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BLOGS Por EDUARDO SALETE VELA

Cómo enamorarse de las ‘fatbikes’

Un descenso inolvidable por las pistas de la estación francesa de Le Mourtis

'Fatbike', en Le Mourtis, Francia. Ampliar foto
'Fatbike', en Le Mourtis, Francia. Balder

Llegue a la estación de Le Mourtis, en la región Haute-Garonne, en un viaje que comenzó en los Pirineos occidentales y terminaría en El Valle de Arán. Porque Le Mourtis tiene varios atractivos, y uno es que puedes tener la estación para ti solito y disfrutar de un descenso por sus pistas con una fabulosa fatbike. Ya había conducido una fatbike en Finlandia, donde son muy populares debido a que es la mejor bicicleta para tener estabilidad en nieve, pero nunca me había arrojado ladera abajo con una y mucho menos en pistas de esquí. No me lo pensé dos veces, me apunté a la actividad en cuanto conocí de su existencia mientras estaba en Luz-Ardiden ¡Descenso por las pistas en fatbike!

Seis de la tarde en la coqueta estación de Le Mourtis, justo en mitad entre el Mediterráneo y el Atlántico. El día había amanecido cubierto, pero a media tarde el sol había hecho acto de presencia. Todos los remontes estaban cerrados menos uno. Aunque este esperaba solo para una última subida a los cuatro ciclistas que nos dirigíamos a Tuc de Pan, el pináculo de la estación, con nuestras llamativas máquinas.

Le Mourtis se cierra a última hora para los descensos de 'fatbike'.
Le Mourtis se cierra a última hora para los descensos de 'fatbike'. Balder

Mi primera preocupación era tomar el telesilla con una bicicleta más voluminosa de lo normal. No hay dificultad alguna, se agarra el cuadro, se sube la bici a pulso te sientas con la bici sobre tu regazo y se baja la barra de protección. Cualquier novato, como yo, puede hacerlo. En la estación superior, el operario reduce la velocidad para que puedas bajar con seguridad. Así que uno de los principales desvelos estaba superado… después vendrían más. Nos encontrábamos en el punto más alto de la estación, ansiosos por empezar, escuchando las instrucciones del guía y con la leve incertidumbre de no saber cómo responderían los frenos ante una pendiente pronunciada, cubierta de nieve y fría.

Le Mourtis

Estación de Le Mourtis.
Estación de Le Mourtis. Balder

El secreto de Haute-Garonne

Enclavada a tan solo 30 minutos del Valle de Arán, Le Mourtis es una estación pequeñita y coqueta cuyas pistas serpentean entre bosques del Pirineo francés. Los pinares hacen que la experiencia de esquiar en Le Mourtis sea mucho más cálida que en otras estaciones donde la montaña carece de una piel forestal. Aparte del esquí y el snowboard, la estación ofrece la experiencia de descenso y rutas con fatbikes, rutas con raquetas por un entorno natural donde es fácil encontrarse ciervos y corzos, la vertiginosidad del airboard o el esquí nocturno. Le recomiendo dormir en el Hôtel chalet le Oursons, justo en la zona de esquí de los más pequeños. Destaca por sus habitaciones con vistas a la montaña muy confortables y un salón comedor donde la chimenea es el corazón del chalet. Y, para comer o tomarse una cerveza durante un descanso, Tuc de l’Etang, restaurante a pie de pista con una especialidad: la hamburguesa de vaca de la región de Haute-Garonne con un pan que hacen ellos mismos. Impresionante.

Iniciamos el descenso por la pista La Promenade, una pista azul que solo tiene un par de tramos conflictivos. Sorprendentemente las ruedas se agarraban muy bien al terreno con el menor toque de frenos, incluso en una pronunciada y estrecha pala, la bici respondía bien. Cuando la estabilidad y la frenada están garantizadas, la confianza y la diversión toman la iniciativa. Empezamos a soltarnos, sobre todo por las secciones más anchas de la pista, la presión sobre los frenos había bajado varios newtons. Las ruedas crujían sobre la nieve y la velocidad crecía paulatinamente. Giros, saltos y derrapes iban perfilando el descenso en una estación completamente vacía. Nunca antes había tenido toda una estación para mi solito…bueno, compartida con tres riders más, pero tampoco les prestaba mucha atención. Al final de algunas cuestas, cuando el suelo se nivelaba, echaba el cuerpo hacia delante, apretaba el freno derecho bloqueando la rueda trasera, y la bici se atravesaba en el camino sin dejar de evolucionar. La nieve saltaba y la pista siseaba bajo las gruesas cubiertas. Pura diversión, te sientes como un pro del descenso.

Nuestra ruta serpenteaba por la cara norte de la estación, adentrándose por un bosque de pinos durante 400 metros, donde solo se escuchaba el viento y las ruedas aplastando los cristales de nieve. Una sensación que solo se puede experimentar si se sale a la naturaleza y se atreve con una actividad como esta. Al final del bosque, La Promenade gira a la derecha, un toque del freno derecho, pie sobre la nieve como si fuese una tabla de esquí, la bici ligeramente tumbada y una trazada perfecta. Habíamos alcanzado la parte baja de la estación.

Eduardo Salete descendiendo las pistas de Le Mourtis en 'fatbike'. ampliar foto
Eduardo Salete descendiendo las pistas de Le Mourtis en 'fatbike'. Balder

Necesitábamos superar una explanada donde la pista l’Etang se cruzaba con nuestra ruta. Nada complicado, dejar correr la bici, tomar velocidad para superar un pequeño repecho y continuar a nuestro punto de partida. Pero no ocurrió así. De repente las ruedas no respondían ni a los frenos ni al manillar. La nieve, en este punto de la estación, había acusado los efectos del sol y estaba blanda. Era como intentar pilotar en mitad de un gran charco de aceite. No había más remedio que sacar los pies e intentar equilibrar una bici que ahora se comportaba como un caballo desbocado. Esto también formaba parte de la diversión.

Con la prudencia de un diplomático en un conflicto internacional, conseguimos conducir las bicis hasta el final de la estación. No quedaban ni cinco metros para salir de la pista a la carretera que baja hasta el club de ciclismo, cuando un niño de no más de ocho años me sonrió y levanto la mano para saludarle. Yo respondí a su saludo y justo la bici hizo su última cabriola. Derrape y caí en la nieve. El niño rió, yo también. Fue divertido, debí caerme más veces en la bajada.

Descender con una fatbike fue el broche de oro a un día perfecto de esquí. Regresé a mi alojamiento, un pequeño chalé en mitad de la estación, cansado, pero con una gran sonrisa, completamente enamorado de esos monstruos de ruedas orondas, y pensando que la próxima temporada tenía que organizar una ruta de fatbikes de un par de días... no sé, quizá por Escandinavia. Ya le contaré...

'Fatbike', la bicicleta del aventurero

'Fatbike'.
'Fatbike'. Balder

La primera vez que uno ve una fatbike se queda sorprendido y, por supuesto, quiere montarla. Es como ver uno de esos monstertruck con ruedas gigantescas que se utilizan en las “bestiales” competiciones que tanto gustan a los norteamericanos, ya sabe, donde se aplastan coches o se chocan entre los tuneados vehículos. Pero las fatbikes no se utilizan para luchar o aplastar otras bicicletas de montaña, tiene una función muy diferente.

Hay varias historias sobre su origen. Que si se diseñó en Nuevo México para cruzar el desierto, que si la primera fatbike se vio en el desierto del Sáhara, pero a mí me ha llamado la atención una foto en la edición inaugural de 1997 del ultra maratón Iditasportalaska, que es una competición de invierno donde se combina running, esquí y el mountainbike durante más de 200 millas por rutas de trineo de perros. En la foto se ve a un participante, que debió sufrir mucho pedaleando por la nieve, y se presentó con una bicicleta de montaña modificada con tres ruedas en la parte trasera y tres ruedas en la horquilla delantera. Supongo que el paso lógico fue ahorrarse cuatro ruedas y pasar del sextaciclo a una bicicleta de MTB , pero con llantas y cubiertas el triple de anchas.

Básicamente, eso es una fatbike, una mountainbike con llantas de entre 64 y 130 mm e infladas a baja presión, para que tengan muy buena tracción. Un modelo excelente para aventurarse por sitios donde el terreno no es muy firme, como nieve, arena, barrizales, pedregales y caminos o no-caminos llenos de todo tipo de obstáculos. De momento, son las primeras bicicletas que se han usado para hacer una travesía por el Polo Sur en solitario, como la que realizó Juan Menéndez Granados en 2013.

Claro que tampoco necesita irse al Polo Sur para disfrutar de una. Basta con que donde usted viva el entorno le pida una fatbike (nieve o playas kilométricas). Son muy seguras y rebasan casi sin esfuerzo terrenos técnicos para otras bicis, eso sí, pesan bastante más y sobre asfalto son lentas. Mi consejo es que adquiera una eléctrica, sobre todo para subidas… en Finlandia yo era el rey con una efatbike.

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