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El Sinfín de Santander asciende a la Liga Asobal tras superar al Nava

El portero de los cántabros, exmeta del equipo segoviano, vital en la victoria (24-25)

Los jugadores del Sinfín celebran el ascenso.
Los jugadores del Sinfín celebran el ascenso.

Nava no rompió un techo de cristal inimaginable en el deporte español. No hay poblaciones tan minúsculas en ninguna primera categoría nacional de fútbol, baloncesto, fútbol sala, rugby, hockey, waterpolo… Y tampoco en balonmano. El Sinfín de Santander hizo valer este domingo su experiencia y triunfó en tierra hostil, en un pabellón Pedro Delgado de Segovia lleno hasta la bandera. No se dejaron intimidar, gracias a un partido extraordinario de su portero, Samuel Ibáñez, que triunfó ante sus compañeros del pasado curso. “La verdad es que estaba muy nervioso. Tengo que reconocer que cuando jugaba en Nava no me salieron las cosas, tenía una espinita clavada y quería por lo menos estar a la altura del partido”, explicó media hora después de la final en un ambiente aún eléctrico.

Al Nava se le atragantó el arranque. El cuadro cántabro anotó los cinco primeros goles del partido; cuando el capitán Carlos Villagrán abrió la cuenta segoviana ya habían transcurrido 11 minutos. Samuel, “hipermotivado” en palabras del técnico de Nava, Dani Gordo, no se dejó intimidar por una caldera que ya conocía y cuajó una actuación brillante. Paró los dos primeros lanzamientos de siete metros y por momentos pareció intratable. La habilidad del extremo Alberto Pla encontró grietas en la férrea defensa 6:0 segoviana y Sinfín se adueñó del marcador que ninguna estuvo en su contra.

Le costó encontrar soluciones al cuadro segoviano, que gastó su tiempo muerto a los seis minutos de juego. Fue el núcleo del pueblo el que limitó daños, con la ayuda de algún poste propicio, pero Agus Casado, su estrella en la semifinal con 13 goles, no logró siquiera anotar al descanso (8-10). El cuerpo técnico del Sinfín hizo su trabajo y sus jugadores interpretaron antes el baremo arbitral. Bajaron el tempo a cada ocasión y aceptaron el pulso anímico celebrando cada acción positiva como un título.

El Nava salió más suelto del vestuario y logró empatar el encuentro con la fiabilidad de Tello desde siete metros, que asumió la responsabilidad de Casado, que tuvo que abrir su cuenta con un tiro desde su propio campo. Flor de un día porque el síntoma seguía ahí. La defensa navera ni aguantaba los pausados ataques rivales ni lograba cortar su ritmo. Ernesto Sánchez no lograba imponerse bajo palos tras los problemas físicos de su portero fetiche, Yeray Lamariano. Salió a pista con su equipo 14-15 abajo pero su presencia se quedó en el símbolo. “Está roto, la idea era que no participara porque Ernesto lo hizo muy bien hace tres semanas contra este equipo, pero nuestra portería no ha estado como otros días”, reconoció el entrenador.

Sinfín enganchó entonces un parcial de 6-0 que resultó determinante. Nava tenía un Everest ante sí viéndose seis abajo a falta de ocho minutos del final. Quizás liberados de la presión de verse con todo perdido, el cuadro segoviano lanzó sus huestes y amagó la hazaña. Llegaron los robos que tanto necesitaban y volvieron al choque con un parcial de 4-0. Se acercaron a un tanto y tuvieron un contragolpe franco para encender la llama, pero Samuel firmó la sentencia de sus excompañeros parando esa transición clave y un lanzamiento de siete metros a 50 segundos del final, la última bocanada. Nava se quedó a las puertas.

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