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Jorge Martín, una carrera de 10 para un campeón de Moto3 irrompible

El piloto madrileño gana el Mundial de la categoría pequeña con una séptima victoria en Sepang perfectamente estudiada y ejecutada

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Jorge Martín celebra el título de Moto3 conseguido en Malasia. AP

Jorge Martín es duro como una piedra. Un piloto que, a pesar de las lesiones, las caídas, los choques, no se rompió hasta que no cruzó la línea de meta. Como campeón de la carrera en Sepang. Como campeón del mundo de Moto3. Y ya no reprimió las lágrimas. Todo el sufrimiento había valido la pena.

Martín (Madrid, 20 años), como tantas otras veces este curso, hizo una carrera de 10 en la que aunó su habilidad y atrevimiento al manillar con esa velocidad natural que siempre tuvo y la táctica que solo los mejores son capaces de poner en práctica en los momentos más críticos, de mayor presión. Se sabía con un buen ritmo, casi tan bueno o más que el de su rival por el título, Bezzecchi. No parecía preocuparle el motor de su Honda como en otras ocasiones, corto como se ha quedado en lucha con las KTM. Y aparentaba una tranquilidad increíble. Su objetivo era ganar la carrera y no mirar más allá. No pensar en qué haría el italiano. Si el título tenía que decidirse en Valencia él se encargaría de trabajarse las mejores condiciones para esa última carrera. Pero no hizo falta. Esa misma mentalidad ganadora le llevó a la cima a la primera de cambio. Desde la pole position lograda el día antes. A lo más alto del podio en Malasia.

El piloto del equipo Gresini de Moto3 fue calculador en sus movimientos. Y un ejecutor delicado. Aunque lucía el sol en Sepang, la pista no estaba en perfectas condiciones tras las lluvias recientes: el asfalto presentaba numerosos parches de humedad, peligrosos en cuanto uno se salía de la trazada. Había que ir con tiento. Y eso en Moto3 es difícil cada domingo. No hubo manera de evitar que se formara un grupo grande en las primeras vueltas de la carrera. Comandado el pelotón por Bezzecchi, primero en cuanto llegó a la primera curva, con Martín pegado a su colín, había demasiados participantes en la lucha. Un escenario ideal para el italiano, que trataba de sumar a cuantos más mejor para alargar la pelea hasta la próxima cita. Un escenario difícil para Martín, a quien se le complicaba así el triunfo y se le multiplicaban los peligros.

Pero hace tiempo que demostró que es un tipo duro, especialmente este curso cuando sufrió una fractura de muñeca y tuvo que correr un domingo con una suerte de mano biónica. Martín llegó a caer hasta la octava posición, asediado por sus rivales, escurriendo los peligros de un toque que le arruinara la carrera. Pero tenía la estrategia en la cabeza, perfectamente definida. Y la aplicó a rajatabla. A diez vueltas para el final dio un tirón y pasó de la octava a la primera posición en la última curva de Sepang. Ya no volvería a perder de vista a Bezzecchi, por mucho que se moviera del primero al quinto puesto. A cuatro giros del final volvió a colocarse delante. Y tiró. Cambió el ritmo de manera drástica. Y cuando volvió a pasar por meta, a tres giros del final, ya les sacaba a sus rivales ocho décimas. Siguió aumentando su distancia: 1,9 segundos a dos giros; tres segundos al empezar la última vuelta. Y Bezzecchi que se perdía entre el pelotón. El margen que les sacaba a sus rivales parecía una metáfora deliciosa: esa ha sido la distancia que les ha sacado a sus competidores este año, a golpe de poles, diez, de vueltas rápidas, de victorias, siete.

Cuando cruzó la meta y paró el crono logró que la distancia con sus competidores fuera de casi 4 segundos. Un mundo en Moto3, donde las carreras se deciden con un cuchillo entre los dientes, en la última curva, incluso en la recta de meta, aupados algunos por los rebufos de sus rivales. Había cumplido. Lo que no sabía todavía es que Bezzecchi, que jugaba en el límite, había perdido la cuarta posición en la última curva. No sabía que Arenas había cruzado cuarto y el italiano quinto. Un punto que le hacía campeón. Después de una carrera de 10.

Pecco Bagnaia, campeón de Moto2

Pecco Bagnaia, en Malasia.
Pecco Bagnaia, en Malasia.

N. T.

Pecco Bagnaia se ha proclamado campeón del mundo de Moto2 después de una temporada fantástica, en la que acumula ocho victorias y doce podios, el último, necesario, este domingo en Sepang. Necesitaba subir al podio el piloto italiano porque su rival por el título, Miguel Oliveira, no se lo iba a poner fácil, como no lo ha hecho en la segunda parte de la temporada. Y corrió con la cabeza para asegurarse la tercera plaza, justo por detrás del portugués, y hacer buena la ventaja de 36 puntos que tenía al frente de la clasificación. El ganador de la carrera fue su compañero de equipo, Luca Marini, hermano de Valentino Rossi, magnífico en Malasia, dispuesto a hacer labor de equipo. Gracias a él sonó el himno italiano en el podio. Y todos lo celebraron.

Bagnaia, nacido en Turín, novato del año el curso pasado en la categoría intermedia, ganador de la primera carrera de este año en Qatar, dominador de la categoría desde entonces, ha culminado su paso por Moto2 con este título con el que dará el salto a MotoGP el próximo curso. Sereno al manillar, inteligente en la gestión de las carreras, amante de las derrapadas, rápido en todas las condiciones, hasta aquel año en Moto3 en que logró llevar una Mahindra a lo más alto del podio.

Pecco, que se formó en los circuitos españoles, como piloto del Campeonato de España de Velocidad y en la estructura de Emilio Alzamora, que corrió con el equipo de Jorge Martínez Aspar en Moto3, ha sido el ojito derecho de muchos, el pretendido por tantos directores de equipo, hasta que una charla con Valentino Rossi le hizo vestir los colores del Sky Racing Team –dirigido por Pablo Nieto- que el campeón italiano ha impulsado en las categorías pequeñas para aupar a los pilotos de su país. Se ha proclamado campeón a los 21 años, a los mandos de una Kalex y como pupilo avanzado de la VR46 Riders Academy.

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