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La dosis mínima de Nadal

El balear renuncia a París-Bercy, su novena ausencia del año, y cede el número uno a Djokovic habiendo jugado menos torneos (9) que nunca. Esta temporada acumula 127 días de baja y es duda para el Masters

Nadal, durante la rueda de prensa de ayer en París.
Nadal, durante la rueda de prensa de ayer en París. AFP

A las cuatro de la tarde, pocos minutos antes de la teórica reaparición después de 55 días de ausencia a causa de una lesión en la rodilla derecha, Rafael Nadal convocó una rueda de prensa en París-Bercy que pilló a todo el mundo a contrapié. Lo hizo para comunicar que no iba a poder disputar el choque contra Fernando Verdasco y por lo tanto el último Masters 1000 de la temporada, pero no a razón del problema persistente en la articulación que le trae de cabeza sino, explicó ante los periodistas, como consecuencia de unas molestias en la región abdominal.

“Lo he intentado todo. Entrené ayer y esta mañana, pero cuando sales de una lesión y fuerzas, pueden pasar estas cosas”, contó después de matizar que este último contratiempo no se trata tanto de una lesión, como de una sobrecarga que le molestaba especialmente a la hora de sacar. El mallorquín, de 32 años, incidió en que su prioridad es “ser feliz y estar lo más sano posible”, de modo que aceptó la recomendación médica, que le advertía del riesgo de una rotura muscular si salía a la pista y forzaba, y renunció a su regreso.

Confirmada la baja, la consecuencia fue automática: la pérdida del número uno en favor de Novak Djokovic, al acecho este desde que hace un par de meses se hiciese con el US Open y más aún tras la reciente conquista de Shanghái. Cambio de reinado, pues, cuando al curso se le van agotando los días y a Nadal, en clave de prudencia este año, se le acumulan las renuncias.

Con la de París-Bercy engrosó el listado, cifrado ahora en ocho y que de no poder comparecer en la próxima cita programada, la Copa de Maestros (del 11 al 18 de noviembre), ascendería a nueve, el número de torneos que ha podido jugar en 2018. Una cifra sin igual en la carrera del mallorquín, en tanto que nunca había jugado tan pocos. El precedente más escaso apunta a 2012, cuando interrumpió el trazado en julio y renunció a medio año; entonces, con 26 años, participó únicamente en 11 eventos.

El año previo: 18 torneos y 78 partidos

“Es mejor tomar una decisión antes de que las cosas vayan a peor”, concedía ayer. “El médico me ha dicho que la abdominal necesita descanso”, prorrogó. “Y no es justo para mí ni para nadie que salga a la pista sabiendo que probablemente no podré terminar el torneo”, remachó el protagonista, que en 2018 acumula 127 días de baja –137 en total, en el caso de acudir al Masters de Londres– enlazando la lesión en el psoas ilíaco que le afectó durante el primer trimestre de la temporada (72 días) y la que le frenó en septiembre en Nueva York, otra vez la rodilla (55), a la que se añade este último percance (10).

Brisbane, Acapulco, Indian Wells, Miami, Queen’s, Cincinnati, Pekín, Shanghái y París-Bercy son las nueve citas que inicialmente figuraban en su calendario y que finalmente ha tenido que desechar. A ello se le suma los dos abandonos en los cuartos de Melbourne y las semifinales de Flushing Meadows, de modo que el año ha ido emborronándose de forma considerable, teniendo en cuenta sobre todo que el anterior pudo competir en 18 torneos (78 partidos, frente a los 49 del presente) y su cuerpo respondió hasta que se trabó solo en la recta final, de China a Londres.

Mientras tanto, se confirmó lo que hace no tanto parecía imposible: Djokovic, renacido y hambriento, vuelve a gobernar. El serbio, de 31 años, observa desde las alturas cuando en junio no estaba ni entre los 20 primeros. Hay que remontarse al ruso Marat Safin, año 2000, del 38 al 1, para dar con una gesta similar. El de Belgrado no pierde un partido desde el 9 de agosto –a partir de ahí, 19 victorias consecutivas– y aterrizará en la Copa de Maestros rebostante.

Nadal, por su parte, apurará los próximos días para llegar al O2 de Greenwich. Abandonó Bercy sin probar su rodilla a pleno rendimiento, en competición, y por lo tanto sin ninguna certeza. Hoy día, su presencia está en el aire.

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