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Kathrine Switzer también llegó a Esparta

El maratón dio al mundo tres hombres maravillosos y una mujer imbatible

Kathrine Switzer, en 2013 junto a la foto de su histórica carrera.
Kathrine Switzer, en 2013 junto a la foto de su histórica carrera.

El maratón dio al mundo tres hombres maravillosos y una mujer imbatible. Uno de los hombres cambia cada cierto tiempo: el más veloz de la prueba. Hoy lo es el prodigioso keniano Eliud Kipchoge, que reventó el récord del mundo en Berlín (2:01:39) y puso proa a las dos horas, la barrera legendaria del tiempo en la prueba de los 42,195 kilómetros. El primero de los hombres fue Filípides o Fidípedes, enviado a Esparta para pedir auxilio contra los persas (240 kilómetros en dos días); el mito, del cual dejó testimonio Heródoto, varió a veces con la leyenda de que el trayecto fue hecho desde Maratón hasta Atenas (unos 40 kilómetros) para contar la victoria griega, hecho histórico preferido para organizar el maratón. Es bueno saber, para los puristas de la Antigua Grecia, que hay una prueba al año en la que se corre entre Atenas y Esparta: el espartatlhon. Sí, se tarda ya menos de dos días (entre 25 y 30 horas los ganadores) y el primer ganador fue griego.

Griego también fue el primer ganador del primer maratón en unos Juegos, Spiridon Louis. Vendía agua por Atenas y fue reclutado por su instructor en la mili, que recordaba su resistencia privilegiada en carrera de fondo. Grecia no tenía ninguna medalla en aquelos Juegos, los primeros de la historia, ni nada hacia presagiar que la tendría. tampoco en la prueba que era fetiche nacional, su gran símbolo. La ventaja la tenía un francés con todos los griegos desfondados, hasta que a falta de diez kilómetros Spiros, como le llamaban, paró en una taberna a beber un vaso de vino y empezó a recortar distancias. No hay relación directa entre la bebida y la remontada, pero sí un lazo mítico: Filípides dijo que en su trayecto se le apareció el rey Pan, al que luego los atenienses dedicaron un templo. Spiros recogió los honores de la victoria: el rey de Grecia le pidió lo que quisiese, y él reclamó un carrito con el que transportar el agua que vendía. Sólo compitió esa vez y después de su medalla de oro regresó a su aldea, Marousi, a trabajar como pastor. Había empleado 2 horas y 58 minutos en recorrer el maratón, casi una hora más que Eliud Kipchoge. Años después fue detenido y encarcelado por falsificación de documentos, y rehabilitado al ser elegido como portador del estandarte de Grecia en los Juegos de Berlín, donde saludó a Adolf Hitler. Da nombre -Spiros, no Hitler- al estadio nacional de Atenas.

Estos dos hombres fueron los primeros en algo. Eso les iguala a Kathrine Switzer, aunque ella no fue solo la primera en algo; también desafió las leyes, rompió una frontera y sentó un precedente. En 1967, en el maratón de Boston, Switzer se apuntó como KV Switzer y corrió la prueba, algo prohibido para las mujeres. Un comisario la detectó y trató de detenerla saliendo detrás de ella. Lo contó en un relato extraordinario en la revista Marathon Woman titulado La chica que lo empezó todo: “Oí el ruido de los zapatos de cuero que se acercaban rápidamente detrás de mí; un sonido extraño y alarmante entre el amortiguado ruido sordo de las zapatillas de correr con suela de goma”. El hombre quiso agarrarla y pararla al grito de “sal de mi carrera”, hasta que fue primero empujado por varios corredores y luego derribado de un puñetazo por el propio novio de Switzer, que consiguió acabar el maratón. La primera mujer en hacerlo, la primera en desafiar con éxito una injusticia que tiró una puerta: las mujeres tenían el mismo derecho a correr las pruebas deportivas que corrían los hombres. De alguna manera, Kathrine Switzer también llegó a Esparta.

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