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El mensaje de Luis Enrique se llama Iago Aspas

La elección del atacante gallego revela la apuesta del nuevo seleccionador por las asociaciones en detrimento del choque, en la senda iniciada por Luis Aragonés en 2007

Iago Aspas intenta controlar el balón ante Maguire. Ampliar foto
Iago Aspas intenta controlar el balón ante Maguire. AP

Los veteranos de La Roja no dejaron de sentir nostalgia de Luis Aragonés, el hombre que en 2008 fundó la dinastía más fascinante y hegemónica del fútbol de selecciones desde el Brasil de Pelé. Recordaban que el viejo entrenador los convenció de que los desmarques constantes, los controles precisos y los pases bien dados son las únicas herramientas que permitirían a España alcanzar dos objetivos indisolubles: respetar la naturaleza de sus jugadores y ganar títulos. La lección se difuminó con el tiempo. Como dijo uno de los internacionales que se retiraron este verano: “Todo fue a peor desde 2008”.

Ante la amenaza de dilapidar el patrimonio heredado, este sábado Luis Enrique tomó medidas que le emparentan con Aragonés y que marcarán el rumbo del fútbol español en los próximos años. El seleccionador hizo su primera alineación después de confesar que había cosas que le hicieron cambiar de plan durante la semana. Ningún cambio resultó más llamativo que la titularidad de Iago Aspas, el delantero con quien habrían querido jugar Iniesta y Silva en el Mundial de Rusia.

Iago Aspas pasó de no estar en la lista de convocados del 31 de agosto a ser llamado de emergencia y ocupar el puesto de Morata, el nueve natural, que permaneció en el banquillo. Aquí residió un cambio sustancial respecto a la estrategia seguida por Lopetegui desde 2016. El seleccionador precedente se inclinó sistemáticamente por jugar con un nueve puro que permanecía fijo en el área dejando que permutaran los extremos. Solo puso a Aspas de nueve el día que Costa se lesionó, contra Argentina, y aunque España dio un recital (6-1) no volvió a probarlo.

Luis Enrique anunció que quería que su ataque fuera “impredecible” y para ello prescindió del nueve puro en beneficio de una mayor movilidad de sus tres delanteros. Aspas jugó porque en los entrenamientos exhibió más habilidad que nadie en la realización de desmarques de ruptura y de apoyo en espacios reducidos, cualidad imprescindible en los puntas de los equipos que pretenden practicar un juego de largas elaboraciones. Para ayudar a abrir la defensa inglesa, el técnico le pidió a Isco que permaneciera pegado a la raya izquierda —frente a frente con el lateral derecho rival— a la espera de que le enviaran el balón, absteniéndose en lo posible de bajar al mediocampo a buscarlo para no ralentizar la circulación. Por la derecha, la misión que le encomendó a Rodrigo fue análoga a la de Aspas: moverse a los espacios continuamente.

La tarea resultó complejísima con apenas una semana de preparación. El rival presentaba dificultades máximas. Inglaterra, equipo pobre cuando ataca, posee una de las defensas más adiestradas del último Mundial. A falta de Italia, el testigo del cerrojazo lo tomó Gareth Southgate.

Cerrojo inglés

El seleccionador inglés se pasó dos años asistiendo a las prácticas del Chelsea de Conte para aprender a poner en marcha el sistema del 3-5-2. El ayudante de Conte en el club londinense, Steve Holland, se sumó al cuerpo técnico de Inglaterra para cerrar el círculo. Conte se mostró encantado de que le trataran con la deferencia debida a un gurú. El italiano abrió las puertas de los entrenamientos más recoletos del Chelsea en una colaboración sin precedentes en las Islas. El resultado fue que Inglaterra defendió con la naturalidad de un equipo de club y alcanzó el cuarto puesto mundialista sin apenas desarrollar el juego de ataque.

La estadística de los remates de España contra la portería local de Wembley (11 tiros, cuatro entre palos) no refleja el dominio que ejerció el equipo de Luis Enrique. Durante una hora, Inglaterra estuvo contra las cuerdas, presa de un torbellino de asociaciones, muchas veces improvisadas. Mientras que Rashford, Kane y Dele Alli dieron 25 pases entre todos, los tres atacantes titulares españoles dieron 116. El efecto en el juego ofensivo de España fue tan notable como en la defensa, que se ordenó mejor atrás.

Inglaterra solo se estiró cuando Asensio entró por Aspas en el minuto 68. Entonces, España quedó en manos de su portero, que paró cinco de los seis tiros que le hicieron entre los tres palos.

La reacción de David de Gea fue un ejercicio de supervivencia. Venía de un Mundial en el que encajó 10 goles en 11 tiros. En Wembley le hicieron —Rashford— el gol 11 de la serie sucesiva con el disparo número 13. Fue un palo. Pero logró recuperarse con tres paradas eléctricas. “David nos ha salvado”, sentenció Marcos Alonso al salir del campo.

Luis Enrique, que anunció que el portero que jugase en Wembley sería su apuesta definitiva, ensalzó a De Gea antes de subirse al autobús. “Ha hecho un gran partido”, dijo el técnico, con la voz ronca de tanto gritar a pie de campo. “Dudar de David me parece ridículo, independientemente de que todos los jugadores pasen por mejores y peores épocas”.

De Gea asentó el pilar de la nueva zaga. Para completar la operación, Luis Enrique hizo suyo un adagio extendido en la escuela de entrenadores: “Las mejores selecciones son las que se entrenan juntas todos los días”. Así, tres de los cuatro integrantes de la línea de cobertura resultaron madridistas. Puso a Carvajal por la derecha y eligió a Nacho como acompañante de Ramos a sabiendas de que el madrileño es el central con el que mejor se entiende el capitán. En la izquierda situó a Alonso, que debió completar un curso acelerado. “Al jugar juntos en el Madrid el míster ve que en la selección, para nosotros es un poquito más fácil porque ya nos conocemos”, reflexionó Nacho.

El 1-2 definitivo en Wembley fue lo de menos en una noche trascendental por las señales que lanzó Luis Enrique. Indicios de que las lecciones de 2008 siguen vigentes en 2018.