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Carolina Marín: un regreso eterno

Carolina Marín se convierte en la primera jugadora que gana tres Mundiales de Bádminton.

La española se recupera tras un año complicado, marcado por la inseguridad

FOTO: Carolina Marín celebra un punto en la final del Campeonato del Mundo de bádminton de 2018. / VÍDEO: Mensaje de Marín tras ganar la final.

Hubo un tiempo, no hace mucho, que Carolina Marín no sonreía. Ni gritaba sobre la pista. En sus vitrinas ya lucían el oro olímpico, dos Mundiales y dos Europeos. Pero los resultados no llegaban. Fue por allá a finales de 2016, quizás a principios de 2017, cuando el equipo técnico advirtió que existía algún motivo que desequilibraba el ecosistema ganador de la onubense. “Tuvo la lesión de tobillo y algunos aspectos que afectaron a su juego”, explican desde su entorno. Los resultados, brillantes desde su explosión en 2014, no lucían. Y a Marín le entraron las dudas, el miedo a perder.

El equipo técnico propuso caminar sobre sus pasos y rehacer el escenario que la había convertido en una de las mejores jugadores del circuito. “Se modificaron elementos tácticos y logísticos”, añaden. Y un año después, en el Mundial de Nankín (China), Carolina Marín se transformó en leyenda. En eterna. Su aplastante victoria ayer en la final contra la india Pusarla Sindhu (21-19 y 21-10) la convierte en la única jugadora con tres Mundiales. El mundo, en los ojos de Marín, ya se observa desde las alturas. La jugadora, icono nacional del bádminton, refleja el gran nivel del deporte femenino en España.

El primer título mundial de Marín llegó en 2014, cuando aún tenía 21 años. Solo su equipo y su núcleo íntimo confiaban en una proeza así. Su meteórica evolución y sus incontables éxitos —también acumula cuatro Europeos— ya no extrañaron a los entendidos, que alabaron su juego rápido, ágil y agresivo, casi contracultural. Pero su interrupción de 2017, hizo saltar algunas alarmas. Marín pasó de liderar el ranking mundial en junio de 2015, tras ganar su segundo Mundial, a caer a la cuarta plaza en marzo de 2017 y hasta la octava antes de disputar este campeonato del mundo. Hacía cuatro años que su posición no era tan baja.

Desde el equipo, sin embargo, no se dudó del método de entrenamientos, del plan a seguir. Su bádminton ofensivo y alegre, no se cuestionaba. ¿Dónde estaba el problema entonces? Los técnicos analizaron uno por uno los posibles motivos del bajón. Se decidió, de acuerdo con la jugadora, que regresara a la residencia Blume tras abandonarla en septiembre de 2016 para facilitar su día a día. “Que tenga que ir a entrenar y volver, nada más”, justifican sus conocidos. También se liberó a Marín de la gestión y organización de sus propios viajes de competición, que llegó a contratar por ella misma. La intención era que la onubense se dedicara exclusivamente a sus tareas deportivas. A volver a ser la mejor. “Sabíamos que no se le había olvidado jugar”, asegura Ernesto García, uno de sus asistentes, “pero en los grandes torneos, donde ella siempre se crecía, le entraban algunas dudas”.

Imperio asiático

Los cambios también afectaron la táctica. A Marín se la considera físicamente superior a sus rivales y los técnicos quisieron aprovecharlo: “Que el ritmo de los partidos sea alto, intenso”, concluyeron. Desde hace un tiempo, Marín acorta los parones entre punto y punto para impedir que sus rivales descansen. Cuando pone el volante en juego lo hace antes de lo habitual, con un moderado apremio para que el partido no pierda cadencia y cansar más a sus adversarios. “Eso se notó en las semifinales, fue una de las claves”, señala García. La china He Bingjiao fue la única que le venció el primer set tras una exhibición de solidez y recursos técnicos. “A partir del segundo set ya fue a menos”, apunta el técnico. En el tercero y definitivo (21-13), simplemente se deshizo.

A Marín, siempre impulsiva, le reforzaron además la idea de no precipitarse. “Las chinas la dejan jugar, son más reactivas y proponen menos”, analiza García. En el intercambio de golpes, con defensas efectivas, la onubense podía caer en el error no forzado por su tendencia ofensiva. “No hay prisa en conseguir los puntos, y cuando el volante va y viene, el partido se alarga. Doble beneficio”. La aplicación de los cambios en el Mundial recuperó la mejor versión de Marín. “Ha recuperado su determinación. Parecía clarísimo que quería ganar. Y cuando lo dice, lo suele conseguir”, añade García.

“Ha sido una semana increíble”, admite Marín, “estoy supercontenta por ganar enfrente del imperio asiático”. El imperio asiático no es un modo de reflejar la histórica tradición de países como China, Japón Tailandia o la India. Es una realidad. 22 de las 25 mejores jugadoras son asiáticas, y hasta la irrupción de Marín, solo dos danesas habían podido romper el monopolio de los países del Este en los campeonatos del mundo. El triple triunfo de Marín se percibe en China como un fenómeno inexplicable. El gigante asiático alberga a más de 100 millones de practicantes de bádminton. En España, se contabilizan unas 8.000 licencias. Y casualidad o no, la federación china contrató hace un mes a un preparador físico español con la idea de recuperar la hegemonía internacional.

“No sé si se dice lo suficiente, pero lo que ha conseguido Carolina para estar con las mejores, es increíble”, concluye García.

Marín deja atrás un año complicado. Buscó soluciones en la derrota y vuelve como una leyenda. Su regreso ya es eterno.

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