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La liga de los entrenadores en paro

Los técnicos sin equipo ‘compiten’ a la espera de un banquillo acumulando información gracias a la tecnología

Alcaraz dirige el año pasado un partido de la selección de Argelia.
Alcaraz dirige el año pasado un partido de la selección de Argelia. Getty

No hay domingos al sol para el entrenador de fútbol en paro. Ni lunes siquiera. “Es un tiempo para aprender”, previene Lucas Alcaraz, que es el técnico español en activo sin equipo que más partidos ha dirigido desde un banquillo, 721 desde que antes de cumplir los treinta, en el año 1995, se pusiera al frente del Granada, el equipo de su ciudad y de su corazón, que jugaba en Segunda B. Desde entonces no pasó una campaña en blanco y espera no romper esa racha ahora. No es sencillo. Cada año se forman en las aulas de los diferentes comités territoriales más de medio millar de nuevos técnicos capacitados para entrenar al máximo nivel. Y al camino de entrada a la élite se accede a través de un estrecho paso y se sale por un océano. A la espera de un banquillo están hoy entrenadores como Alcaraz, Fran Escribá, Quique Sánchez Flores, Míchel, Víctor Sánchez del Amo...

Escribá empezó en el fútbol base del Valencia, conoció el triunfo como segundo de Quique Sánchez Flores y cuando le llegó la oportunidad para ser primer entrenador encontró algo similar a un destino ideal en Elche, al que ascendió a Primera y le hizo rendir entre los grandes. Ahora, tras pasar por Getafe y Villarreal, después de sendas destituciones, espera destino y se permite seleccionar ofertas. “Este verano he tenido más que nunca, pero no me convencieron. El proyecto bueno está por llegar y entonces lo sabré”, explica. Mientras tanto aclara que está sin empleo, pero no en paro: “Los seguimientos son mayores y más precisos que cuando estás trabajando. Ves más fútbol y ves mucho porque no sabes dónde vas a acabar”. Igual hasta faltan horas. “Hay dos aspectos que han cambiado la labor del entrenador y más cuando no tienes equipo, y son la tecnología y los idiomas”, advierte Lucas Alcaraz antes de entrar en detalles: “Ahora hay acceso a mucha más información y cuando no entrenas estás especialmente activo para empaparte de ella. Luego la posibilidad, cada vez más creciente, de que pueda salir trabajo en el exterior te obliga a prepararte sobre todo en idiomas como el inglés o el francés”. Y a ello se aplica. Atento a ingenios como el Wyscout o plataformas especializadas que ofrecen acceso a todo el fútbol que se pueda abarcar. “Al final prácticamente a diario identificas acciones o situaciones que llaman la atención y tomas cortes para guardarlas porque sabes que cuando tengas un equipo te van a servir”, explica Escribá.

La rutina diaria consiste en ver fútbol, sentirlo, despiezarlo y valorarlo, compartir impresiones con miembros del equipo técnico, que también están en boxes. Alcaraz se reparte tareas con su segundo, Jesús Cañadas. “El contacto es permanente para repartir visionados en directo o por televisión. Compartimos un dropbox en el que aportamos nuestros análisis de partidos, jugadores o sistemas y mantenemos bases de datos con seguimientos de aquellos jugadores que nos gustan. También de los que no nos gustan porque todo es revisable”, medio bromea el técnico andaluz, que entiende que su domicilio en Granada es una base excelente porque está a medio camino entre Marbella y la localidad murciana de Pinatar, dos de los centros de entrenamiento más concurridos en pretemporadas o parones de ligas que tienen receso invernal.

“Vas dos o tres días y te pegas un chute de sesiones de trabajo, pero a mí me gusta ver también entrenamientos de equipos de categorías inferiores. Siempre se aprende”, apunta Alcaraz. Escribá matiza esa idea. “Hace años iba más que ahora porque con el tiempo me di cuenta de que lo más me interesa de los compañeros es aquello que no puedo ver y es cómo corrige al grupo de puertas adentro, las charlas o las modificaciones que se hacen en la caseta. Y eso lo encuentro en conversaciones que están al margen del ámbito del entrenamiento diario”, comenta.

Pero no siempre el fútbol fue proclive a compartir. No siempre hubo esa cultura que abunda en otros deportes de poner en común conocimiento en clínics o reuniones técnicas. La Escuela Nacional de Entrenadores avanza en esa línea. En junio recibió a 300 de los suyos en un congreso donde se abordaron aspectos de planificación, análisis, detección de talento y uso de la tecnología. Hace una semana fueron 600 los que se congregaron en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para asistir a un curso de formación continua para entrenadores con licencia UEFA, una magna puesta en común en la que el intercambio de información fue más allá de los plenarios. “En el hotel coincidí con Pochettino y con Manzano y hablamos sobre el fútbol en la Premier o en la liga china, pero además las jornadas fueron muy enriquecedoras y con un acercamiento muy bonito al fútbol femenino con entrenadores y jugadoras. Este fin de semana vi algún partido de su liga”, explica Escribá, que mantiene una web en la que comparte ejercicios y tareas y que cuando hace un año perdió su trabajo en el Villarreal se fue unos meses a vivir a Manchester. “Y aprendí algo tan importante como que a nivel táctico en España seguimos muy por delante”, matiza.

La autocrítica

Con todo, el adiestramiento del entrenador es clave en un periodo sin equipo. Lo explicaba Quique Sánchez Flores en Las Rozas. “Es un momento de reflexión porque cuando entrenas ves lo tuyo y lo de enfrente, pero no puedes mirar más allá. Ahora pones la vista en cosas que se pueden adaptar o, directamente, copiar”. Esa mirada interior implica también una autocrítica, asume Escribá. “Miras atrás porque incluso cuando los resultados salen haces cosas mal que se tapan con el marcador”.

“Se pueden obtener ventajas a partir de un parón”, expone Alcaraz, convencido de que la capacidad analítica empieza por uno mismo. “La cabeza siempre da vueltas sobre eso”, concluye mientras espera destino con una idea, “la de que siempre debes estar preparado para trabajar”. Y en esa despierta vigilia Fran Escribá describe las sensaciones que le ayudan a sobrellevarla. “La tranquilidad y la paciencia. Soy incapaz de ver un partido deseando que un compañero pierda. Sé que lo que tenga que llegar lo hará porque no todos los equipos van a estar en sus objetivos. El tren nunca sabes cuándo va a pasar, pero no espero en función de la categoría del equipo o del proyecto sino de sentir si puedo ayudar a que crezca”.

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