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Palabra de Messi

La condición de capitán obliga al argentino a exponerse públicamente como nunca sin variar sus códigos de conducta con el vestuario del Barça

Messi, en el duelo entre el Barcelona y el Alavés en el Camp Nou. Ampliar foto
Messi, en el duelo entre el Barcelona y el Alavés en el Camp Nou. AP

“¿Quieres comunicarte con Leo?, Mándale un WhatsApp”. Si Messi anda con la pelota pegada a su bota izquierda en el campo, fuera del césped tiene un imán en su mano derecha con el móvil (el rosarino, como Maradona, es zurdo de pie y diestro de mano). La timidez crónica del 10 se apaga en el mundo virtual. “Es más expresivo y divertido en los chats que en el cara a cara”, aseguran en el vestuario del Barça. “No sé con quién se escribía por el celular, quizás con Luis Suárez, porque estaba todo el día enganchado”, bromeaban en la selección argentina. También vía mensaje de texto le planteaba sus inquietudes a Guardiola, cuando el técnico del City mandaba en el Camp Nou y el 10 estaba alterado con la omnipresencia de Ibrahimovic. Valiente y elocuente en el campo, parco e inexpresivo fuera, la campaña 2018-2019 vislumbra nuevos objetivos para Messi. Tiene el viejo deseo de recuperar la orejona para el Barça y también liderar el plantel que ahora entrena Valverde.

“Antes estaba Andrés y ahora hay otros jugadores que tienen que asumir un rol determinado”, entiende el técnico. “Pero”, añade el Txingurri, “en el caso de Leo, la cinta no le hace más o menos capitán”. En opinión del entrenador: “Siempre ha sido líder, es algo que no ha cambiado excesivamente. A Leo, a Busquets o a Piqué, no les afecta porque hace tiempo que están asumiendo esas funciones. Y ahora se suma Sergi Roberto. Es algo cíclico. En el caso de Leo, ha sido una cosa natural”.

El brazalete, en cualquier caso, no es una novedad para el rosarino. En 2011, Alejandro Sabella le dio la capitanía de la selección argentina y un año antes, en Sudáfrica, Maradona le había dado ocasionalmente la cinta al 10. “Lo vi nervioso una vez. Fue porque tenía que dar un discurso a sus compañeros antes del partido ante Grecia”, explicaba Juan Sebastián Verón, su compañero de habitación en el Mundial 2010. Entonces, Messi tenía 23 años.

Hoy, a sus 31, La Pulga ya no tiene problemas para dirigirse al grupo. Arengó a sus muchachos tras la debacle ante España. “Levanten la cabeza, esto lo sacamos todos juntos”, les pidió en el vestuario del Wanda después de que la selección de Lopetegui le estampara el 6-1. En la concentración previa de la Albiceleste en Barcelona, lideró al grupo ante la AFA en la negativa de viajar a Israel y ya en Rusia se encargaba de ordenar a sus compañeros antes de cada duelo. “Insistía en que estuvieran tranquilos y ordenados”, explican desde el cuerpo técnico de Sampaoli. “En ese sentido, sí. Leo en los entretiempos o en la previa, siempre te da alguna indicación de cómo te tienes que mover en el campo”, cuentan desde el Barça. Y vuelven desde Argentina: “De fútbol, Lio entiende mucho, sabe un rato”.

Bajo el foco

El liderazgo de Messi, en cualquier caso, siempre ha estado bajo el foco. “Es un buen pibe, pero no es un líder”, dice Maradona. “Tiene la personalidad para pedir la pelota siempre en cualquier parte del campo y en cualquier partido. No se achica nunca. Eso también es tener personalidad”, analiza Caniggia. “No avasalla como Diego, pero sin levantar la voz impone su respeto dentro del grupo”, remata Verón. Messi entiende el poder de mandar sobre el grupo a su manera. No está encima del colectivo, tampoco se preocupa por predicar con el ejemplo. La autoridad se la gana en el campo. “No es de esos capitanes que habla con sus compañeros durante la semana, como era Xavi, para saber cómo están o qué piensan”, explican desde el Barça. “Esa función, en Argentina, la delegaba a Mascherano. Tampoco es el primero en salir a entrenarse”, cuentan desde la AFA.

Messi se fue temporalmente de la Albiceleste como llegó: en silencio. También volvió al Barça como si nunca hubiese mordido el barro en Rusia. El 10 reapareció en LaLiga y se adueñó del juego y del gol, siempre listo para salir al rescate de sus compañeros cuando los partidos escuecen en el Camp Nou. La temporada trajo sin embargo un 10 inédito: el orador. “Leo no deja de sorprendente”, subraya Valverde, tras el gran partido del rosarino ante el Alavés. “Nos sorprendió su discurso en el Gamper, estuvo muy bien”, celebran en el vestuario. Ya se reinventó mil veces como futbolista. Ahora le llega el tiempo de hacerlo como capitán, liberado de Argentina y sin Cristiano en LaLiga, asunto que remite más a su cuestión emocional que futbolística. ¿Qué piensa Leo? La respuesta está en el WhatsApp.

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