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Griezmann también derrumba a la Alemania de Löw

El delantero del Atlético lidera la remontada de Francia y agrava la crisis de los alemanes, que fueron mejores en el primer tiempo, pero se desvanecieron en el segundo

Griezmann celebra su segundo gol a Alemania.
Griezmann celebra su segundo gol a Alemania. AFP

La crisis de Alemania se agrandó en París. Otra derrota. Otra vez la sensación de estar ante una selección que solo compite a ratos. Si en Holanda (3-0) fue media hora, anoche fueron 45 minutos y luego la nada. El síntoma de la falta de continuidad en el juego la condenó de nuevo. Joachim Löw sigue en el disparadero.

En el alambre por la prolongación del fracaso mundialista en esta Liga de las Naciones y un punto temeroso por la entidad del contrario y por la tormenta de críticas recibidas, Löw desempolvó la defensa de tres centrales. Un sistema desterrado por él y por su entonces jefe Jurgen Klinsmann cuando decidieron darle un vuelco y un lavado de cara al fútbol de la selección alemana en 2006. A ese dibujo que durante los años 90 fue el maná de Alemania, conquistó el Mundial de Italia y la Eurocopa del 96, Löw le añadió frescura y velocidad en la alineación. Mantuvo a Neuer, Hummels y Kroos de la vieja guardia, pero le dio carrete a parte de la savia nueva que reclama un puesto. De alguna manera, Löw respondió a las demandas que se le exigían. Una reacción táctica y hasta estilística. Alemania se verticalizó con Gnabry y Sané. Este último, cada vez que juega, hace más incompresible la decisión de Löw de cortarle en el Mundial. También jugó Werner más centrado, en una posición más natural, alejado de ese invento fallido de hacerle jugar en banda. Con Kimmich, fijo ya como mediocentro y magistral para interpretar el plan de su entrenador, Alemania redujo a Francia en el primer tiempo a una estampida de Mbappé ante Schulz y una demostración de controles jugando de espaldas de Giroud.

Deschamps tiró sobre el tapete a todo su once campeón del mundo, salvo el lesionado Umtiti, relevado por Kimpembe. Pero emergió una Francia desconocida en el primer acto. Con el mismo desinterés por la posesión que la coronó en Moscú, pero muy vulnerable, sin esa contundencia para ocupar los espacios y hacerle entender al rival que enfrente tiene un duro hueso que roer.

Cerrada por dentro, Francia se encontró a sus espaldas con el punzante Sané. Una carrera suya al cuarto de hora culminada con un centro atrás fue interceptado por el brazo de Kimpembe. Kroos, dubitativo en el lanzamiento, ajustó un disparo que rozó Lloris. Con 0-1, aparecieron los problemas de Francia para crear juego. Griezmann no encontraba espacios para enganchar. Si los encontraba Alemania, muy cómoda, serena con la pelota y afilada para tirar contras que no supo culminar para cerrar el partido.

Esa buena Alemania del primer tiempo se quedó en el vestuario para dar paso a una Francia más decidida a jugar en campo contrario y menos descuidada atrás. Griezmann comenzó a encontrar resquicios y engarzar juego en la mediapunta con Giroud y Mbappé. Una incorporación de Lucas por la izquierda la terminó embocando Griezmann con un cabezazo de ciencia ficción. Lo de Lucas no era un centro, era un melonazo que fue convertido en un golazo con un fino giro de cabeza que sorprendió a Neuer.

Con el empate, Francia puso de nuevo a prueba la estabilidad alemana, cuestionada por sus últimos minutos en Holanda, donde recibió dos goles al final. De nuevo, un pase al espacio volvió a sacar los colores a Hummels, que vio como Matuidi le ganaba la carrera. En el cruce, el volante de la Juventus cayó, quizá porque pisó la bota del cuestionado central alemán. El colegiado señaló penalti y Griezmann también terminó por derrumbar a esta inconstante Alemania de Löw.

 

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