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Grito para una cita histórica

Carolina Marín aspira hoy a su tercer Mundial de Bádminton, una gesta inédita

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Carolina Marín golpea el volante desde el suelo durante su semifinal ante la china He Beingjao.

Cuando Carolina Marín chilla, las cosas van bien. No hay mejor indicador de los resultados de la jugadora (Huelva, 25 años) que sus gritos durante los partidos. Cada vez que el marcador suma un punto a su favor, suelta su pasión por la boca y sigue moviéndose, ya sea con un puñetazo al aire o con un par de pequeños saltos a ninguna parte, como si así gestionara mejor la tensión. “Es una característica mía, demuestra lo competitiva que soy”, admite cuando le preguntan al respecto, “a veces es una estrategia para demostrarle a mi rival que voy a por todas”. El grito victorioso de Marín volvió a escucharse tras ganar a He Bingjiao, promesa china de 21 años, en las semifinales (13-21, 21-16 y 21-13) y alcanzar la final del Mundial de Nenkín (China) contra Pusarla Sindhu (9.00, Teledeporte).

El posible premio, sin embargo, sobrepasa la etiqueta de campeona del mundo. La onubense aspira a convertirse en leyenda: nadie ha conseguido sumar tres Mundiales en el bádminton femenino. “¿Por qué no soñar con hacer historia? ¡Solo queda un paso más!”, se preguntaba ayer Marín en Twitter. La onubense ya venció los torneos de 2014 y 2015. “Estoy muy contenta”, añadió tras el acceso a la final.

A Marín se le atribuye un espíritu ganador indomable. “No me gusta ni perder al parchís con mi abuela”, cuenta, más de 15 años después de coger su primera raqueta casi por casualidad, cuando acompañó a una amiga suya a jugar a un pabellón al lado de su casa. “Me enganchó por lo raro que era”, explica en un reportaje de Movistar. La Federación la captó y fue a vivir a Madrid, en el CAR, pese a sus apenados padres, que dejaban lejos a su hija única. Gonzalo, su progenitor, se pasó llorando el camino de vuelta a casa. Las lágrimas también fueron una válvula de escape para Carolina cuando los resultados, los gritos, no salían: “Me encerraba en la habitación y no hablaba con nadie. Me ponía a llorar o lo que sea”.

La experiencia, los títulos, la preparación mental, han convertido a Marín en una jugadora más madura, capaz de relativizar los resultados adversos. Importa el aquí y el ahora. “Trabajamos el control emocional”, cuenta Fernando Rivas, su entrenador desde los 14 años. A Rivas, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, y con formación en varios países europeos, se le conoce por su metodología y organización estratégica. Para él todo tiene un sentido: el trabajo físico, el técnico y, sobre todo, el mental. “La preparación mental es un factor que multiplica las posibilidades de éxito”, asegura el técnico.

En las semifinales, Marín volvió a demostrar su espíritu rebelde. El encuentro contra He Bingjiao fue un espectacular. Pura pasión. La china parecía un muro. O un pulpo, porque llegaba a todos los rincones de la pista y todo lo devolvía. Marín estaba muda. “Olvídate del marcador. Sigue con el plan de partido”, le recordó Rivas. Y Marín se rebeló. Modificó su juego, llegaron los puntos y los gritos. “He jugado contra He Bingjiao, contra el público, y contra China”, resumió la española. La historia ya la espera. 

Por la noche revisó con Rivas el partido de su rival, como siempre en la víspera de cada encuentro. Rivas le propone acciones de partido y Marín debe encontrar la solución correcta. Si es necesario, mueven los muebles de la habitación para golpear de forma improvisada un volante y visualizar escenarios probables de la competición. En el hotel juega en silencio. En la pista, no guarda nada, ni la voz. Y casi siempre gana.

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