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Cuando la competición sigue en las urnas

Deportistas que han dado el salto a la política hablan de dos mundos que tradicionalmente han evitado mezclarse

Pablo Casado, y las candidatas del PP al Gobierno de Cantabria, Ruth Beitia (derecha), y a la alcaldÍa de Santander, Gema Igual.
Pablo Casado, y las candidatas del PP al Gobierno de Cantabria, Ruth Beitia (derecha), y a la alcaldÍa de Santander, Gema Igual.

“No hay que mezclar política y deporte”. La coletilla ha acompañado de forma machacona en los últimos años. La utilizaban partidos, periodistas o deportistas que pretendían evitar temas espinosos. Si Nadal deslizaba que le gustaría votar cuanto antes en unas elecciones generales, parte de la opinión pública se le echaba encima. La otra parte se indignaba si Piqué se expresaba a favor de un referéndum en Cataluña. Muy distinto es en Estados Unidos, donde figuras de la talla de LeBron James hacen campaña con Hillary Clinton o equipos campeones como los Warriors se niegan a ser recibidos por el presidente Donald Trump.

La beligerancia cainita de España no ayuda a que los futbolistas, atletas o baloncestistas salgan de su burbuja y se expresen en asuntos de interés público cuando están en ejercicio. “Se debería normalizar el que los deportistas hablen de política, pero entiendo que no lo hagan”, dice Roberto Núñez, exjugador del Real Madrid de baloncesto en los noventa y ahora diputado por Ciudadanos en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, “en este país hay mucho sectarismo y si se pronuncian luego les cae de todo”.

El temor a posicionarse empieza a desaparecer cuando las botas se cuelgan y hay que mirar al futuro. Entonces, la opción de la política es tan válida como cualquier otra. La figura del deportista en administraciones y, sobre todo, listas electorales no es una novedad. Atletas como Manolo Martínez, Fermín Cacho, Abel Antón, Marta Domínguez ya compitieron en las urnas. “Generalmente son triunfadores y básicamente los eligen porque tienen un buen gancho electoral”, analiza Miguel Pérez Moneo, profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de Barcelona, especializado en selección de candidatos en los partidos, “quieren transmitir los valores del deportista: perseverancia, esfuerzo, talento. Pero en realidad se empobrece el mensaje político, cada vez hay más política vacía y nos alejamos del intercambio de ideas. Así empiezan los populismos”.

La última en llegar es toda una campeona olímpica, Ruth Beitia, que pasa casi directamente de la pista a ser la candidata del PP en Cantabria. Beitia ya era diputada regional mientras ganaba medallas y desde septiembre forma parte de la ejecutiva del partido, pero su nombramiento ha sorprendido porque lo habitual era que el deportista-político se centrara en su ámbito, como Javier Imbroda, exentrenador de baloncesto, en todas las quinielas para ser consejero de Deportes en Andalucía; o como la exesquiadora María José Rienda, actual secretaria de Estado para el Deporte. La exsaltadora se someterá en primera persona al dictamen de las urnas. “Tiene una ventaja de partida porque no necesita darse a conocer. Una deportista ya tiene ese trabajo hecho. Otra ventaja es que puede llegar al votante más apolítico, que es generalmente el consumidor de deporte”, analiza el politólogo Pablo Simón.

Roberto Núñez, diputado de Ciudadanos en Madrid.
Roberto Núñez, diputado de Ciudadanos en Madrid.

En el ruedo político cántabro, Beitia se medirá con rivales muy bregados y mediáticos como el presidente regional, Miguel Ángel Revilla. “Ejerce el papel de campechano y es tan popular o más que ella”, dice Pérez Moneo. “Se las sabe todas. La experiencia es un grado”, añade Simón. Pero los contrincantes no serán el único escollo que la exatleta deba salvar. En el seno del PP cántabro no gustó la decisión unilateral de Casado de colocar a Beitia en lugar de María José Saenz de Buruaga, presidenta elegida en un congreso. “Es un clásico que reciban mal a los candidatos caídos del cielo, los paracaidistas. No sería la primera vez que la militancia hace huelga de brazos caídos porque no les gusta una designación”, señala Simón.

El reto de Beitia es, como poco, tan gigante como el que asumió en Río 2016, pero el terreno es mucho más desconocido. En el entorno de la cántabra existe algo de preocupación por el salto que ha dado y temen que no haya colchoneta al aterrizar. “Ruth tiene unos valores tremendos, no solo como deportista, sino como persona. Es inteligente, sacrificada, generosa… pero el mundo donde se ha metido…”, cuenta gente que la conoce bien. Cuando competía, la cántabra estaba sola, con un estadio animándola para que superase un listón a dos metros de altura. Cuando acababa, se abrazaba con sus rivales. “La política es mucho más dura que el deporte, hay muchas zancadillas. Le va a costar acostumbrarse”, reflexionan desde su entorno, que teme que Beitia note la diferencia entre un ámbito y otro cuando rivales y medios de comunicación empiecen a criticarla. “Va a dejar de ser esa persona querida por todos”.

Otro campeón olímpico como Fermín Cacho anima a su colega: “Si ha tomado esa decisión, debe tirar para adelante y olvidarse de lo que digan otros”. Y eso que el medalla de oro en 1.500m en Barcelona 92 no acabó encantado de su experiencia política. “Fue un desengaño. Se pueden hacer cosas, pero no te dejan”. Cacho se presentó en las listas del PSOE para el Ayuntamiento de Andújar (Jaén), el pueblo de su mujer. Aunque logró sitio como concejal, su partido quedó en la oposición. “Yo proponía cosas buenas para el deporte en la ciudad, pero solo por ser de los otros, no salían adelante. El deporte no tiene siglas”, exclama con cierto resquemor.

Cacho está seguro de que no volverá a la política, igual que Theresa Zabell, doble campeona olímpica en vela, aunque ella se muestra satisfecha de su periplo como eurodiputada del PP entre 1999 y 2004. “No veo la política como un profesión, mi mundo es el deporte y el medio ambiente”, dice Zabell, que preside la fundación Ecomar, una organización que incentiva el cuidado del mar. “Mi experiencia en la UE fue muy enriquecedora porque el deporte estaba entrando en el Parlamento y estaba todo por hacer”, apunta la regatista, que siente que devolvió “un poco de lo que el deporte le aportó a ella”.

Roberto Núñez también se pone una “fecha de caducidad” en la política. “Como mucho dos legislaturas”, afirma el exbaloncestista, que retornará a la empresa privada cuando abandone la Asamblea madrileña. Núñez se animó a la aventura cuando surgió Ciudadanos. “Estaba harto de lo que había y las ideas que traían me convencieron”. Acostumbrado al vértigo de las canchas, le costó acostumbrarse a los tiempos de la Administración, “aunque cuando sale adelante una iniciativa es una satisfacción”. Contra el mito de los deportistas ignorantes de todo lo que les rodea, el diputado recuerda charlas sobre actualidad con excompañeros como Alfonso Reyes, pero a la vez señala que “política es política y deporte es deporte”.

De la cancha a las urnas

Theresa Zabell. Doble campeona olímpica en vela (1992 y 1996). Eurodiputada del PP.

Abel Antón. Campeón del mundo de maratón (1999). Concejal y senador del PP.

María José Rienda. Secretaria de Estado para el Deporte (PSOE).

Marta Domínguez. Campeona de Europa de 5.000m. Senadora del PP en Palencia.

Fermín Cacho. Campeón olímpico de 1.500m. Concejal del PSOE en Andújar (Jaén).

Manuel Martínez. Bronce en Atenas 2004 en lanzamiento de peso. Concejal del PP en León.

George Weah. Balón de Oro en 1995. Presidente de Liberia.

Romario y Bebeto. Campeones del Mundial de fútbol en 1994. Diputados en Río.

Kakha Kaladze. Campeón de Europa con el Milan. Alcalde de Tiflis (Georgia).

Bill Bradley. Campeón de la NBA con los Knicks. Senador por Nueva Jersey.

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