La Fórmula 1 pierde a su antihéroe

El adiós de Alonso es un golpe para un Mundial que no pasa por su mejor momento y para McLaren, un equipo sumido en la depresión

Alonso tiene un percance en los ensayos de pretemporada celebrados en marzo en Montmeló. / En vídeo, Fernando Alonso se despide de la Fórmula 1.Vídeo: NURPHOTO (GETTY IMAGES)

 Superado el primer impacto que supuso la confirmación del adiós de Fernando Alonso a la Fórmula 1, llega la hora de ampliar el campo de visión y tratar de hacer balance de las consecuencias que tendrá su decisión. No serán pocas para el campeonato, que había encontrado en el ovetense el actor perfecto para desarrollar el papel de antihéroe y que, además, no atraviesa su mejor momento en términos de popularidad. Pero quien más perderá irremediablemente será McLaren, metido como está en la etapa más tenebrosa de su historia. Echando un ojo a las estadísticas de las últimas cuatro temporadas, nadie diría que el equipo británico posee el segundo mejor palmarés del certamen, solo por detrás de Ferrari. La caída libre que dibuja su trayectoria desde la incorporación de los motores Honda en 2015 no se detuvo este curso con la llegada de las unidades de potencia Renault, circunstancia que perfectamente pudo impulsar a Alonso a tomar la decisión anunciada este martes. “Sé feliz y disfruta de tus próximos retos. Para mí has sido uno de los mejores del planeta”, le piropeó Felipe Massa, su compañero en Ferrari (2010-2013) y uno de los innumerables pilotos que quisieron reconocerle.

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El asturiano quiso dejar claro en el comunicado mandado a los medios de comunicación que los gerentes de la F1 hicieron todo lo que pudieron para hacerle cambiar de opinión y que por ello les daba las gracias. No es extraño que así fuera, dado que el español es, tras Lewis Hamilton, el miembro más popular y reconocido internacionalmente según la mayoría de estudios realizados. Eso, a pesar de los pobres resultados deportivos cosechados en su segunda etapa en McLaren. Su regreso a la estructura de Woking (2015) se hizo coincidir con el renacimiento de la alianza con Honda en lo que, teóricamente, debía ser aquello que se conoce como una estrategia win-win, en la que todas las partes salen ganando. Sin embargo, la cosa salió al revés, y cinco años después de aquella campaña Alonso ya no disputará grandes premios en 2019 y la escudería estará más pendiente de sobrevivir que de ganar después de haber perdido a su mayor reclamo.

En la F1 no hay milagros, y por más que haya distintas ecuaciones que puedan llevar al éxito, el reglamento actual hace imposible lograrlo sin un presupuesto considerable. La fuga de talento en el departamento técnico de McLaren es una constante que se ha ido repitiendo en los últimos años, en los que la formación se ha ido reestructurando para simplificar su operatividad y reducir costes. Romper con Honda como suministrador de propulsores a finales de 2017 supuso tener que pasar a pagarle a Renault más de 100 millones de euros anuales. Por si eso fuera poco, los ingenieros equivocaron el tiro en el diseño del MCL33 y eso todavía dejó más a la superficie los costurones de la compañía. Sus 230 millones de presupuesto no permiten competir en ningún ámbito con 450 millones que destinan Mercedes y Ferrari a sus divisiones de F1, pero lo más preocupante es que otros equipos con menor poder económico, como Force India o Haas, estén por encima en la estadística reservada a los constructores.

Si han sido las decisiones que ha ido tomando McLaren las que han terminado por colocarla en una situación tan extremadamente delicada, es de ley concluir que el destino de Alonso también ha sido consecuencia de sus propias decisiones. La mayoría de fuentes calificadas del paddock consideran que es una auténtica lástima que alguien con su talento solo acumule dos títulos mundiales, con Renault (2005 y 2006). Que la F1 y McLaren pierden con su marcha es tan cierto como que el corredor no encontró una alternativa que le ofreciera la posibilidad de volver a pelear por circular en el grupo delantero, paso previo imprescindible antes de pensar en ganar carreras. Sebastian Vettel es el estilete de Ferrari en la misma medida que Mercedes se articula alrededor de Hamilton y Red Bull venera a su rebelde Mad Max Verstappen. La llegada de Daniel Ricciardo a Renault no fue más que el cerrojazo al último de los asientos que teóricamente están o estarán en condiciones de optar a luchar por objetivos relevantes que vayan más allá de la supervivencia. En ese sentido, está claro que Alonso estaba muy por encima de eso.

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