, además de en lo físico y lo baloncestístico, también se apuntaló en lo anímico. “He trabajado como un loco, también en lo psicológico. Todos me decían que podía ser algo más que un jugador normal de ACB y me lo estoy empezando a creer”, cuenta ahora entre bromas y veras. “Tomo cosas de mucha gente para fortalecer mi personalidad. Cuando Van Persie se quejaba de que no jugaba, Wenger le dijo ‘hazte una lista con las cosas que sabes que tienes que mejorar y quién es el mejor en cada una de esas cosas’. Yo me hice esa lista y la tengo siempre en la cabeza”, explica el escolta, de 1,88m.

Estudiante de Psicología, apasionado de la Premier y del Arsenal, y cocapitán prematuro del Estu (junto a Edgar Vicedo), Brizuela afronta su último año de contrato y se ha convertido en una de las joyas del escaparate nacional. “Le van a salir muchas novias pero ojalá podamos mantenerle para construir el equipo en torno a él”, afirma el histórico Nacho Azofra, ahora técnico en la cantera colegial.

La última plantilla del Estudiantes que levantó un título, la Copa del Rey de 2000, en Vitoria, entrenada por Pepu Hernández, estaba integrada por 10 canteranos (Azofra, Jiménez, Alfonso y Felipe Reyes, Gonzalo Martínez, Aisa, Robles, Muñoz, Asier García y Arranz) y dos norteamericanos notables (Chandler Thompson y Shaun Vandiver). Ahora los cupos están casi invertidos. Pero, entre Cook, Gentile, Caner-Medley y Whittington, Brizuela reclama con fuerza los galones para sorprender de nuevo al Madrid como hicieron el día de Reyes en la Liga Endesa.

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