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CARTAS DEPORTIVAS OPINIÓN i

Isiah, ¿te importa si me hago de los Lakers este año?

Mi mayor entusiasmo en esta NBA es ver a Doncic y Ricky lucir su calidad y a LeBron vestido de Magic

Tex Winter da instrucciones a Kobe Bryant en un partido Lakers-Bulls de 2005
Tex Winter da instrucciones a Kobe Bryant en un partido Lakers-Bulls de 2005 Getty

Querido Isiah*;

Esta primera carta del curso no podía tener otro destinatario. Hace 30 años, en la temporada de 1988-1989, por fin rompiste el maleficio que te había llevado a liderar a un equipo considerado de tipos malos con etiqueta de eterno aspirante. Aquella NBA que estaba alcanzando su máximo esplendor con la pugna entre Magic y Larry, los Lakers del glamour frente a los Celtics del orgullo, no nos quería. Y es evidente que te lo habías ganado a pulso. Detrás de tu sonrisa, y del mejor manejo de balón que uno haya podido presenciar jamás —estoy convencido de que aguantaría la revisión de un veinteañero incondicional de Stephen Curry—, se escondía el líder de una banda con tendencias barriobajeras en la pista. Eso jamás lo supe entonces, mientras tu póster presidía mi habitación incluso cuando ya me pagaban por jugar al baloncesto. El crimen deportivo de preferir a los Bad Boys de los Pistons, frente a los Lakers, Celtics o Bulls de la época, creo que ya ha prescrito, y siempre puedo justificarlo con la presencia todo ese tiempo del educadísimo y genial Joe Dumars, al que no creo que mantuvierais secuestrado tantos años contra su voluntad.

El objetivo es pedirte consejo sobre la temporada de la NBA que comienza esta semana. La lógica diría que a ciertas edades, por instinto de supervivencia, sólo deberíamos ir con el que gana, pero se me sigue haciendo muy cuesta arriba. Aunque jamás podré ver a Steve Kerr y a sus Golden State Warriors con la pinta de abusones con la que entonces veía a Pat Riley y sus Lakers, la llegada al equipo de Kevin Durant ha desequilibrado la competición mucho más que entonces.

Te diré que el mayor entusiasmo me lo provocan tres escenarios. El primero, lógicamente, en casa. Mi hijo de 12 años es de los Washington Wizards. Le gusta John Wall, y no me extraña. Lo que me sigue costando mucho digerir es su seguimiento de la liga a golpe de highlights. Los expertos del marketing lo llaman a eso “entender al nuevo fan”. Por si acaso, me lo llevo de museos cuando puedo; le enseñé hace algún tiempo tu tercer cuarto entero en el viejo Forum de los Ángeles frente a los Lakers, el de los 25 puntos con una sola pierna por el maldito esguince de tobillo. “Pero papá, al final perdieron”. Más vale que Wall se vaya espabilando.

El segundo escenario lo llenan Doncic y Ricky Rubio. Este baloncesto actual en el que casi todos los jugadores pueden jugar en casi todas las posiciones, les beneficia mucho a ambos. Capacidad y calidad tienen de sobra. Me he enterado que Ricky lleva un año trabajando su tiro y su confianza con Raúl López. Habrá que dedicarles una carta personal.

El tercer escenario es, por supuesto, ver a Lebron vestido de Magic. Aquí tengo sentimientos encontrados. Si acaba peleando en los playoffs contra los Warriors, me gustaría pedirte permiso para ir un poco con los Lakers. Me atrae ver a Lebron disfrazado de superhéroe. No puedo evitarlo.

Y te pido un último permiso; despedir con los máximos honores a Tex Winter, mítico ayudante de Phil Jackson en Bulls y Lakers y fallecido a los 96 años. Es evidente que no le gustábamos mucho los bases, pues había inventado ese artilugio llamado Triángulo Ofensivo, que acabó siendo un joystick para que Jackson manejara a Jordan y a Kobe Bryant directamente desde el banquillo. Creo que sin el estallido de sus Bulls en los 90, a Jordan no le hubieran dejado vetarte en el Dream Team de Barcelona 92, pero reconoce que tampoco Luka, ni Ricky, ni John Wall, ni los niños de 12 años que siguen enamorándose de este juego desde entonces, podrían haber disfrutado de un balón naranja tan universal y tan valioso.

Cuídate y sigue siempre sonriendo.

(*) Isiah Thomas fue base de los Detroit Pistons en la década de los años 80, donde hizo toda su carrera como profesional. Ha sido considerado uno de los 50 mejores jugadores de la NBA de todos los tiempos, y ganó dos anillos de campeón en las temporadas 1988-89 y 1989-90.

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