

Lucas y Asensio, la pareja de moda
El gallego y el mallorquín vuelven a hacer de las suyas y fabrican la jugada del gol de la victoria


La chispa del Madrid tiene nombres y apellidos: Lucas Vázquez y Marco Asensio. El miércoles por la noche volvieron a hacer de las suyas en el Allianz Arena. Se sacaron de la chistera la jugada del 1-2 en el minuto 56. Asensio llevaba once minutos en la cancha. Se hizo con un balón que le regaló Rafinha, y se lo pasó rápidamente a Lucas, que miró de nuevo a su compinche favorito, que ya había enfilado la portería. Le pasó la pelota y el mallorquín, sin ponerse nervioso, la picó por abajo para superar a Ulreich. Asensio tiene 22 años, mezcla vértigo y pausa como si tuviera diez más. Cuando agarra el balón parece que tiene un imán en la bota. Si antes era su desparpajo el que asombraba, ahora lo es su tranquilidad. En esta Champions no había marcado todavía.
“He visto a Lucas que se adelantaba, ha aguantado bien, se la he pasado, me la ha devuelto y lo he visto claro desde el principio”, dijo Asensio. “Define como un crack”, le piropeó Lucas. Son la pareja de moda del Madrid. “Marco sabe lo que tiene que hacer con el balón y no hace falta que le diga nada en ese sentido, tiene verticalidad y una pegada impresionante... Antes de que saltara al campo sólo le comenté un par de cosas para el trabajo defensivo”, explicó Zidane.
El último tanto europeo de Asensio fue en la final de Cardiff contra la Juventus. Ya sabía, sin embargo, lo que es marcarle al Bayern. Lo hizo en la prórroga en el Bernabéu en la vuelta de los cuartos la pasada temporada. Este miércoles fue Sergio Ramos el primero que llegó para darle un abrazo y un pequeño golpe con el pecho. Se sumó rápidamente Lucas, que terminó el partido de lateral derecho por la lesión de Carvajal. Está en un estado de forma tal que da igual dónde le pongan, no se cansa de correr. “Con la ayuda de mis compañeros es más fácil. Ribéry es un grandísimo jugador, tiene 35 años y parece que tiene 25. Intenté estar intenso y ayudar al equipo”, explicó Lucas.
Lucas y Asensio ya habían tomado París a principios de marzo en el partido ante el PSG. Titulares inesperados esa noche, fabricaron la jugada del primer gol de Cristiano. Se habían ganado la titularidad a pulso en la ida, cuando entraron en el último cuarto de hora y revolucionaron el partido. Ayer saltaron al campo juntos cuando el equipo llegó al estadio. Pisaron el césped del Allianz en traje y zapatillas. Lucas con los cascos; Asensio, sin ellos. Fue la primera toma de contacto con el escenario del clásico europeo, el duelo más repetido en la Champions. El primer envite lo ganó el Madrid gracias, también a ellos dos.
El gallego empezó como titular; el mallorquín, que comenzó a calentar a los 20 minutos de partido, entró después del descanso en sustitución de Isco, con un problema en el hombro. Zidane sentó a Benzema y apostó por Lucas, un revulsivo que ha terminado por comerle la moral a Bale. Sin Isco y con Asensio, el Madrid tuvo más verticalidad y jugó con menos timidez. Contra la Juve, hace dos semanas, empezaron desde el banquillo y entraron en la segunda parte. Con ellos, el equipo empezó a tener más control del balón y a asomarse con más peligro a la portería de Buffon. Hace tiempo que han dejado de ser actores secundarios para convertirse en piezas muy importantes para Zidane. Ayer volvieron a demostrarlo.
Mismo piloto, mismo hotel
El Madrid repitió el mismo hotel que el año pasado en la ida de los cuartos y que en 2014, cuando el 0-4 en las semifinales de Champions les llevó a Lisboa y a la conquista de la Décima. En la víspera del partido, el martes, se eligió también al mismo protagonista que el año pasado para la comparecencia de prensa: Toni Kroos. El club quiso también que a Múnich les llevara el mismo piloto que el año pasado y que en 2014. Para cerrar el círculo supersticioso, Sergio Ramos eligió anoche en el sorteo de campo la misma portería desde donde arrancaron la primera parte el año pasado. El guion fue, casualidades o no, más o menos el mismo. Terminó con el mismo resultado, pero con protagonistas distintos.
Los blancos tenían controlado el partido, pero se adelantó el Bayern. Kimmich remató desde la derecha un gran pase de James. El Bayern, tras un disparo de Cristiano que se marchó fuera, sacó rápido de banda, Marcelo y Ramos se hicieron un lío y, en un visto no visto, los alemanes estaban por delante en el marcador. El guion supersticioso se lo saltó Marcelo antes del descanso. El lateral brasileño marcó el gol del empate —su tercer tanto en esta Champions— con un gran disparo pegado al palo. Su cabeza, además, desvió un centro de Ribéry pocos segundos antes de que el árbitro pitara el final de la primera parte. Lewandowski y Müller se quedaron con la miel en los labios. La terminaron por saborear Lucas y Asensio.
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