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A España se le encoge el pie

La línea defensiva de La Roja perdió 51 balones ante Inglaterra. Busquets y Ramos, con 12 entregas fallidas, firmaron el peor registro del partido

Busquets y Saúl persiguen a Kane.
Busquets y Saúl persiguen a Kane.

La derrota de España ante Inglaterra en el Benito Villamarín (2-3) supuso el primer traspié para Luis Enrique en su recién estrenado cargo de seleccionador, y un parón en seco en la transformación que pretendía llevar a cabo el técnico asturiano con la que trataba de dejar atrás el fiasco del Mundial de Rusia. El encuentro de anoche en Sevilla destapó en sus primeros 45 minutos una secuencia de errores (tanto individuales como tácticos) de tal calibre que desencadenaron la peor derrota de la historia en suelo local de La Roja (0-3) en un primer periodo de un partido oficial.

El triángulo formado por los centrales, Nacho y Ramos, y el mediocentro más cercano a la línea de defensa, Busquets, hizo aguas en la contención del juego físico propuesto por Inglaterra, que se manejó con una superioridad aplastante en el centro del campo, santo y seña de una España terriblemente vulnerable en su facción más desarrollada en los últimos años. No le hizo falta a los ingleses tener la pelota (solo la poseyeron el 27,6% del tiempo) para marcar en tres ocasiones, los tres únicos remates entre los tres palos que realizaron en todo el encuentro.

La alineación de Busquets junto a Saúl y Thiago en una línea de tres no sirvió de dique de contención ante Dier, Winks (que entró por el sancionado Henderson) y Barkley, tres jugadores de todo menos técnicos, que, sin embargo, como en el caso del tercero, llegaron a asistir entre líneas a sus delanteros sin que ningún futbolista español se lo impidiera. El primer gol de Sterling resumió todas las carencias españolas y dejó al descubierto la mejor versión de la nueva Inglaterra que pretende construir Southgate. Durante más de un minuto (aquí el vídeo de la jugada) la pelota pasó por las botas de diez de los once jugadores (por dos veces llegó hasta Pickford), antes de que Rashford filtrase el pase definitivo para que el jugador del City abriera el marcador.

Barkley lucha por la pelota con Ceballos.
Barkley lucha por la pelota con Ceballos. Getty

"España es ahora un equipo más directo", había indicado el seleccionador inglés antes del partido. Y su equipo, con piezas que difieren en diseño a las que maneja Luis Enrique, se comportaron, sin embargo, como una adaptación de rédito indiscutible. Con Asensio desconectado, más pendiente de cubrir las subidas de Trippier (que se ha impuesto a Walker por su mejor pie), y las caídas frecuentes de Sterling al costado izquierdo, Marcos Alonso se vio superado en número. En nada contribuyeron las ayudas de Ramos (falló 12 pases, el registro más alto igualado con Busquets, y le arrebataron la pelota 14 veces), que no logró tampoco contener a Harry Kane, que se marchó del Villamarín con dos asistencias en su haber en las dos únicas ocasiones de peligro que generó durante el partido.

Las imprecisiones del debutante Jonny en el lateral derecho tampoco afianzaron la defensa de La Roja. El gallego perdió 16 balones, el mayor número de su equipo, y solo logró anticiparse a su marca en una ocasión, la única en la que Rashford no le ganó la partida. Sumando todos los errores de la línea de defensa, a España le arrebataron la pelota en 51 ocasiones.

La entrada de Paco Alcácer y Ceballos en la segunda mitad transformó el paradigma del encuentro, con una España volcada al ataque que generó 13 remates (nueve de ellos desde dentro del área), amplió su porcentaje de precisión en el pase hasta el 92,1% y marcó dos goles en las tres veces que disparó a la portería de Pickford. Sin embargo, la reacción no fue suficiente para doblegar a Inglaterra y para evitar una derrota que le obliga a ganar a Croacia en el último partido para asegurar su presencia en la final four de la Liga de las Naciones. Después de tres partidos consecutivos sumando la victoria y dejando atrás el fantasma de Rusia, el frenazo ante Inglaterra advierte de necesidad de una mayor adaptación al juego de una plantilla con tendencia a la desconexión.

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