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Willian, el atleta al servicio del poeta

El volante del Chelsea sintetiza el papel auxiliar de la plantilla de Brasil en un modelo hecho para que brillen Neymar y Coutinho

Willian, en el partido contra México.
Willian, en el partido contra México. AFP

“¡Pai!”, grita el niño, al ver la figura majestuosa del jefe. El aliento caliente del Mar Negro sube por las hondonadas cubiertas de hayas orientales y magnolios y los hijos de Thiago Silva, capitán de Brasil, corren a encontrarse con el patriarca. El ritual se repite con cada entrenamiento del equipo nacional más laureado de siempre, cada vez que los jugadores y sus familiares salen del hotel. Ambos grupos forman romerías paralelas hasta el campo de prácticas, situado en un valle de Sochi, donde el Cáucaso y el mar se juntan en un paisaje subtropical que los futbolistas asocian con los morros de Río.

Brasil comenzó el Mundial con un inquietante empate frente a Suiza (1-1) en Rostov, capital de los cosacos. Desde entonces, el equipo se ha ido reforzando en el clima familiar del balneario ruso por excelencia. Allí, como en el campo, la comunidad gira alrededor de Neymar Júnior y Phil Coutinho, la pareja de los amigos poetas. Como si se tratase de un clan, los demás se pponen a su servicio, cada uno con su función. Thiago, como en el PSG, oficia de padre protector. Se ocupa de sus hijos y también se ocupa de que la figura y su amigo del alma gocen de las mayores comodidades posibles dentro del campo. Esto depende de que los demás corran unos kilómetros más para compensar.

Los laterales, el punta, y los interiores hacen esfuerzos dobles. Willian Borges, el volante del Chelsea, auxilia al mediocentro en la cobertura del flanco derecho y ataca como un extremo cuando el equipo recupera la pelota. “Nuestra idea de juego es esa”, dice. “Ser fuertes en el marcaje y con el balón crear espacios para atacar”.

Brasil se medirá en los cuartos a Bélgica este viernes. El equipo es el paradigma del Mundial de Rusia. Ha dejado de ser una selección deslumbrante cuando ataca pero eleva su nivel competitivo gracias a la simplificación. Las elaboraciones son sencillas y el orden defensivo es claro. El entrenador —el alabado Tite— lo ha dispuesto así con su poder de persuasión y un diseño táctico de zorro viejo. Cuanto más en forma se pone Neymar —que todavía recupera su punto dulce después de la fractura que sufrió en febrero del quinto metatarso— mejor funciona la maquinaria construida a su alrededor.

Rivaldo, Juninho, Ronaldo y Ronaldinho, la última delantera que conquistó un Mundial con la camiseta amarilla, en 2002, se impusieron por el peso del desequilibrio que genera la creatividad encadenada. Esta selección dirige todos sus esfuerzos hacia el ingenio de Neymar.

“Sabemos la calidad que tiene Neymar”, dice Willian, autor de la asistencia al ídolo que abrió el marcador 1-0 ante México; “él está mejorando cada partido. Esperemos que continúe así. Es un jugador importante, de gran calidad, que puede decidir el partido en cualquier momento”.

Tite pone a Willian por la derecha para que actúe de extremo a pierna natural y cubra campo cuando repliega. El hombre posee un físico privilegiado. Es elástico, resistente y potente a la vez. Lo emplea para ganarse un sitio en el primer aspirante al título. Está corriendo más que en toda su vida porque le aprietan por detrás. Compite con Douglas Costa, el extremo zurdo de la Juve, que está en un estado de forma excepcional y espera turno en el banquillo.

En el modelo brasileño hasta el punta corre para Neymar y Coutinho. El movedizo Gabriel Jesús no es un nueve de referencia sino un delantero que jamás interrumpe su ciclo de movimientos. Sea para defender o para generar espacios. No ha marcado goles en Rusia, pero está dando una lección en lo que respecta al oficio de enredar a las defensas contrarias para provecho de sus colegas. “La gente que critica a Gabriel”, dice Willian, “no se da cuenta de lo que trabaja para el equipo en el mediocampo, cómo ayuda en los marcajes y en molestar a los centrales rivales cuando salen, cuánto ayuda robando pelota a los volantes y a los laterales contrarios”.

Willian es un tipo serio. Desde pequeño ha sido un devoto de la clase de vida austera y un poco monótona que conduce al profesionalismo en el fútbol. En 2016 sufrió una crisis. Falleció su madre de cáncer y él no pudo evitar que afectara a su carrera. Perdió cinco kilos de peso y desapareció de las alineaciones con frecuencia. Camino de Rusia ha recuperado su mejor versión.

"Me siento más maduro", dice, "más experto que en la Copa pasada. No solo yo. Toda la selección. El equipo es más consistente. A veces por las circunstancias del partido el juego no aparece; entonces lo importante es tener esa confianza”.

Gabriel Jesús, Willian, Casemiro, Paulinho, Fernandinho, Fagner, Marcelo, y Filipe Luis, componen el batallón de la logística en un Brasil menos sorprendente pero muy eficaz. Son atletas al servicio de los definidores.

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