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La Real Sociedad supera al Athletic en el derbi de Anoeta

El conjunto donostiarra impone su ritmo y encarrila el duelo en una primera mitad, en la que puso más ganas que los rojiblancos (2-1)

En Donostia pedían otro ritmo. No es que reivindicaran a Pérez Prado y su Mambo número 8, pero sí un poco más de vidilla. Creían que así la cosa no iba bien, y por eso los dirigentes de la Real Sociedad decidieron hacer caso al pueblo; atender las peticiones. Y cambiaron el ritmo. Frente al Athletic ya fue otra cosa, por fin el himno sonó más rápido. Se acabó el son de la tamborrada, ese allegro ma non troppo que aburría a las ovejas.

El ritmo del equipo es otra cosa. Siguió siendo ese devenir cansino, habitual en Anoeta, pero enfrente estaba un Athletic gris oscuro al que le hubiera importunado hasta un rival a la pata coja, vamos, que no parecía su día, y eso que se jugaba el derbi, donde siempre se dirime algo más que un partido de fútbol.

En realidad, en el campo donostiarra, el ambiente fue monocolor. En la grada, porque por las obras, no se vendieron localidades a los rojiblancos, y en el césped, porque el Athletic nunca se sintió cómodo ante una Real más intensa, ma non troppo, a la que le bastaron los chispazos de Oyarzabal en la primera parte para asustar a los rojiblancos. A los 11 minutos ya apareció el donostiarra en el área pequeña para asustar a Herrerín. Salvó Yeray. Poco después, la monumental empanada de Dani García durante toda la primera parte, enlodó al Athletic. Fue en un balón largo al que perdió de vista mientras volaba. Oyarzabal le ganó la posición por detrás para plantarse ante Herrerín, burlarlo y marcar a puerta vacía. Willian José también tuvo su oportunidad minutos más tarde. Iñigo Martínez, el jugador más odiado por Anoeta, salvó y envió a córner.

En pleno desconcierto rojiblanco llegó, paradójicamente, la mejor ocasión del Athletic. San José, clarividente, colocó la pelota por encima de la defensa para el remate de cabeza de Córdoba que Rulli envió a córner. Para ese momento, el partido ya empezaba a estar a la deriva, pero el Athletic más. Concedió el segundo en un mal rechace defensivo que Willian José colocó en la escuadra. Era en el descuento de la primera parte, cuando más duele.

Garitano reaccionó poniendo en el campo a Raúl García y a Beñat, pero su equipo no lo hizo. La Real empezó a jugar al ritmo de su himno –al que estuvo vigente hasta ayer–, pero el Athletic también. La segunda parte fue una filfa, un ballet sin música, sin coordinación entre los bailarines. En teoría, el Athletic tenía el balón y la Real se defendía, pero daba la sensación de que la pelota había desaparecido del césped. Sólo una decisión de Mateu le dio vida al partido. Señaló penalti en una disputa aérea de Raúl Navas con Iñigo Martínez. Lo lanzó Raúl García, desvió Rulli y el delantero rojiblanco cogió el rechace para marcar. Quedaban diez minutos, apretó el Athletic pero no pasó apuros la Real, aunque la sombra del empate sobrevoló las gradas, pero poco. No estaba el Athletic para heroicidades.

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Sobre la firma

Jon Rivas
En EL PAÍS desde 2018, estudió Ciencias de la Información en la UPV. Trabajó antes en La Gaceta del Norte, La Tribuna de Marbella, Deia, Gaur Exprés, Diario 16 de Málaga, Claro, El Mundo, durante 26 años, en los que cubrió 17 Tours de Francia, 6 Vueltas a España y 4 Giros de Italia. Ha escrito nueve libros, todos ellos relacionados con el deporte.

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