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Messi encuentra la paz

Desde Brasil 2014, el capitán de Argentina, que debuta contra Islandia, cambió sus hábitos de alimentación y, sobre todo, la forma en que asume la responsabilidad

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Messi, en el entrenamiento de Argentina. AP

En una cara, el todo; en la otra, la nada. La vida de Lionel Messi (Rosario, 30 años) en la selección argentina es una moneda al aire. La Pulga salta de final en final, de frustración en frustración, cada vez que pasa por un campeonato con la Albiceleste. Siempre hay un verdugo, se llame Arturo Vidal —Chile le birló las últimas dos Copas América, en 2015 y 2016— o Mario Götze, azote de Argentina en 2014. Cuenta el 10 del Barcelona que no volvió a ver el agónico gol del alemán en Maracaná. El problema, por supuesto, es que nunca lo olvidó. Tampoco, cómo había llegado al Mundial de Brasil. Messi se prometió que si el fútbol le daba revancha ya nada sería igual. Al menos, para él.

“Leo llegó muy tieso al Mundial de Brasil”, asegura uno de los pesos pesados del Barcelona. En la campaña 2013-2014, en el Barça mandaba el Tata Martino. Un año en blanco para las vitrinas azulgrana, duro para Messi, que pasó en tres ocasiones por la enfermería consecuencia de lesiones musculares. “En la final, tuvo una carrera con Hummels por la banda derecha, en la que si hubiese estado fino le sacaba 10 metros”, recuerdan desde el vestuario de la Albiceleste. Entonces, ya nada volvió a ser igual. Lo primero, arreglar la alimentación, pasó por el despacho del nutricionista italiano Giuliano Poser. “He comido mal durante muchos años. Con 22 o 23 años, uno no siente nada. Comía de todo: alfajores, gaseosas, chocolates. Ahora, como pescado, verdura, ensalada. He notado mucho el cambio”, expresó. Y, además, le puso un bozal a su ambición. “Ya estoy más grande, entendí que no puedo jugar siempre”, afirma el 10, sorprendentemente suplente cuando la exigencia no era máxima para los azulgrana.

Recuerdos agrios

Nueva dieta, más paciencia, diferente rutina. “No molestar, héroes descansando”, reza el cartel en la puerta de la habitación que comparten el Kun Agüero y Messi en Bronnitsy, donde se concentra Argentina, a 60 kilometros de Moscú. Cerca de las 8.30 se mueve el portillo. Desayuno y al gimnasio. Media hora de trabajo muscular —con cargas livianas— antes de saltar al césped para continuar bajo las órdenes de Jorge Desio (preparador físico) y Jorge Sampaoli. “El cuerpo técnico respeta el trabajo individual que cada jugador quiere hacer”, explican desde el seno de la Albiceleste, confiados antes del estreno hoy ante Islandia (15.00, Cuatro).

Los Mundiales resultan un caramelo agrio para Messi. Las estadísticas dicen que va a sumar su cuarta Copa, después de pasar por Alemania, Sudáfrica y Brasil. Sin embargo, era apenas un pipiolo cuando miraba desde el banquillo cómo la Mannschaft lo borraba (por primera vez) de un Mundial. En 2006, jugó tres partidos, marcó un gol (Serbia). A 2010, en cambio, ya había llegado con un Balón de Oro. El problema es que Maradona nunca supo construir un equipo que cayó en cuartos frente Alemania. En Sudáfrica, se quedó en silencio. Y en Brasil llevó a Argentina a la final: cuatro dianas en siete encuentros. Sus números: cinco goles en 15 partidos. Un promedio de 0,33; su promedio aumenta si se tienen en cuenta todos sus duelos con la Albiceleste: 0,51. Lejos, en cualquier caso, del 0,86 que ostenta con la camiseta azulgrana.

Más tranquilo

“Argentina divide mucho la posesión del balón. Para explotar a Messi hay que abastecerlo de juego constantemente. Juega muy solo”, opina Ricardo Bochini, campeón con Argentina en 1986. No es que Messi en Argentina toque menos el balón que con el Barça, de hecho, participa más, 72,2 por 71,1 veces. Sin embargo, su media de disparos disminuye: 20,78 respecto de los 9,26. “El problema es dónde recibe la pelota, si tiene que bajar hasta el área de Argentina es imposible que la lleve hasta la otra punta”, remata Bochini. La comparación con Maradona es inevitable. “Bilardo se dio cuenta de que teniendo a Maradona tenía que armar un equipo fuerte y equilibrado para aprovechar al número uno”, afirma el Vasco Olarticochea, otro que jugó en México. Y remata Pumpido: “Hay que tener en cuenta una cosa, nosotros trabajamos tres años para llegar al Mundial. Hoy la selección no tiene ni un año con Sampaoli”.

El técnico de la Albiceleste se exprime para aprovechar todo el potencial del 10 del Barcelona. “Debemos entender a la perfección qué es lo que Messi necesita. Y él, también, debe saber lo que necesitan sus compañeros”, asegura el expreparador del Sevilla. Cuentan desde el cuerpo técnico que Sampaoli está muy confiado. Y hay una respuesta a su tranquilidad. “Messi está muy bien”, subraya el entrenador de la Albiceleste.

Hubo un antes y un después para Messi, tras la última final perdida en la Copa América de 2016. Messi, en Estados Unidos, había renunciado a la selección. “Cuando veía los partidos por la televisión me moría de ganas de estar con mis compañeros”. Volvió, pero volvió diferente. De cuestionado a incuestionable, la afición se volcó a arropar al 10. “Lo vi en el proceso antes de Brasil 2014 y lo estoy viendo ahora. Está completamente diferente. Antes estaba tenso, ansioso. Ahora está tranquilo. Y eso, no solamente es clave para él sino también para todo el grupo. Él no habla mucho, entonces cuando se lo ve bien, todos estamos bien”, aseguran desde la selección argentina.

De Brasil 2014 a Rusia 2018, la moneda vuelve a estar en el aire para Messi en Rusia. Hay algo que ya ganó con Argentina: la paz.

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